LAUDES
- Oración de la mañana -más sobre la Liturgia de las Horas
Miércoles I del salterio
INVOCACION INICIAL
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
INVITATORIO
Ant. Adoremos a Dios, porque él nos ha creado.
Salmo 94
INVITACION A LA ALABANZA DIVINA
Animaos unos a otros, día tras día, mientras perdura el «hoy». (Hb 3,13)
Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos. Porque el Señor es un Dios grande, soberano de todos los dioses: tiene en su mano las simas de la tierra, son suyas las cumbres de los montes. Suyo es el mar, porque él lo hizo, la tierra firme que modelaron sus manos. Venid, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. Ojalá escuchéis hoy su voz: «No endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto: cuando vuestros padres me pusieron a prueba, y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras. Durante cuarenta años aquella generación me repugnó, y dije: "Es un pueblo de corazón extraviado, que no reconoce mi camino; por eso he jurado en mi cólera que no entrarán en mi descanso."» Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Adoremos a Dios, porque él nos ha creado.
HIMNO
Sentencia de Dios al hombre antes que el día comience:
«Que el pan no venga a tu mesa sin el sudor de tu frente.
Ni el sol se te da de balde, ni el aire por ser quien eres:
las cosas son herramientas y buscan quien las maneje.
El mar les pone corazas de sal amarga a los peces;
el hondo sol campesino madura a fuego las mieses.
La piedra, con ser la piedra,
guarda una chispa caliente;
y en el rumor de la nube combaten el rayo y la nieve.
A ti te inventé las manos y un corazón que no duerme;
puse en tu boca palabras y pensamiento en tu frente.
No basta con dar las gracias sin dar lo que las merece:
a fuerza de gratitudes se vuelve la tierra estéril.» Amén.
SALMODIA
Ant. 1 Tu luz, Señor, nos hace ver la luz.
Salmo 35
DEPRAVACIÓN DEL MALVADO Y BONDAD DE DIOS
El malvado escucha en su interior un oráculo del pecado: «No tengo miedo a Dios, ni en su presencia.» Porque se hace la ilusión de que su culpa no será descubierta ni aborrecida. Las palabras de su boca son maldad y traición, renuncia a ser sensato y a obrar bien; acostado medita el crimen, se obstina en el mal camino, no rechaza la maldad. Señor, tu misericordia llega al cielo, tu fidelidad hasta las nubes, tu justicia hasta las altas cordilleras; tus sentencias son como el océano inmenso. Tú socorres a hombres y animales; ¡qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios!; los humanos se acogen a la sombra de tus alas; se nutren de lo sabroso de tu casa, les das a beber del torrente de tus delicias, porque en ti está la fuente viva y tu luz nos hace ver la luz. Prolonga tu misericordia con los que te reconocen, tu justicia con los rectos de corazón; que no me pisotee el pie el soberbio, que no me eche fuera la mano del malvado. Han fracasado los malhechores; derribados, no se pueden levantar. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Tu luz, Señor, nos hace ver la luz.
miércoles, octubre 24, 2007
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