sábado, abril 19, 2008

Queridos amigos: Paz y Bien
Hoy comenzamos un nuevo tema: MARÍA, NUESTRA MADRE, Y SUS DEVOTOS
Fuente: LA COMUNION DE LOS SANTOS, una gozosa y maravillosa experiencia de Dios
Autor: P. Ángel Peña Benito, O.A.R.EL ALCAZAR DE TOLEDO

Sucedió en la guerra civil española (1936-1939).

La ciudad de Toledo había sido ocupada totalmente por los comunistas, pero quedaba por dominar el Alcázar de Toledo, que había sido la Academia militar para oficiales. Allí se refugiaron un total de 1.100 hombres con 800 mujeres y niños. Los atacantes los cercaron con diez mil soldados, pero no pudieron vencerlos. ¿Por qué? Los 1.100 hombres del Alcázar eran "soldados de María", se habían consagrado junto con su coronel Moscardó a María y Ella, la vencedora de mil batallas, los defendió hasta el último momento. Humanamente es inexplicable cómo pudieron resistir 71 días de asedio. Pero María velaba por ellos.

Organizaron el Rosario perpetuo, día y noche, ante la imagen de la Virgen. Dos veces al día se reunía toda la guarnición para rezar el rosario y así pudieron resistir a pesar de que dinamitaron el Alcázar con cargas explosivas subterráneas, a pesar de la falta de agua y de alimento y de que se acababan las municiones.

A los 72 días de asedio el General Franco les mandó ayuda y fueron liberados. Al ser preguntado el Coronel Moscardó cómo había sido posible vencer en lucha tan desigual, decía: "Preguntádselo a María. Ella era la Generala del Alcázar. Ella daba valor a nuestros corazones.

Ella nos salvó".

EL LEGIONARIO Y LAS TRES AVEMARÍAS

Ocurrió también en la guerra civil española. Un legionario rezaba todas las noches tres avemarías delante de sus compañeros. Éstos le decían: Tú dices que eres ateo y, sin embargo, rezas todos los días a la Virgen tres Avemarías. ¿Por qué? Y él contestaba: mi madre antes de morir me hizo prometerle que todos los días rezaría tres Avemarías a la Virgen y yo soy un hombre de palabra y lo cumplo. Una noche, a las dos de la mañana, se fue a ver al capellán del batallón y le dijo: Padre, presiento que voy a morir y necesito confesarme. Se confesó y con la conciencia tranquila se fue a dormir. Al día siguiente, una bala le traspasó el corazón. Las tres Avemarías le habían obtenido de María la gracia de la conversión.

CONVERTIDO DEL COMUNISMO
Douglas Hyde, famoso periodista inglés en su libro "Yo creí" cuenta su conversión después de 20 años como miembro activo del Partido Comunista inglés. "Una mañana sucedió algo. Entré en una iglesia católica y me senté en el último banco. Entonces entró una joven de unos dieciocho años, pobremente vestida y no muy agraciada. Al pasar por mi lado vi la expresión de su rostro, parecía gravemente preocupada. Con paso decidido avanzó por el centro de la Iglesia hacia el altar, después giró hacia la izquierda, encaminándose a un reclinatorio en el que se arrodilló delante de una imagen de la Virgen María. Encendió una vela y echó unas monedas en la alcancía... Después de rezar un rato, cuando salía, miré su rostro. Su grave preocupación había desaparecido, parecía tranquila y, sin embargo, yo hacía meses y años que llevaba a cuestas el peso de la mía.Cuando estuve seguro de que nadie me veía, me encaminé por el centro de la Iglesia, giré al lado izquierdo, eché unas monedas en la alcancía y encendí una vela, me arrodille en el reclinatorio delante de la Virgen e intenté rezar. Pero ¿cómo se rezaba? Yo no sabía rezar. Intenté recordar alguna oración dedicada a Ella de la literatura medieval o alguno de los poemas de Chesterton o Belloc. Pero fue inútil. Mientras tanto la vela se iba consumiendo, y no se me ocurría nada. Cuando salí, traté de recordar las únicas palabras que había pronunciado y casi me eché a reír. Era la letra de una música del año 20 de un disco de gramófono: "Oh dulce y encantadora dama, sed buena, sed buena conmigo".
A los pocos días, el 17 de Enero de 1948, telefoneó al colegio de los jesuitas de su barrio y comenzó su preparación para bautizarse con su esposa y sus dos hijos. (continuará)
Un saludo cordial en la Providencia Infinita de Dios, y en la Comunión de los Santos.
Que María nos abra a la Luz de Dios.
José Luis Elizalde Esparza

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