Donde te envíe Dios, no importa dónde, irradia luz allí.
Donde veas que te necesiten, extiende tu mano de amor
y entrega plenamente tu corazón.
Donde encuentres alguien afligido,
pon con amor tu oído para escuchar
y tu sabiduría para aconsejar.
Se el abrazo que nunca recibió.
Sé para otros, ese gran amigo/a
que deseas que sean contigo.
Da lo mejor de ti, no sólo a Dios,
sino a cada persona,
que Dios te ponga en tu camino,
y ellos verán el rostro de Dios,
y también los ojos de Dios en ti
que se conmueven de amor,
por cada persona, que necesita
del amor y el abrazo del Padre.
Dios te ama y te sonríe,
y se deleita en ti.
miércoles, mayo 07, 2008
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