La Palabra de Dios en la vida de Cristo
2008-02-22- Cuaresma 2008 en la Casa Pontificia
P. Raniero Cantalamessa, Franciscano Capuchino, fue ordenado sacerdote en 1958. Doctor en Teología y en Literatura, fue profesor de Historia de las origines cristianas en la Universidad católica de Milán y Director del instituto de ciencias religiosas. Miembro de la Comisión Teológica Internacional de 1975 hasta 1981. Recibió el bautismo en el Espíritu en 1977 y en 1979 quito la enseñanza académica para dedicarse enteramente al servicio de la Palabra de Dios. En 1980 fue nombrado Predicador de la Casa Pontificia. En fuerza de esto oficio en todos estos años ha predicado cada semana en Cuaresma y en Adviento a la presencia del Papa de los Cardenales y Obispos de la Curia Romana y de los Superiores de las órdenes religiosas.
Muy a menudo está llamado a dar charlas en retiros y congresos nacionales y internacionales. Ha predicado en los retiros mundiales para sacerdotes habidos en Roma en 1984 y 1990. En ocasión de los quinientos años del descubrimiento de América predicó un retiro en México a 1500 sacerdotes y 70 Obispos de toda América Latina, publicado después en un libro con el titulo Ungidos por el Espíritu para llevar la Buena Nueva a los pobres (EDICEP 1993) [continua...]
Cristo ha resucitado! El ángel que se apareció a las mujeres, la mañana de Pascua, les dijo: “No os asustéis. Buscáis a Jesús de Nazaret, el crucificado.
Ha resucitado” (Mc 16,6). ¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?” (Lc 24, 5).
¡Ha resucitado, está vivo! La resurrección de Cristo es, para el universo del espíritu, lo que fue, según una teoría reciente, para el universo físico la “gran explosión”, el Big-bang, inicial, cuando un “átomo” de materia se trasformó en energía, poniendo en marcha todo el movimiento de expansión del universo que continua después de billones de anos.
En efecto, todo cuanto existe y se mueve dentro de la Iglesia – sacramentos, palabras, instituciones – saca su fuerza de la resurrección de Cristo. Es el nuevo fiat lux, ¡hágase la luz!, dicho por Dios. Tomas tocó con el dedo esta fuente de toda energía espiritual, que es el cuerpo de Resucitado, y recibió de ella tal “sacudida2 que al instante desaparecieron sus dudas y exclamó lleno de certeza: “¡Señor mío y Dios mío!. El propio Jesús, en aquella circunstancia, dijo a Tomas que hay un modo más dichoso de tocarlo, que es la fe: “Dichosos los que creen sin haber visto” (Jn 20, 29).
Por tanto, el dedo con el que también nosotros podemos tocar al Resucitado es la fe. Con santo Serafín de Sarov, el santo más querido por el pueblo ruso, yo también quiero saludar a los que visitan mi sitio electrónico: “Hermano, o hermana,
¡Cristo ha resucitado!
sábado, mayo 24, 2008
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