miércoles, febrero 07, 2007

JAUME BOADA I RAFI O.P. Su Espiritualidad

I. La senda inicial
Cuando cesan los ruidos comienza la canción del corazón.Has emprendido el camino empujado por la sed y la nostalgia de El. Inicia tu andadura descalzando tus pies, sólo así cesarán los ruidos; aléjate de las prisas, ahonda en el silencio, camina... camina.., camina... Cuando llegues a la "otra orilla", descubrirás que El te estaba esperando, entonces habrá comenzado ya la canción del corazón.Ésta es la senda inicial.Un día verás que el Padre te dice: "Entra en el gozo de tu Señor" (Mt 25,21).Y orarás, orarás sin fin.Descubrirás que no puedes morir, porque tú estás de parte del día. Bienvenido a la patria del silencio!Con los pies descalzos, la mirada serena y el corazón plenamente liberado, entra sin miedo en el mundo siempre nuevo del silencio. Dios te está esperando. Quizás tú mismo deberás reconocer que necesitas un tiempo para reencontrarte con lo más profundo de tu alma y lo más radical de tu ser. Abandónate, confía y comienza la ruta desprogramándote.En todo caso, atiende tu propio interior y escucha la invitación de Jesús: "Ven conmigo a un lugar solitario y descansemos un poco" (Mc 6,31).

En Betania

Sólo sé amarle.Cuando encontraba palabras tuyas, las devoraba; tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón, porque tu nombre fue pronunciado sobre mí, Señor Dios de los ejércitos.(Jr 15,16)Señor, aquí estoy ante ti.Con mi pobreza y mi nada.Quiero buscarte con amor. Mi alma tiene sed de ti, todo mi ser suspira por ti, "como tierra reseca, agostada, sin agua" (Sal 62,2).Tengo una insaciable nostalgia de ti, una dolorosa añoranza de tu presencia. Necesito, Señor, -tú lo sabes mejor que yo-, tengo una imperiosa necesidad de silencio. Y de ti. Señor, que eres el Amor. Mi vocación eres Tú, Señor, sólo Tú, sólo Tú.En ti, todo tiene sentido, sin ti todo es vaciedad superflua. Sólo en ti, Señor, quiero vivir. En ti está el sentido de mi vida. Tú eres mi única nostalgia, Señor.Tú eres mi Señor, pero tú conoces mejor que nadie mis contradicciones. No te extrañará que también te diga que como un gran e incomprensible contraste, llego ante tu presencia con mi nada y mis mezquindades; mi infidelidad, mis desconfianzas y mi pecado. Así me presento ante ti. Vengo con el polvo del camino pegado a mis sandalias de peregrino. Llego con mis cansancios, mis rutinas, mis miedos y mis reservas. El barro se adhiere a mis pies, y mi andar es cansino y lento. Si, nuevamente ante ti, caminando, haciendo y deshaciendo, cayendo y levantándome, desanimándome y volviendo a empezar. ¿Por qué una y otra vez me pierdo en la maraña de las cosas, y en el suceder interminable de idas y venidas? ¿Por qué no me doy del todo?

¿Por qué no lo doy todo? ¿Por qué me desestabilizan interiormente tantas cosas? ¿Por qué sigo anclado en mi poquedad, sin abandonarme confiado en tus manos de Padre? Me llamaste, Señor. con tu mirada. Me sedujiste. La fascinación total de tu amor fue una invitación irresistible a seguirte, a caminar tras tus huellas. Porque mi vocación eres Tú. Señor, sólo Tú. Pronto comprendí que sólo podía vivir para ti y en ti, sólo podía ser tuyo; por ello quiero vivir en una obstinada nostalgia de tu presencia.Pero sigo envuelto en la niebla de mi infidelidad y cobardía. La tiniebla del miedo a la entrega incondicional me rodea y me frena; el temor a perderlo todo y perderme del todo resulta, para mi fragilidad e inconstancia, una muralla insalvable. El ritmo trepidante de la vida y del quehacer me lleva y me trae en un suceso inexorable del que, sin darme cuenta, pierdo el control. Y siempre tu mirada de amor siguiéndome y persiguiéndome, esperándome con una inigualable ternura. Si, ya sé: quieres que te repita la oración que tú mismo, no hace mucho, me susurraste al oído:Señor, es imposible conocerte y no amarte, es imposible amarte y no seguirte, es imposible seguirte y no desear llegar contigo hasta el final, es imposible alcanzar contigo el final y no sentir en lo más profundo del corazón un deseo ardiente e insaciable: ser una sola cosa en ti y contigo. Fundirme en tu amor, sumergirme para siempre en tu presencia. Ya no soy yo, eres Tú en mí, Tú y yo una sola cosa en el amor. Plenitud de fe y de vida. Amor. Comunión. Tú en mí y yo en ti. Fascinado por este maravilloso objetivo, quizás no me siento dispuesto a alcanzar el precio... el mismo precio que Tú pagaste para conseguir mi amor: una entrega total. un abandono pleno a tu amor, un gastarme y desgastarme por ti en el servicio de misericordia con los hermanos. Estoy siempre en ti, pero ahora, en estos días en los que deseo que cesen los ruidos y comience la canción del corazón, sólo deseo que se desaten en mí las lenguas del Espíritu para que tú puedas ser cercanía en viva voz. Señor, me propongo no defraudarte en la ruta ya comenzada. Deseo complacerte porque te amo. Porque mi vocación eres Tú, sólo Tú Señor Después de los primeros pasos débiles y tambaleantes con los que has caminado en esta experiencia de desierto, llega el momento de la verdad. Tú sabes bien cómo estás, cómo llegaste a este remanso de paz que se te ofrece.También conoces claramente lo que el Señor quiere de ti, lo que El espera de tu respuesta de Amor. No le puedes defraudar. Reconoce tu pecado, pero no te excuses en él para no dar más pasos en tu fidelidad y entrega al Señor. Sé consciente de tu pobreza y de tu debilidad, pero reconoce que si abres tu vida al Amor, todo en ti se transformará. Es importante que veas que, como trasfondo de la debilidad e infidelidad en tu respuesta al Señor, puede haber una gran desconfianza o un miedo a lo que el Señor pueda pedirte.No tengas miedo. Abandónate a la inmensidad del amor de Dios con una infinita confianza. Porque si eres verdaderamente pobre de alma en tu vida solo puede haber dos cosas: el presente que Dios te regala y una gran confianza. Nada más. Piensa en Él, vive en Él y emprende este camino de oración y silencio. Lo más importante de estos días es la oración y el silencio. Entra a fondo en el silencio, calla y acalla las voces interiores que pueden perturbarte. Vive en El, no distraigas tu soledad con libros, ni con otra cosa que no sea Él, su amor, su presencia o su Palabra. Recuerda que sólo te ha de acompañar la Palabra de Dios.No pierdas el tiempo en pensamientos vanos o en conversaciones superficiales. El te espera porque quiere morar en ti, establecerse en tu corazón para después irradiar amor cercano y tierno, ese amor de Dios que te hace sentirte libre siempre. Tu vida es oscura, pequeña y sacrificada, pero tienes las puertas abiertas al Amor. Para que te animes, transcribo un testimonio que has de leer con calma.
Un testimonio anónimo


Este testimonio puede servirte de pauta a la hora de fijar tus metas. Prefiero no hacer ninguna presentación de la persona que lo escribe, ni del contenido de su escrito. Habla por si mismo. Sólo quiero decirte que es un testimonio verídico. Léelo, medítalo con atención, convencido de que es posible vivir la oración así. Cuando leemos textos de personas consideradas como santas por la Iglesia lo hacemos convencidos de que lo que dicen es algo alejado o utópico, como si nos pareciera irreal de tan perfecto. Pero el valor del testimonio que transcribo está en la autenticidad y cercanía de quien lo escribe:Estoy repleta de agradecimiento. No tengo palabras para expresar mi estado. DIOS ME DESBORDA. Estoy tan enamorada, le amo tanto, me sé tan amada. No tengo palabras. Sólo sé sonreírle en silencio y recibir la invasión de su Amor. Hay momentos en los que literalmente me siento POSEIDA por Alguien. Empiezo a SABER toda yo lo que es la oración del Espíritu de Jesús que ora en el interior del hombre. Cuando rezo el Padrenuestro, vivo como si Él lo rezara en mi. ¿Es esto posible? ¿Son imaginaciones? Yo no busco esto. No lo busco.

No busco nunca una experiencia sensible de Dios. Viene sola, cuando menos lo espero. Cada vez son más frecuentes sus oleadas de Amor. Vivo como inmersa en una atmósfera que me desborda. Pero con muchísima naturalidad. Se me hace tan familiar vivirlo como respirar ¿Qué me pasa? No entiendo mi estado. Es todo tan gratuito, tan sorprendente, tan inesperado, tan natural. Pienso, a veces, que es imposible amarle más, que he llegado a mi tope. Todo me habla de Él, y desde lo más hondo de mi alma me sale saturada de amor: Señor te quiero, vida mía, te amo. No lo digo yo, me sale sólo, ¿entiendes? Y aumenta a marchas vertiginosas; tengo miedo. ¿En qué desembocará todo? ¿Cuándo vendrá el apagón? Me dejo llevar; dejo que sea su Espíritu quien lleve las riendas de mi a alma, y me desborda. Pierdo hasta la consciencia de mi cuerpo, toda yo me pierdo en su amor Ahora mismo, mientras te escribo, le siento más vivo en mi ser y en mi entorno que a mí misma. Me he de esforzar por escribirte y no quedarme quieta percibiéndole. ¿Me entiendes? ¿Qué me pasa? Yo no entiendo nada. Sólo sé amarle porque en amarle y en dejarme amar por Él está toda mi vida. Esto es demasiado hermoso para que me pase a mí. Vivo embebida todo el día. Si me despierto por la noche ya lo percibo despierto. Es una consciencia muy clara de su Presencia que se sobrepone a la mía. Soy más consciente de Él que de mí. No sé cómo ha sucedido esto y siento un gran respeto. Nunca pensé que la vida del Espíritu fuera tan sencilla y tan plena. Cuando cesan los ruidos, comienza la canción del corazón, se desatan las lenguas del Espíritu, y Dios es cercanía en viva voz. Ya es hora de que vayan cesando los ruidos. Serena tu alma en el silencio y en la paz. Camina empujado por el viento del Espíritu que te hace vivir en una insaciable nostalgia de El. Vive en su amorosa presencia. Entra en el corazón de la Trinidad. Y como María, canta y proclama las grandezas del Señor. Al comenzar es bueno que recuerdes: ¡Con Él, todo es posible!La memoria del corazónA Jesús le gustaba retirarse a la soledad del silencio. Allí renovaba la sonoridad cordial de su comunión con el Padre y se preparaba para la predicación del Reino. En alguna ocasión también invitaba a sus más inmediatos seguidores, los apóstoles, a acompañarle en sus encuentros en el silencio orante. Tú estás en el camino de compartir con el Señor Jesús esta experiencia. Revivirás tu nostalgia de Él. Lo necesitas; quizás también lo esperas. Céntrate en el silencio. Ama esta soledad gratuita que se te ofrece. Será una soledad sonora. Él te hablará al corazón. Recordarás, recordaréis, el amor primero (Os 3,16). Es el amor y la seducción de Dios.A partir de tu experiencia del amor seductor de Dios comenzaste a vivir en la nostalgia de El. Hoy, esta nostalgia es tan intensa que puedes decir que El es tu única nostalgia. Abandónate a la inmensidad del amor de Dios en tu vida. Vive en El. Entra en la soledad sonora y gratuita del silencio; verás cómo en la gratuidad de tu camino llegarás a vivir en una soledad fecunda. Lee y ora estos textos de la Palabra y los correspondientes paralelos: Mt 4,1-11; Mt 14,23; Mc 1,12 s; Mc 6,46, Lc 4,1-13; Jn 6,15.Paréntesis

El canto del jilguero

Un indio oyó en la selva el canto de un jilguero. Nunca había oído melodía igual. Quedó enamorado de su belleza y salió a la búsqueda del pájaro cantor Encontró un gorrión. Le preguntó: "¿Eres tú el que canta bien?". El gorrión contestó: "Claro que sí". "A ver… que te oiga yo". El gorrión cantó y el indio se marchó. No era éste el canto que había oído. El indio siguió buscando. Preguntó a una perdiz, a un loro, a un águila, a un pavo real. Todos le dijeron que sí, que eran ellos, pero no era su voz la que él había oído, y siguió buscando. En sus oídos resonaba aquel canto único, distinto, ensoñador, y no podía confundirse con ningún otro.Siguió buscando, y un día, a lo lejos, volvió a escuchar la melodía que había escuchado una vez y que, desde entonces, llevaba en el alma. Se paró silencioso. Se acercó sigiloso como sólo un indio sabe andar en la selva sin que ni sus pies se enteren. Y allí lo vio. No necesitó preguntarle. Lo supo desde la primera nota, y sació su mirada con la silueta del pájaro de sus sueños.

La voz del Espíritu es inconfundible en el alma. Nos quedó grabada desde que nuestro cuerpo fue cuerpo y nuestra alma fue alma. Y vamos por el mundo preguntando ignorantes: "¿Eres tú? ¿Eres tú?". Mientras preguntamos, no sabemos. Cuando se oye, ya no se pregunta. Dios se revela por sí mismo, y sabemos que está ahí con fe inconfundible. Que no se nos borre nunca de la memoria el canto del jilguero.Carlos García VallésI.
La senda inicial
En el Monte Tabor

¿Se cruzarán mis ojos con tu mirada? ¿Adónde iré lejos de tu aliento? ¿Adónde escaparé de tu mirada? Si escalo el cielo allí estás tú; si me acuesto en el abismo allí te encuentro. (Sal 139, 7 y 8)Un día caluroso de verano visité a mi amigo, anciano ermitaño, lleno de años y de paz. Es bueno, bondadoso, respira oración y la transmite suavemente con su mirada. Vive a la sombra de la misericordia del Padre, y la ofrece gratuitamente a cuantos acuden a él. Parece un auténtico icono de Cristo. Aunque no le había podido advertir de mi visita, yo sabía que iba a ser acogido con alegría, y no me costaba intuir que mi paso iba a ser bien llegado. Mi amigo, siempre sorprendente, superó todas mis previsiones. Mientras abría silenciosamente la puerta, con una generosa sonrisa en los labios, pronunció estas sencillas palabras. "Entra, hermano, te estaba esperando".¡Que al levantar mis ojos, Señor, puedan cruzarse con tu mirada! ¡Cuántas veces miro al cielo, Señor, y te sonrío enamorado! Siempre que levanto mis ojos hacia ti tiemblo, como si ya fueran a tropezar con tu deseada mirada. E.V.
No hay nada más hermoso para un orante que saberse esperado. Sí, esperado por el Señor. Tú lo buscas y El sale a tu encuentro. Lo esperas porque, en lo más profundo de tu alma, sabes bien que El te está esperando. Vives en una obstinada nostalgia y Él sólo desea colmaría. Tú le deseas a Él y Él espera tu amor. Recuerda que la fuerza de tu deseo de Dios aumenta al saber que es El el que desea llenarlo. Buscas ver a Dios, y El desea mostrarte su rostro. ¡Qué hermoso saberte esperado! Qué gozo al reconocer que en Él todo se hace nuevo porque todo es una maravilla de su amor que te recrea con ilusión, con un inmenso deseo de libertad, con una capacidad inigualable de donación.Él lo hace todo bien; pone en tu alma un deseo de encuentro y El mismo alimenta la fuerza de tus pasos para que acudas a encontrarlo. Es el Señor quien desea buscarte con un inmenso amor, para señalarte los pasos necesarios para llegar a donde Él quiere. Ya sé, Señor, que tú me miras desde el cielo de mi alma, desde la mirada suplicante de cada hermano necesitado, desde el hielo, desde el agua, desde el alba. Tú me miras desde el arca del sagrario Sí lo sé, lo sé. Pero ¿por qué me empeño en vivir a la sombra, lejos de la luz de tu mirada?
E.V.En la vida del espíritu es imprescindible reconocer la importancia del deseo. Casi se puede decir que vives en tanto y en cuanto deseas. La fuerza de tu deseo revela la vitalidad de tu alma. Porque lo amas a El vives en una necesidad interior de morar en su amor. Es un deseo de encontrarte con su añorada mirada para poder vivir plenamente envuelto en su amor. "La oración no es más que un santo deseo" dirá San Agustín, y añade: "¿Quieres no dejar nunca de orar? No dejes nunca de desear". Vive, pues, en el deseo. Esa será tu mejor oración. Reencuéntrate con la nostalgia de El; es la fuerza de tu camino.Vive añorando su amor y su mirada. Vive deseando testificarlo entre tus hermanos. Vive con el anhelo plasmado en el compromiso de la vida y con un compromiso de vida que aumentará tu deseo. Cuanto más te das, más necesidad tienes de darte. Cuanto más abras tu vida al deseo que Dios siembra en ella, más capaz serás de entregarte generosamente a los hermanos. Desea y comprométete. Abandónate en el interior de tu corazón, y concreta este abandono en la vida. Ten paz. El te ama, Él quiere morar en ti. Acepta hacerse visible y cercano a los hermanos a través de la pobreza y de las limitaciones de tu amor. Mi vocación eres Tú, Señor, sólo Tú. Quiero seguir tus huellas y caminar a la luz de tu mirada.Luces y sombrasTodo lo que intento decir es expresión del deseo más profundo de quien vive en la obstinada nostalgia de El. Pero el amor ha de hacerse vida. La fe en Él y el deseo de entrega ha de plasmarse en una vida. Por ello es necesario descender a la pequeña realidad de cada día, al lugar donde se puede explicitar la profundidad del amor. Situándote en una visión realista de tu propia vida, y en el momento de entrar a concretar tu deseo de caminar, en la presencia del Señor y a la luz ardorosa de su mirada, has de reconocer con sinceridad que no todo en tu vida es luz.Todos la ansiamos, la buscamos, la deseamos. Pero, casi sin darnos cuenta, permitimos que la niebla y la sombra enturbien la imperiosa luminosidad de nuestro camino. Es la sombra de la oscuridad del desamor.Invitación a discernir
Cuando ves que no tienes paz y crees haber perdido la forma de encontrarla. Cuando te cuesta aceptar y comprender serenamente a los hermanos. Cuando te inquietas y te rebelas interiormente ante las dificultades de la vida. Cuando no vives en la alegría de ser más de Él. Cuando al comenzar un nuevo día no experimentas la ilusión de tener una nueva oportunidad para dar y para darte. Cuando no inicias tu ruta diaria con un deseo creciente de abandonarte plenamente en las manos amorosas del Padre. Cuando no te sientes con el ánimo de reemprender la vida de cada día con el canto gozoso de la alabanza, y tus Laudes no son una verdadera oración para consagrar el día y el trabajo de la jornada. Cuando en tu andar diario no hay lugar para la gratuidad... Piensa que estás caminando en la niebla.Cuando no puedes mirar a los ojos a tus hermanos. Cuando no hay lugar en tu alma para el amor y la ternura. Cuando te sientes en la incapacidad de amar y de sentirte amado. Cuando tu corazón no percibe las vibraciones del amor. Cuando olvidas que en el centro de tu amor sólo puede estar El. Cuando la rutina de cada día ha resecado la sensibilidad de tu corazón. Cuando aceptas el cansancio de amar sin respuesta o sin compensación, o te cuesta seguir amando gratuitamente. Cuando prefieres caminar sólo y aislado, porque crees que así avanzarás más rápido. Cuando no vives en la comunión solidaria con los hermanos. Cuando te dejas llevar por el miedo a la hora de concretar tu entrega. Cuando no miras el rostro de Cristo que te invita a seguirlo hasta el final de una donación sin límites. Cuando prefieres la independencia de realizarte según tus proyectos y no lo abandonas todo en el Señor. Cuando aceptas la mezquindad o te dejas llevar por la comodidad de la entrega mediocre. Piensa que estás caminando en la sombra.
Cuando no vives en la luminosidad de la fe y de la presencia de Jesús en tu vida y en tu camino. Cuando no hay lugar ni tiempo en tu ruta para la oración serena y para la contemplación gratuita del rostro del Señor que camina contigo. Cuando la Palabra no resuena constantemente en tu corazón. Cuando no recuerdas que el Señor camina a tu lado, o dentro de ti, como alma de tu camino. Cuando en el día a día pierdes el gozo de creer en Él, de poderlo amar y sentirte amado por El. Cuando la celebración de la liturgia no alienta tu camino o no es la fuente y la cumbre de todo lo que haces y vives. Cuando la fe en Jesús no es la luz de tus ojos y la estrella que guía tus pasos. Cuando no hay lugar en tu vida para la alabanza, la gratuidad y la acción de gracias. Cuando al terminar el día no conviertes la oración de Vísperas en una acción de gracias por el día que acaba. Cuando el pesimismo o la desconfianza anidan en tu alma y enturbian tu comunión con los hermanos. Cuando no eres capaz de llenar tu vida de canción. Cuando olvidas que eres, que has de ser, testigo de la luz. Cuando el compromiso del Reino no implica tu vida en la necesidad de proclamar el mensaje. Piensa que la tiniebla está oscureciendo tu alma.Cuando no ves más allá de tu egoísmo raquítico. Cuando olvidas los problemas de los hermanos porque te parece que ya tienes bastante con los tuyos. Cuando crees que el mundo termina con lo que tienes entre tus manos y que ya tienes bastante con preocuparte de tus cosas. Cuando te dejas llevar por un espiritualismo desencarnado y alejado del compromiso y entrega concreta a los hermanos. Cuando conscientemente ignoras que mientras tú celebras y cantas la alegría hay otros que lloran por el dolor, la soledad, la guerra o la miseria. Cuando no lo vives a El como tu única nostalgia y no te comprometes a hacer llegar a todos el don de conocer al Señor, don que tú has recibido gratuitamente. Cuando vives alienado o prescindiendo, cuando no vives a fondo en una entrega de amor. Cuando no conviertes la Eucaristía en el auténtico centro de tu vida, tiempo de encuentro, vida de unión con El, con la comunidad de tus hermanos y con la Iglesia. Cuando tu vida no está centrada.


en la Palabra de Dios y tu oración no gira en torno a la Oración de las Horas. Cuando cierras tus ojos para ver, tus oídos para escuchar o tu alma para acoger. Cuando no te dejas llevar por el viento del Espíritu y olvidas las inmensas posibilidades del Amor. Cuando no revives, renuevas ni reafirmas tu deseo de ser de Él y de testificarlo. Cuando cierras las puertas de tu alma a la perspectiva de un amor ilimitado a Dios y a los hermanos. Cuando no te abandonas una y otra vez y no permites que tu vida se desenvuelva en la confianza. Cuando no conviertes tu vida en un "sí" inagotable. Cuando no recuerdas a María como aliento de tu ternura. Piensa que la nube de la oscuridad puede estar enturbiando la luminosidad de tu camino. En todo caso recuerda que para esto está el examen: es el momento de plantearte con nueva fuerza tu compromiso con la luz, con Cristo-Luz.Dichos de luz y de amorComprométete con la Luz. Sigue a Cristo-Luz. Eres testigo de la luz. Has de vivir en la luz. Tu camino es la luz. Tu nostalgia es Cristo-Luz. Por ello, y para ello, hermano, hermana, vive siempre buscando la luz. Añora cruzar tus ojos con la ternura de su mirada. Mira a los hermanos con ojos de luz. Ámalos con mirada de luz. Mira siempre a los ojos. No olvides que el amor es luz. Ama, ama. Ama y déjate amar.Abre tus ojos a la mirada suplicante de Cristo que espera de ti mayor entrega al amor. No ignores las manos abiertas del Padre que esperan acogerte. Mira cómo el Espíritu Santo está a la puerta de tu vida deseando que toda ella arda con el fuego de su amor. Entra en el corazón de la Trinidad para dejarte inundar de presencia. Ama a María. Ella, que es el rostro materno de Dios, te enseñará a llenar tu vida de amor abandonado y entregado, a la ternura del amor de Dios que constantemente se nos da. La ternura es luz; déjate llevar por la ternura que está encerrada en el alma de tu corazón. La alegría es luz; camina en la alegría y en la esperanza. La paz es luz; busca la paz. Conviértete en testigo de la paz. La comprensión es luz. ¿Por qué no te propones ser sembrador de comprensión y de amor entre tus hermanos? Créeme, es posible vivir en la sencillez de un amor de cada día. Pero para ello, no olvides hacer un lugar en tu alma para el amor y la ternura vivida, expresada, comunicada. Vives el misterio de Jesús. Él es la ternura de Dios para nosotros. Jesús es ternura y misericordia.Vive en la ternura. Ábrete a la misericordia. Vive tu vida a la luz del amor, la ternura y la misericordia. En todo busca la luz.Ama. Comprende. Perdona. Ora. Alaba. Vive en la gratuidad. Ayuda. Canta. Abandónate. Tiende tu mano al hermano. Gózate en El. Acepta la cruz. Comparte la cruz. Ama la cruz. espérala y pídela. Encuéntrate. Camina. Adora. Da gracias. Sonríe. Inmólate Comunícate. Sé solidario. Llora con los que lloran.Piensa en todo que tu vida ha de estar abierta al amor y a la ternura. Suspira por encontrarte con la luz de su mirada. Dile al Señor: "Que la luz de tu mirada, me vaya guiando hacia ti, Señor. Tu rostro es mi única patria". Piensa que sólo el amor te hará pequeño, acogedor del Reino; porque sólo los verdaderamente pequeños tienen el corazón muy grande. No hace falta recordarte que lo importante es vivir siempre en El, plenamente disponible a su amor, mientras te entregas a los hermanos en la vida. No rezas porque eres bueno; rezas, más bien, porque eres pobre. He aquí el programa de vida tantas veces recordado: Aprender a callar y a hablar. Saber sonreír siempre. Saber sufrir siempre. Saber orar siempre. Saber amar sin límite. Y... dejarte amar por Él. La memoria del corazón
Iniciaste un camino de encuentro sincero y profundo con el Señor. Él es tu gran y única nostalgia. Este camino es para ti un don y un compromiso. Porque vivir en la sincera y comprometida nostalgia de Dios, exige una clarificación constante de toda tu vida a la luz del amor, que es lo mismo que decir a la luz de Cristo, bajo el impulso del Espíritu y en el abandono en las manos amorosas del Padre. Por eso debes orar tu experiencia de la luz. La luz te librará del velo que cubre tus ojos. Tu encuentro diario con la Palabra te enfrentará a la luz. La celebración de la Eucaristía será para ti una ocasión para llenarte de luz. Tu fidelidad a la oración serena, silenciosa, calma y solitaria de cada día te permitirá mantenerte gozoso en tu búsqueda de la luz. Si quieres "ver" a Dios lo encontrarás con la mirada clarificada por la presencia o la nostalgia; en último término por el amor. Vive siempre en un auténtico compromiso con la luz. Recuerda que, clarificando tu vida, fortaleces tu nostalgia. Renueva tu compromiso de soledad y silencio desde la oración solidaria.Di con san Juan de la Cruz:Apaga mis enojos, pues que ninguno basta a deshacellos, y véante mis ojos, pues eres lumbre dellos, y sólo para ti quiero tenellos. Lee y relee I Jn 2, 3-l1I.
La senda inicial
En Cafarnaún
La puerta abierta Su padre lo vió de lejos y se enterneció, salió corriendo, se le echó al cuello y lo cubrió de besos. (Lc 14,20)Hermano, hermana: Hoy me he decidido a escribirte una carta fraterna que me permitirá explicarte algunos aspectos importantes de la ruta. Es necesario que los conozcas e intentes hacerlos vida. Porque hoy en la ruta del desierto hemos llegado a Cafarnaún. Imagino que ya estarás situándote en el entorno y en la actitud interior peculiar del desierto. Recuerda algunos de los aspectos específicos: dedicación total y exclusiva al Señor, actitud estática. silencio exterior e interior… el hecho del vivir desprogramado para estar plenamente a disposición del Espíritu Santo que llega a ti con sus mociones interiores. En realidad el desierto no tiene otro secreto: el cara a cara con Dios te va disponiendo y te va trabajando, te moldea de acuerdo a la voluntad del Padre. La soledad y el silencio te despojan de tus propias seguridades. Tu única seguridad es la de saberte amado por Él y reconocer que vives en la decisión de hacer el camino de la búsqueda de Dios, empujado por la sed y la nostalgia de El.Llega un momento en el que ésta es tu única seguridad. Vives intensamente su presencia cuando Él te permite experimentar que está; o lo añoras con una obstinada nostalgia cuando lo percibes ausente. Todo ello vivido con una gran paz. Poco a poco te vas encontrando con el silencio de Dios. Ves que el Padre te está esperando a la puerta y sale a tu encuentro, gozoso y alegre, siempre que te decides volver a casa. El Espíritu anima con fuerza tu camino. El Señor Jesús te enriquece con su presencia, y te hace vivir en una insaciable nostalgia cuando crees que está ausente. Todos son caminos en Dios.Es bueno que sepas que la experiencia de Él comenzará cuando empieces a sentir tu propia pobreza y las miserias que recubren el fondo de tu alma. A medida que te vayas sintiendo pobre y desprotegido descubrirás que tienes pocas salidas: la primera, huir. ¡Hay tantas maneras de hacerlo!; la segunda: desanimarte y no entrar de lleno, a fondo perdido, en una experiencia tan especial como exigente; la tercera: no permitir que el Señor viva en tu miseria porque tú careces de la fortaleza necesaria para hacerlo. Verás pronto que son huidas innecesarias e inútiles. Por que El te ha llamado. El te seguirá y perseguirá por amor de tu amor. En todo caso, sabrás que El te ayudará a asumir tu vida, aceptarla y convertirla en tu mejor "fuerza". En tu debilidad, El es tu fuerza salvadora.Hay una palabra clave en el espíritu del desierto que conviene que vayas aprendiendo: indefensión. Todo el entorno del desierto, lo que comporta de soledad, de exclusividad, de encuentro con Dios y de silencio, tiene un único sentido: colocarte en una situación de indefensión. Es necesario que lo sepas. Porque crees tener suficientes recursos para escapar de la acción de Dios en tu vida, en esta ocasión única, privilegiada, que el desierto te ofrece. La indefensión con la que has de plantear tu experiencia de silencio te pide que abras la puerta de tu alma a la obra de Dios, y a un deseo insaciable de ser de Él y de fundirte en su amor.No te escondas de Dios. No te refugies ni te distraigas en pensamientos o en ideas que distorsionan tu encuentro con Dios en la soledad del "cara a cara". No huyas de su voluntad. No escondas tus pobrezas ni tus miserias. Sé consciente del polvo del camino que recubre tus píes. Reconoce tu pecado: la superficialidad. Reconoce tu pecado: el olvido de Dios. Reconoce tu pecado: la debilidad de tu deseo. Reconoce tu pecado: la falta de ternura. Reconoce tu pecado: la distracción. Reconoce tu pecado: la infidelidad.

No te escondas de Dios, ni huyas de su voluntad. No interpongas entre El y tú las defensas de siempre: palabras, palabras y palabras; oración superficial, la excusa del trabajo y de la falta de tiempo. No busques excusas ni justificaciones; ante Dios son completamente innecesarias. Preséntate ante Dios tal como eres, pobre, descalzo e indefenso. Hoy, en tu oración en soledad, descalza tus pies como signo de que quieres buscar a Dios sin defensas, a pie desnudo, con el alma desasida, abierto plenamente al misterio de Dios y al amor de Cristo. Con el alma desnuda, descalza, sin nada. Sólo ante El, Todo Solo. Sin cobijo para tu poquedad. A la intemperie, abierto plenamente al viento impetuoso del Espíritu. En una indefensión total.Sintiendo una obstinada nostalgia de Él desde una vida comprometida con los hermanos y una oración solidaria. Así, de esta manera, con la verdad de tu vida como única defensa, te expones a la acción del Espíritu en ti. Felices aquellos que se dejan atraer por el Espíritu. Más felices aún aquellos que se dejan conducir por el Espíritu. Son felices sin límite aquellos que se dejan arrastrar por el Espíritu. Tú, ¿dónde te sitúas? El mensaje es: Abre la puerta de tu alma. Y los textos de la Palabra son estos tantas veces citados: Mira que estoy a la puerta llamando: si uno me oye y me abre, entraré en su casa y cenaremos juntos. Conozco tus obras, tu esfuerzo y tu fortaleza, sé que no puedes sufrir a los malvados, que pusiste a prueba a esos que se llaman apóstoles sin serlo, y hallaste que son unos embusteros. Tienes constancia, has sufrido por mí, y no te has rendido a la fatiga, pero tengo en contra tuya que has dejado el amor primero. (Ap 3, 20; 2,2-4)Hoy tienes una ocasión única para enfrentarte con sencillez a la verdad de tu vida. Has tenido el privilegio de ser llamado al desierto. Él te invita a un encuentro único e irrepetible. Pero para que todo sea verdad es necesario que descubras tu propia vida con claridad y sencillez. Te invito a vivir todo desde el pensamiento que la Palabra de Dios nos acaba de recordar: el amor primero. El amor primero es el amor de la ternura total y plena. Es el amor de la ilusión y la alegría. Es el amor fuerte, intenso, sincero, verdadero, siempre nuevo. Es el amor nacido en la seducción y que te empuja a vivir en la nostalgia. Es el amor que da sentido pleno a toda una vida. Es el amor que se recrea incesantemente y te lleva a una donación total. El amor primero es el amor que no se cambia por nada. Es el amor que invade y llena todo el día de presencia. Es el amor que se goza con la presencia y se aviva en la añoranza. Es el amor de la fidelidad gozosa, entregada, consciente. Es el amor del "si" ilimitado, incondicional, inagotable. Es el amor sin reservas ni infidelidades. Es el amor que te conduce a un abandono confiado. Es el amor que se proclama en un testimonio vital.Es el amor de los pequeños detalles y de las grandes entregas. Es el amor del gozo en el amado. Es el amor convertido en canto, y que todo lo traduce en canción. Es el amor que te lleva a vivir en una nostalgia infinita. Es el amor que se manifiesta en la oración constante. Es el amor de quien siempre vive en la presencia del Señor. Es el amor que te hace descubrir el sentido de las palabras del Cantar de los Cantares: "Mi amado es para mí y yo para mi amado" (Cant 2,16).Si. Éste es el amor primero con el que Dios te enriqueció. Es el amor con el que todo cristiano se ha de comprometer a buscar a Dios viviendo en una obstinada nostalgia de Él. Es el amor con el que tú te comprometes a vivir el misterio de Jesús en tu vida. Es el amor de la fascinación por el Señor. Es el amor de quien se siente seguido, perseguido por la mirada y la ternura de Jesús siempre. En esta preparación de la marcha por el desierto, con la puerta de tu alma plenamente abierta a la mirada y a la acción de Dios, con el corazón pobre y disponible, vivirás en una oración intensa. Las pautas oracionales para esta etapa son muy sencillas:Mantén tu alma en la paz y en el silencio. Mira serenamente tu vida. Reencuéntrate en el silencio. Mira el paso del Señor por toda tu existencia. Descubre la debilidad e inconstancia de tu respuesta. Todo con mucha paz. Contempla el icono del Señor. Procura pasar largas horas en silencio ante la presencia eucarística del Señor. Que tus tiempos explícitos ante El sean cada vez más largos. Es importante que entiendas que, a pesar del planteamiento oracional de hoy, que podría hacer pensar en una oración de mucho "diálogo", lo que se debe buscar es permanecer en la actitud básica de silencio. Contempla espiritualmente su rostro.

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