jueves, enero 03, 2008


El 3 de enero la Iglesia celebra el Santísimo Nombre de Jesús (*). Al respecto el Siervo de Dios Juan Pablo II expresó lo siguiente en uno de los párrafos de la Audiencia General del 14 de enero de 1987 cuyo título era "Jesucristo, Hijo de Dios y Salvador" :
"...En el plan dispuesto por la Providencia de Dios, Jesús de Nazaret lleva un Nombre que alude a la salvación: 'Dios libera', porque Él es en realidad lo que el nombre indica, es decir, el Salvador. Lo atestiguan algunas frases que se encuentran en los llamados Evangelios de la infancia, escritos por Lucas: '...nos ha nacido... un Salvador' (Lc 2, 11), y por Mateo: 'Porque salvaría al pueblo de sus pecados' (Mt 1, 21). Son expresiones que reflejan la verdad revelada y proclamada por todo el Nuevo Testamento. Escribe, por ejemplo, el Apóstol Pablo en la Carta a los Filipenses: 'Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó un Nombre, sobre todo nombre, para que al Nombre de Jesús se doble la rodilla y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor (Kyrios, Adonai) para gloria de Dios Padre' (Flp 2, 9-11).
La razón de la exaltación de Jesús la encontramos en el testimonio que dieron de El los Apóstoles, que proclamaron 'En ningún otro hay salvación, pues ningún otro Nombre nos ha sido dado bajo el Cielo, entre los hombres, por el cual podamos ser salvos' (Hech 4, 12)..."
Por su parte, San Gregorio Nacianceno (330-390), obispo, doctor de la Iglesia, en su Discurso teológico (n.4), expresa:

Jesús es Hijo del hombre, por ser descendiente de Adán y por ser hijo de Maria... Es el Cristo, el Ungido, el Mesías, por su divinidad; esta divinidad es la que unge su humanidad..., presencia total de Aquel que lo consagra como tal... Es el Camino porque es Él mismo quien nos conduce. Es la Puerta porque es Él quien nos introduce en el Reino. Es el Pastor porque es Él quien conduce el rebaño a las praderas y le hace beber una agua refrescante; le enseña el camino a seguir y le defiende contra los animales salvajes; hace regresar a la oveja errante, encuentra a la oveja perdida, cura a la oveja herida, guarda a las ovejas que gozan de buena salud y, gracias a las palabras que le inspira su sabiduría de pastor, las reúne en el redil de arriba. Es la Oveja, porque es la víctima. Es el Cordero porque no tiene defecto. Es el Gran Sacerdote, porque ofrece el sacrificio. Es Sacerdote según Melquisedec, porque es Rey de Salem, Rey de paz, Rey de justicia... Estos son los nombres del Hijo, Jesucristo: "Él es el mismo ayer, hoy", corporal y espiritualmente, "y lo será por siempre". Amén.
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El 6 de enero, Solemnidad de la Epifanía del Señor, la Iglesia da gracias a Dios por el don de la fe que han compartido y comparten tantos hombres, pueblos y naciones. Y precisamente, según la tradición, aquellos tres hombres de Oriente, los tres Magos que llegaron a Belén, se cuentan entre los primeros testigos y portadores de este don. En ellos la fe, entendida como apertura interior del hombre, como la respuesta a la luz, a la Epifanía de Dios, encuentra su expresión transparente. En esta apertura a Dios el hombre aspira eternamente a la realización de sí mismo. La fe es el comienzo de esta realización, y de ella es condición.

La siguiente es la homilía que dirigió Benedicto XVI en la Solemnidad de la Epifanía del Señor al presidir la Santa Misa en la Basílica de San Pedro del Vaticano, el 6 de enero de 2006.

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