
Dichoso el vientre de María, la Virgen, que llevó al Hijo del eterno Padre (19).
La Asunción de María es un precioso anticipo de nuestra resurrección y se funda en la resurrección de Cristo, que reformará nuestro cuerpo corruptible conformándolo a su cuerpo glorioso (20). Por eso nos recuerda también San Pablo en la Segunda lectura de la Misa (21): si la muerte llegó por un hombre (por el pecado de Adán), también por un hombre, Cristo, ha venido la resurrección. Por Él, todos volverán a la vida, pero cada uno a su tiempo: primero Cristo como primicia; después, cuando Él vuelva, todos los cristianos; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino... Esa venida de Cristo, de la que habla el Apóstol, «¿no debía acaso cumplirse, en este único caso (el de la Virgen) de modo excepcional, por decirlo así, "inmediatamente", es decir, en el momento de la conclusión de la vida terrestre? (...). De ahí que ese final de la vida que para todos los hombres es la muerte, en el caso de María la Tradición lo llama más bien dormición.
»Assumpta est Maria in caelum, gaudent Angeli! Et gaudet Ecclesia! Para nosotros, la solemnidad de hoy es como una continuación de la Pascua, de la Resurrección y de la Ascensión del Señor. Y es, al mismo tiempo, el signo y la fuente de la esperanza de la vida eterna y de la futura resurrección» (22).
La Solemnidad de hoy nos llena de confianza en nuestras peticiones. «Subió al Cielo nuestra Abogada, para que, como Madre del Juez y Madre de Misericordia, tratara los negocios de nuestra salvación» (23). Ella alienta continuamente nuestra esperanza. «Somos aún peregrinos, pero Nuestra Madre nos ha precedido y nos señala ya el término del sendero: nos repite que es posible llegar y que, si somos fieles, llegaremos. Porque la Santísima Virgen no sólo es nuestro ejemplo: es auxilio de los cristianos. Y ante nuestra petición -Monstra te esse Matrem (Himno litúrgico Ave maris stella)-, no sabe ni quiere negarse a cuidar de sus hijos con solicitud maternal (...).
»Cor Mariae Dulcissimum, iter para tutum; Corazón dulcísimo de María, da fuerza y seguridad a nuestro camino en la tierra: sé tú misma nuestro camino, porque tú conoces la senda y el atajo cierto que llevan, por tu amor, al amor de Jesucristo» (24).
NOTAS:
(1) Gen 3, 15.-(2) Antífona de entrada. Apoc 12, 1.-(3) Salmo responsorial. Sal 44, 12.-(4) M. D. PHILIPPE, Misterio de María, Rialp, Madrid 1986, p. 52.-(5) SAN GERMAN DE CONSTANTINOPLA, Homilías sobre la Virgen, I.-(6) PIO XII, Const. Munificentissimus Deus, 1-XI-1950.-(7) Ibidem.- (8) J. ESCRIVA DE BALAGUER, Santo Rosario, Cuarto misterio glorioso.-(9) Cfr. SANTO TOMAS, Suma Teológica, Supl., q. 84, a. 1 ad 1.- (10) MISAL ROMANO, Prefacio en la fiesta de la Asunción.-(11) R. A. KNOX, Sermón en la festividad de la Asunción de Nuestra Señora, 15-VIII-1954.-(12) CONC. VAT. II, Const. Lumen gentium, 68.-(13) JUAN PABLO II, Enc. Redemptoris Mater, 25-III-1987, n. 41.- (14) Cfr. PABLO VI, Discurso 15-VIII-1963.-(15) JUAN PABLO II, loc. cit.-(16) Oración de San Bernardo.-(17) SAN ILDEFONSO DE TOLEDO, Libro sobre la virginidad perpetua de Santa María, 12.- (18) J. ESCRIVA DE BALAGUER, Forja, n. 433.-(19) Antífona de comunión de la Misa vespertina de la Vigilia. Cfr. Lc 11, 27.- (20) Flp 3, 21.- (21) Segunda lectura. 1 Cor 15, 20-26.-(22) JUAN PABLO II, Homilía 15-VIII-1980.-(23) SAN BERNARDO, Homilía en la Asunción de la B. Virgen María, 1.-(24) J. ESCRIVA DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, Rialp, 1ª ed., Madrid 1973, 177-178.
La Asunción de María es un precioso anticipo de nuestra resurrección y se funda en la resurrección de Cristo, que reformará nuestro cuerpo corruptible conformándolo a su cuerpo glorioso (20). Por eso nos recuerda también San Pablo en la Segunda lectura de la Misa (21): si la muerte llegó por un hombre (por el pecado de Adán), también por un hombre, Cristo, ha venido la resurrección. Por Él, todos volverán a la vida, pero cada uno a su tiempo: primero Cristo como primicia; después, cuando Él vuelva, todos los cristianos; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino... Esa venida de Cristo, de la que habla el Apóstol, «¿no debía acaso cumplirse, en este único caso (el de la Virgen) de modo excepcional, por decirlo así, "inmediatamente", es decir, en el momento de la conclusión de la vida terrestre? (...). De ahí que ese final de la vida que para todos los hombres es la muerte, en el caso de María la Tradición lo llama más bien dormición.
»Assumpta est Maria in caelum, gaudent Angeli! Et gaudet Ecclesia! Para nosotros, la solemnidad de hoy es como una continuación de la Pascua, de la Resurrección y de la Ascensión del Señor. Y es, al mismo tiempo, el signo y la fuente de la esperanza de la vida eterna y de la futura resurrección» (22).
La Solemnidad de hoy nos llena de confianza en nuestras peticiones. «Subió al Cielo nuestra Abogada, para que, como Madre del Juez y Madre de Misericordia, tratara los negocios de nuestra salvación» (23). Ella alienta continuamente nuestra esperanza. «Somos aún peregrinos, pero Nuestra Madre nos ha precedido y nos señala ya el término del sendero: nos repite que es posible llegar y que, si somos fieles, llegaremos. Porque la Santísima Virgen no sólo es nuestro ejemplo: es auxilio de los cristianos. Y ante nuestra petición -Monstra te esse Matrem (Himno litúrgico Ave maris stella)-, no sabe ni quiere negarse a cuidar de sus hijos con solicitud maternal (...).
»Cor Mariae Dulcissimum, iter para tutum; Corazón dulcísimo de María, da fuerza y seguridad a nuestro camino en la tierra: sé tú misma nuestro camino, porque tú conoces la senda y el atajo cierto que llevan, por tu amor, al amor de Jesucristo» (24).
NOTAS:
(1) Gen 3, 15.-(2) Antífona de entrada. Apoc 12, 1.-(3) Salmo responsorial. Sal 44, 12.-(4) M. D. PHILIPPE, Misterio de María, Rialp, Madrid 1986, p. 52.-(5) SAN GERMAN DE CONSTANTINOPLA, Homilías sobre la Virgen, I.-(6) PIO XII, Const. Munificentissimus Deus, 1-XI-1950.-(7) Ibidem.- (8) J. ESCRIVA DE BALAGUER, Santo Rosario, Cuarto misterio glorioso.-(9) Cfr. SANTO TOMAS, Suma Teológica, Supl., q. 84, a. 1 ad 1.- (10) MISAL ROMANO, Prefacio en la fiesta de la Asunción.-(11) R. A. KNOX, Sermón en la festividad de la Asunción de Nuestra Señora, 15-VIII-1954.-(12) CONC. VAT. II, Const. Lumen gentium, 68.-(13) JUAN PABLO II, Enc. Redemptoris Mater, 25-III-1987, n. 41.- (14) Cfr. PABLO VI, Discurso 15-VIII-1963.-(15) JUAN PABLO II, loc. cit.-(16) Oración de San Bernardo.-(17) SAN ILDEFONSO DE TOLEDO, Libro sobre la virginidad perpetua de Santa María, 12.- (18) J. ESCRIVA DE BALAGUER, Forja, n. 433.-(19) Antífona de comunión de la Misa vespertina de la Vigilia. Cfr. Lc 11, 27.- (20) Flp 3, 21.- (21) Segunda lectura. 1 Cor 15, 20-26.-(22) JUAN PABLO II, Homilía 15-VIII-1980.-(23) SAN BERNARDO, Homilía en la Asunción de la B. Virgen María, 1.-(24) J. ESCRIVA DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, Rialp, 1ª ed., Madrid 1973, 177-178.
Dios te salve, María,
llena de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita eres entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.
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