viernes, mayo 23, 2008

DIOS ESTA EN EL DOLOR

Fr.Eusebio Gómez Navarro O.C.D

Al nacer, me encontré en las manos una copa. Bebí, y en el fondo encontré una perla: la juventud.
La juventud me ofreció su copa. La vacié, y en el fondo estaba una joya: el amor.
El amor me dio otra copa. La vacié, y en el fondo había un diamante: el dolor.
También el dolor me ofreció su copa. Temblando bebí hasta la última gota. ¡Extasiante sorpresa!. Allí estaba Dios.

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Jesús se acerca a todos los necesitados
porque siente gran compasión de ellos.
A Él acuden todos los cojos, sordos,
ciegos, paralíticos, leprosos:
todos los que desean sanarse de algún mal.

¿Cuál es el sentido cristiano de dolor?
¿Qué puede hacer el enfermo?
Por fe sabemos que Dios

no quiere para sus hijos ninguna clase
de mal y sufrimiento.
Estos son efectos del pecado.
Aunque cada cruz es un gran misterio,
nos puede iluminar grandemente
el ejemplo de Cristo.
Él también sufrió,
pero su dolor fue causa de
salvación para la humanidad.
Por esta razón todo el que sufre,
si lo hace como Jesús,
no sólo se santificará él,
sino que ayudará a aliviar los dolores de otros.
Muchos enfermos se encuentran solos,

aunque tengan quizás alguna mano
que les ayuda o acaricia.
En toda soledad es bueno
seguir los consejos de Santa Teresa.
Imaginarse al Señor que está cerca
y con amor y humildad está consolando
a aquél que pone los ojos en Él.
En estos momentos quien sufre
no podrá hacer grandes discursos,
ni largas oraciones, para ellos les dice
la Santa de Avila: “No os pido más que le miréis”.
Mirar que Él está mirando y
tener la seguridad de que
Él está ahí, alargando su mano
y brindando su amistad.
El enfermo puede pedirle al Dador

de todo bien la salud.
Así oró Jesús:
“Padre, que pase de mí este cáliz” (Lc 22.40).
“Dios mío, Dios mío,
¿por qué me has abandonado?” (Mt 27,46).
Pero lo más importante es seguir orando
para poder aceptar la voluntad del Padre.
Con paciencia y esperanza,
el enfermo orará con fe,
sabiendo que Dios le sigue amando
más que nunca y
sigue siendo el mismo
Padre que antes.
Dios está en la alegría

del que está sano;
pero, sin duda, Él está, también,
en el que tiene cualquier
clase de sufrimiento o dolor.

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