sábado, mayo 24, 2008

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Queridos amigos: Paz y Bien.
Seguimos con nuestra reflexión sobre LOS ATENTADOS CONTRA LA PERSONA HUMANA.
Fuente: LA MARAVILLA DE SER HIJO DE DIOS.
Autor: Padre Ángel Peña Benito, misionero agustino
recoleto, con sede en Lima (Perú)
Tema: EL MACHISMO (final)

Por eso, hay que recalcar que ambos, hombre y mujer, como seres humanos partícipes de la misma naturaleza, tienen los mismos derechos y la misma dignidad, aunque sean diferentes. Y de la misma manera que hay que rechazar el machismo hay que rechazar el feminismo, que considera que la mujer debe liberarse del hombre y ser independiente con derecho a la libertad sexual, a abortar, cuando quiera, y a vivir como quiera... Más que imitar al hombre, la mujer debe ser lo que es y sentirse orgullosa de su vocación de amor, viendo en María un modelo. Ser mujer no es ser inferior al hombre.

De hecho, la persona humana más perfecta que ha existido, existe y existirá, ha sido una mujer: MARIA.

El Papa Juan Pablo II en la encíclica "Redemptoris Mater" afirma que "la mujer debe vivir dignamente su feminidad, mirando a María.

A la luz de María la Iglesia lee en el rostro de la mujer los reflejos de una belleza que es espejo de los más altos sentimientos, de que es capaz el corazón humano: la oblación total del amor, la fuerza, la laboriosidad infatigable, y la capacidad de conjugar la intuición penetrante con la palabra de apoyo y de estímulo" (número 46). "La mujer no puede encontrarse a sí misma si no es dando amor a los demás. La fuerza moral de la mujer, su fuerza espiritual se une a la conciencia de que Dios le confía al hombre, es decir, al ser humano... La mujer es fuerte por la conciencia de esta entrega, es fuerte por el hecho de que Dios le confía al hombre, siempre y en cualquier caso, incluso en las condiciones de discriminación social en la que pueda encontrarse. Esta conciencia y esta vocación fundamental hablan a la mujer de la dignidad que recibe de parte de Dios mismo y todo ello la hace fuerte y la reafirma en su vocación de mujer" (Mulieris Dignitatem 30).

El hecho de que las mujeres en la Iglesia Católica no puedan ser sacerdotes "no significa una menor dignidad ni una discriminación hacia ellas, sino la observancia fiel de una disposición que hay que atribuir a la sabiduría del Señor del Universo" (Ordinatio Sacerdotalis). En esto seguimos simplemente la enseñanza de Jesús. Jesús podía haber escogido mujeres, especialmente a su propia madre, y no lo hizo.

Él conocía el futuro y, por eso, no podemos suponer que se debió solamente a motivos históricos o circunstanciales. Que la mujer no pueda ser sacerdote no quiere decir que sea menos que el hombre, sino que es distinta y a cada uno Dios le da misiones diferentes en la sociedad, así como dentro de la propia familia.

Por eso, el Papa Juan Pablo II dice en la misma carta apostólica "Ordinatio sacerdotalis": "declaro que la Iglesia no tiene en modo alguno facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por tod os los fieles de la Iglesia".

Es, pues, una doctrina, que no es discutible, sino definitiva y "debe ser considerada siempre, en todas partes y por todos los fieles como perteneciente al depósito de la fe" (Respuesta de la Congregación para la doctrina de la fe del 28-10-1995). De todos modos, dice el Papa en la misma carta: "el único carisma superior, que debe ser apetecido, es el amor.

Los más grandes en el Reino de los cielos no son los ministros (sacerdotes), sino los santos".
Un saludo cordial en el Espíritu Santo que llevamos dentro de nosotros por el Bautismo y en el Corazón Inmaculado de María.
José Luis Elizalde Esparza

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