
PLEGARIA
OH! Divino Espíritu, ¡cuán poco consideramos tu incesante actuación en nuestras almas!. Tú eres en realidad la vida que Cristo quiso dar a sus ovejas en gran abundancia. Tú, el fuego que Él vino a traer a la tierra, deseando vivamente que ardiese.
Ven, pues, OH! Espíritu Santo a nuestras almas, fuente viva de gracia, fuego de amor, amor personificado, unción espiritual, suave regalo, santísima luz, padre de los pobres, dador de todo don: haznos tener gusto y sabor y hambre y sed de lo justo y bueno, danos, en los contratiempos, descanso al trabajo, templanza en lo ardiente, consuelo en el llanto; llena nuestro pecho con un casto amor; y, ya que en el hombre sin tu ayuda no hay nada que no le dañe: ven, y lava lo manchado, riega lo que es seco, sana lo enfermo, doblega lo que es duro, gobierna el camino, enciende lo helado, concédenos tus siete dones, aumento en virtudes, feliz descanso y eterno gozo. Amén.
Ven, pues, OH! Espíritu Santo a nuestras almas, fuente viva de gracia, fuego de amor, amor personificado, unción espiritual, suave regalo, santísima luz, padre de los pobres, dador de todo don: haznos tener gusto y sabor y hambre y sed de lo justo y bueno, danos, en los contratiempos, descanso al trabajo, templanza en lo ardiente, consuelo en el llanto; llena nuestro pecho con un casto amor; y, ya que en el hombre sin tu ayuda no hay nada que no le dañe: ven, y lava lo manchado, riega lo que es seco, sana lo enfermo, doblega lo que es duro, gobierna el camino, enciende lo helado, concédenos tus siete dones, aumento en virtudes, feliz descanso y eterno gozo. Amén.
ORACIÓN DEL CARDENAL MERCIER
¡OH!, Espíritu Santo, alma de mi alma, te adoro! Ilumíname, guíame, fortaléceme, consuélame; dime qué debo hacer, dame tus órdenes; te prometo someterme a todo lo que desees de mí y aceptar todo lo que permitas que me suceda; hazme tan solo conocer tu voluntad.
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Si esto hacéis, vuestra vida se deslizará feliz, serena y llena de consuelo, aun en medio de las penas, porque la gracia será en proporción a la prueba, dándonos la fuerza de sobrellevarla, y llegaréis así a la puerta del Paraíso cargados de méritos. Esta sumisión al Espíritu Santo es el secreto de la santidad y de la alegría de la vida.
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Si esto hacéis, vuestra vida se deslizará feliz, serena y llena de consuelo, aun en medio de las penas, porque la gracia será en proporción a la prueba, dándonos la fuerza de sobrellevarla, y llegaréis así a la puerta del Paraíso cargados de méritos. Esta sumisión al Espíritu Santo es el secreto de la santidad y de la alegría de la vida.
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