miércoles, diciembre 12, 2007


Queridos amigo: Paz y Bien

Continuamos con el tema: LA VOCACION SACERDOTAL

Fuente: JESUS EUCARISTÍA, EL AMIGO QUE SIEMPRE TE ESPERA

Autor: P. Ángel Peña Benito, O.A.R.

Tema: LA VOCACION SACERDOTAL (continuación)


Un día, en uno de sus viajes pastorales a España, Juan Pablo II saludó a un sacerdote enfermo, que estaba en silla de ruedas, que le dijo: "Santidad, he ofrecido mi vida por la Iglesia". Cuentan que el Papa le contestó: "Ya somos dos". ¿Serás tú capaz de ofrecerte como ellos? Jesús te quiere santo. Así lo era el gran místico francés P. Lamy. Amaba tanto a Jesús sacramentado que El lo premió con un gran milagro. El día 15 de Marzo de 1918 una explosión destruyó la Iglesia de su parroquia de La Courneuve. Quedó destruido el altar con el sagrario pero el copón, con las cuarenta hostias consagradas, quedó intacto y en el aire milagrosamente. Incluso, el paño que cubría al copón no tenía un granito de polvo, estaba totalmente limpio.Sin embargo, a veces lamentamos casos de sacerdotes que abandonan su ministerio o llevan una vida mediocre o dan que hablar por su conducta. Oremos por ellos. Sta. Teresa de Jesús relata que: "una vez llegando a comulgar, vi dos demonios que rodeaban al pobre sacerdote y vi a mi Señor con la Majestad que tengo dicha, puesto en aquellas manos, en la hostia que me iba a dar y que se veía claro ser ofensoras suyas y entendía estar aquel alma en pecado mortal... Díjome el mismo Señor que rogase por El y que lo había permitido para que entendiese yo la fuerza que tienen las palabras de la consagración y cómo no deja Dios de estar allí por malo que sea el sacerdote que las dice... Entendía cuán más obligados están los sacerdotes de ser buenos, más que otros, y cuán recia cosa es tomar este Santísimo Sacramento indignamente y cuán señor es el demonio del alma que está en pecado mortal" (V 38, 23).Melania, la vidente de la Virgen en la Salette, Francia, en 1846, refiere en su Autobiografía italiana que "un día fui a la Iglesia y vi un sacerdote con su habito todo roto, con cara muy triste, pero tranquilo, que me dijo: Sea por siempre bendito el Dios de la justicia y de la infinita misericordia. Hace más de treinta años que estoy condenado con toda justicia en el Purgatorio por no haber celebrado con el debido respeto el santo sacrificio, que continúa el misterio de la Redención, y por no haber tenido el cuidado que debía de la salvación de las almas que me estaban confiadas. Me ha sido hecha la promesa de mi culpable tibieza... A los días, pude ir a misa. Después de la misa, vi al sacerdote, vestido con hábito nuevo, adornado con brillantes estrellas, su alma completamente embellecida y resplandeciente de gloria, que volaba hasta el cielo". (continuará).

Un saludo cordial en Jesús Eucaristía y en María, Medianera de todas las gracias.

José Luis Elizalde

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