Queridos amigos: Paz y Bien
Hoy terminamos el Tiempo de Epifanía, que sigue al de la Natividad del Señor.
Mañana comenzaremos el del Tiempo Ordinario.
Con el tiempo Ordinario terminamos el tema: LA COMUNION ESPIRITUAL
Fuente: JESUS EUCARISTÍA, EL AMIGO QUE SIEMPRE TE ESPERA
Autor: P. Ángel Peña Benito, O.A.R.
Tema: LA COMUNION ESPIRITUAL (final)
Sobre esto, Sta. Catalina de Siena tuvo una visión. Vio a Jesús con dos cálices y le dijo: "En este cáliz de oro pongo tus comuniones sacramentales y, en éste de plata, tus comuniones espirituales. Los dos cálices me son agradables". La Bta. Angela de la Cruz decía: "si el confesor no me hubiera enseñado a hacer comuniones espirituales no hubiera vivido". Sta. Catalina de Génova decía: "Oh Jesús, deseo tanto la alegría de recibirte y estar contigo, que me parece que, si muriera volvería a la vida sólo para recibirte". Ojalá que tengas tú también esas ansias. "Como el ciervo suspira por las corrientes de agua así mi alma suspira por Ti, Oh Dios. Mi alma tiene sed de Dios" (Sal 41,2). San Pío de Pietrelcina decía: "Cada mañana antes de unirme a Él en el Santísimo Sacramento, siento que mi corazón es atraído por una fuerza superior. Siento tanta sed y hambre antes de recibirlo que es una maravilla que no me muera de ansiedad. Mi sed y mi hambre no disminuyen después de haberlo recibido en la comunión, sino que aumentan. Cuando termino la misa, me quedo con Jesús para darle gracias". Procuremos vivir durante el día la gracia de nuestra comunión diaria. De hecho, después de comulgar, si no estamos en unión permanente con la humanidad de Jesús, que ha desaparecido al desaparecer las especies sacramentales, sí estamos en comunicación con ella en cuanto a la radiación de su amor; pues ha dejado una huella en nosotros. Además, hay luz y gracias que se irradian continuamente desde el sagrario. Desde el sagrario, Jesús irradia oleadas de ternura sobre nosotros y nos envuelve con su amor. En todo momento, nos está diciendo "Yo te amo, te necesito, ven a Mí". Por eso, san Pío de Pietrelcina nos recomienda: "Durante el día llama a Jesús en medio de tus ocupaciones. Haz un vuelo espiritual hasta el sagrario, estés donde estés, cuando no puedas estar allí con tu cuerpo... y abraza espiritualmente al Amado de tu alma". Y el Vble. Andrés de Betrami decía algo semejante: "Dondequiera que te encuentres, piensa constantemente en el Santísimo Sacramento. Fija tus pensamientos en el sagrario, aun por la noche, cuando despiertes del sueño. Ofrécele lo que estás haciendo en cada momento. Instala un cable telegráfico desde tu casa a la iglesia y, tan seguido como puedas, envía mensajes de amor a Jesús Sacramentado". Decía S. Antonio María Claret: "Tendré una capilla fabricada en medio de mi corazón y en ella, día y noche, adoraré a Dios con un culto espiritual". Seamos adoradores perpetuos de Jesús, aunque sea espiritualmente. Para Jesús no hay distancias. Por eso, podemos vivir en adoración continua las veinticuatro horas del día, tratando de que nuestra alma esté orientada a la Eucaristía. Estemos con el corazón y la mente pendientes de Jesús sacramentado. Y, para que esto sea más eficaz, podemos pedirle a nuestro ángel custodio que esté siempre en vela, en adoración eucarística, por nosotros, y nos lo recuerde constantemente durante el día. Podemos decirle frecuentemente la oración: "Angel santo de mi guarda, corre veloz al sagrario, y saluda de mi parte a Jesús sacramentado". También podemos pedir a todos los santos y ángeles y almas del purgatorio, en una palabra, a todos los que en cualquier momento del día o de la noche estén en adoración eucarística, que adoren también en nuestro lugar. Y, como todos somos UNO en Cristo Jesús, Él lo hará realidad. Tengamos tanta hambre de amar a Jesús que podamos decir "mi corazón y mi carne saltan de júbilo por el Dios vivo" (Sal 83,3). Esta ansia era tan grande, que alegraba y hacía sufrir a los santos. Sta. Catalina de Siena le decía a su director: "Tengo hambre, por amor de Dios, dad a mi alma su alimento". Y Sta. Margarita María de Alacoque oyó de Jesús estas Palabras: "Hija mía, tu deseo de comulgar ha penetrado tan profundamente en mi Corazón que, si no hubiera yo instituido este sacramento de amor lo haría ahora para hacerme tu alimento. Tengo tanto placer de ser en El deseado que, cuantas veces el corazón forma este deseo, otras tantas Yo le miro para atraerlo a Mí". Oh Jesús divino, Rey de mi corazón. Aumenta mi fe en tu presencia eucarística para que nunca dude de tu presencia real en este sacramento y pueda desearte y esperarte con amor y con fe todos los días. Yo creo en Ti, ven a mi corazón en este momento. Yo te adoro y te amo y te miro, mi Jesús sacramentado. Un saludo cordial en Jesús Eucaristía, el Amigo que siempre te espera, y en María, Madre nuestra.
José Luis Elizalde
lunes, enero 14, 2008
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