9 de octubre - Rusia. Bienaventurada Virgen Efesina (988)
El mensajero de la Madre de Dios (II)
Por fin, después de una larga carrera, el taxi se detiene frente a una casa donde todas las luces están encendidas. El chofer abre nervioso la puerta, invita al doctor a pasar adelante y le anuncia que su hijo se muere. Entonces, el Dr. Granpas comprende el comportamiento de aquel hombre. Entra a la casa donde una joven madre estaba inclinada sobre la cuna de un niño de algunos meses de vida que sufría de convulsiones. Empleando todos los medios a su disposición el médico trata de sosegar el cuerpo del pequeño y espera su reacción. Finalmente, el padre habla en medio de llantos y le pide disculpas al médico. Ya había llamado a tres médicos, le dice, y ninguno pudo acudir. Al dar con usted sólo una idea albergué en mi corazón: salvar a mi hijo. Sí, pero cómo supo que yo era médico? Lo vi escrito en su maletín. Es cierto, dijo el médico, no había caído en cuenta. La madre interrumpe la conversación: Yo no sé si usted es creyente; pero cuando usted entró yo estaba terminando de rezar “el memorare”, con todas las fuerzas de mi alma. El médico sonriente sacó del bolsillo su rosario: “Esta es el arma que traía en la mano durante la carrera desenfrenada que según yo terminaría por un asalto”.
Testimonio de Suzanne Voiteau, en "Maria Regina", N° 11, 1952, Incluido en el Compendio Mariano del Hermano Alberto Pfleger
jueves, octubre 11, 2007
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