I. LECCION -4-
Ejercicio auditivo Tomar una expresión fuerte que te llene el alma (por ejemplo "mi Dios y mi Todo") o simplemente una palabra (por ejemplo "Jesús", "Señor", "Padre").Comienza a pronunciarla, con sosiego y concentración, en voz suave, cada diez o quince segundos.
Al pronunciarla, trata de asumir vivencialmente el contenido de la palabra pronunciada. Toma conciencia de que tal contenido es el Señor mismo.Comienza a percibir cómo la "presencia" o "Sustancia", encerrada en esa expresión va lenta y suavemente inundando tu ser entero, impregnando tus energías mentales.
Ve distanciando poco a poco la repetición, dando lugar, cada vez más, al silencio.
Siempre debes pronunciar la misma expresión.
Variante: Cuando aspiramos, el cuerpo queda tenso, porque se inflan los pulmones. Al contrario, cuando espiramos (expulsamos el aire de los pulmones) el cuerpo se relaja, se afloja.
En esta variante aprovechamos la fase de la espiración (momento natural de descanso) para pronunciar esas expresiones. De esta manera, el cuerpo y el alma entran en una combinación armónica. La concentración es más fácil porque la respiración y la irrigación son excelentes. Y así, los resultados son sumamente benéficos tanto para el alma como para el cuerpo.
5. Oración escrita
Se trata de escribir aquello que el orante quisiera decir al Señor.
Para momentos de emergencia puede resultar la única manera de orar; en tiempos de suma aridez o de aguda dispersión, o en los días en que uno se siente despedazado por graves disgustos.
Tiene la ventaja de concentrar mucho la atención; y la ventaja también de que puede servirme para orar tiempos más tarde.
6. Ejercicio visual
Se toma una estampa expresiva, por ejemplo una imagen de Jesús o de María u otro motivo, estampa que exprese fuertes impresiones, como paz, mansedumbre, fortaleza... Lo importante es que a mí me diga mucho.Toma la estampa en la mano y, después de sosegarte e invocar al Espíritu Santo, quédate quieto mirando simplemente la estampa, en su globalidad, en sus detalles.
En segundo lugar, capta como intuitivamente, con concentración y serenidad las impresiones que esa imagen evoca para ti. Qué te dice a ti esa figura.En tercer lugar, con suma tranquilidad trasladarme mentalmente a esa imagen, como si yo fuera esa imagen, o me pusiera yo en el interior de ella. Y, reverente y quieto, hacer "mías" las impresiones que la figura despierta para mí. Y así identificado yo mentalmente con esa figura, permanecer largo rato, impregnada toda mi alma con los sentimientos de Jesús que la estampa expresa. Es así como el alma se reviste de la figura de Jesús y participa de su disposición interior.
Finalmente, en este clima interior, trasladarme mentalmente a la vida, imaginar situaciones difíciles y superarlas con los sentimientos de Jesús. Y así ser fotografía de Jesús en el mundo.
Esta modalidad se presta especialmente para personas que tienen facilidad imaginativa.
7. Oración de abandono
Es la oración y actitud más genuinamente evangélica. La más libertadora. La más pacificadora. No hay anestesia que tanto suavice las penas de la vida como un "yo me abandono en Tí".
Ponte en presencia del Padre, que dispone o permite todo, en actitud de entrega. Puedes utilizar como fórmula: "hágase tu voluntad" o "en tus manos me entrego".
Como disposición incondicional, debes reducir a silencio la mente que tiende a rebelarse. El abandono es un homenaje de silencio en la fe.
Vete depositando pues, en silencio y en paz, todo aquello que te disguste: aspectos de tu persona, enfermedades, ancianidad, impotencias, limitaciones, personas próximas que te desagradan, historias dolientes, memorias dolorosas, fracasos, equivocaciones...
Puede ser que, al recordarlos te duelan. Pero al depositarlos en las manos del Padre, te visitará la paz.
En tus manos, OH Dios, me abandono.
Modela esta arcilla,como hace con el barro el alfarero.
Manda, ordena, ¿qué quieres que yo haga?
Elogiado y humillado, perseguido,
incomprendido y calumniado,
consolado, dolorido, inútil para todo,
sólo me queda decir a ejemplo de tu Madre:
Hágase en mí según tu palabra.
Dame el amor por excelencia,
el amor de la Cruz,
no una cruz heroica, que pudiera satisfacer
mi amor propio;
sino aquellas cruces humildes y vulgares,
que llevo con repugnancia.
Las que encuentro cada día
en la contradicción,
en el olvido, el fracaso, en los falsos
juicios y en la indiferencia,
en el rechazo y el menosprecio de los demás,
en el malestar y la enfermedad,
en las limitaciones intelectuales
y en la aridez, en el silencio del corazón.
Solamente entonces Tú sabrás que te amo,
aunque yo mismo no lo sepa.
Pero eso basta.
Amén.
8. Ejercicio de acogida
En este ejercicio yo permanezco quieto y receptivo y el TU sale hacia mí; y yo acojo, gozoso, su llegada. Es conveniente efectuar este ejercicio con Jesús resucitado.
Ayúdate de ciertas expresiones, comienza a acoger, en la fe, a Jesús resucitado y resucitador "que llega a tí". Deja que el Espíritu de Jesús entre e inunde todo tu ser. Siente que la presencia de Jesús llega hasta los últimos rincones de tu alma mientras vas pronunciando las expresiones. Siente como esa Presencia toma plena posesión de lo que eres, de lo que piensas, de lo que haces, cómo Jesús asume lo más íntimo de tu corazón. En la fe: acógelo sin reservas, gozosamente.
En la fe, siente cómo Jesús "toca esa herida que te duele", cómo Jesús saca la espina de esa angustia que te oprime, cómo te alivia esos temores, te libera de aquellos rencores. Hay que tomar conciencia de que esas sensaciones generalmente se sienten en la boca del estómago como espadas que punzan. Por eso se habla de la espada del dolor.
Luego salta a la vida. Acompañado de Jesús y revestido de su figura, haz un paseo por los lugares donde vives o trabajas. Preséntate ante aquella persona con quien tienes conflictos. Imagínate cómo la miraría Jesús. Mírala con los ojos de Jesús. Cómo sería la serenidad de Jesús si tuviera que enfrentarse con aquel conflicto, afrontar esta situación, qué diría a esta persona, cómo serviría en aquella necesidad. Imagina toda clase de situaciones, aún las más difíciles y déjale a Jesús actuar a través de tí; mira por los ojos de Jesús, habla por su boca, que su semblante aparezca por tu semblante. No seas tú quien viva en tí sino Jesús.
Es un ejercicio transformante o cristificante.
Toma una posición orante. Después de pronunciar y vivir una frase, quédate un tiempo quieto y en silencio, permitiendo que la vida de la frase resuene y llene el ámbito de tu alma.
Jesús, entra dentro de mí.
Toma posesión de todo mi ser.
Tómame con todo lo que soy,
lo que pienso, lo que hago.
Toma lo más íntimo de mi corazón.
Cúrame esta herida que tanto me duele.
Sácame la espina de esta angustia.
Retira de mí estos temores,rencores, tentaciones...
Jesús, ¿qué quieres de mí?
¿cómo mirarías a aquella persona?
¿cuál sería tu actitud en aquella dificultad?
¿cómo te comportarías en aquella situación?
Los que me ven, te vean, Jesús.
Transfórmame todo en tí.
Sea yo una transparencia de tu persona.
También este ejercicio debe durar unos 45 o 50 minutos.
9. Elevación
En este ejercicio se pronuncia mentalmente o en voz suave alguna expresión (que más tarde señalaré).
Apoyado en la frase, el yo sale hacia el TU. Al asumir y vivenciar el significado de la frase, ésta toma tu atención, la transporta y deposita en un TU. Hay, pues, un movimiento o salida. Y así, todo yo queda en todo TU. Queda fijo, inmóvil. Hay, pues, también una quietud.
Quiero decir: no debe haber movimiento mental. Es decir, no debes preocuparte de entender lo que la frase dice. En todo entender hay un ir y venir. Nosotros, ahora, estamos en adoración. No debe haber, pues, actividad analítica.
Al contrario; la mente, impulsada por la frase, se lanza hacia un TU, quieta y adherida, admirativamente, comtempladora posesivamente, amorosamente. Por ejemplo, si dices "Tú eres la Eternidad inmutable" no debes preocuparte de entender o analizar cómo y por qué Dios es eterno, sino mirarlo y admirarlo estáticamente como eterno.
Después de silenciar todo el ser, haz presente en la fe a Aquel en quien existimos, nos movemos y somos.
Comienza a pronunciar las frases en voz suave. Trata de vivir lo que la frase dice hasta que tu alma quede impregnada de la sustancia de la frase.Después de pronunciarla, quédate en silencio unos treinta segundos o más, mudo, quieto, como quien escucha una resonancia, estando la atención inmóvil, compenetrada posesivamente, identificada adhesivamente con la sustancia de la frase, que es Dios mismo.
En este ejercicio, tienes que dejarte arrebatar por el TU.
El "yo" prácticamente desaparece mientras que el TU domina toda la esfera. He aquí unas cuantas expresiones que pueden servir para este ejercicio:
Tú eres mi Dios.
Desde siempre y para siempre Tú eres Dios.
Tú eres eternidad inmutable.
Tú eres inmensidad infinita.
Tú eres sin principio ni fin.
Estás tan lejos y tan cerca.
Tú eres mi todo.
Oh profundidad de la esencia
y presencia de mi Dios.
Tú eres mi descanso total.
Sólo en ti siento paz.
Tú eres mi fortaleza.
Tú eres mi seguridad.
Tú eres mi paciencia.
Tú eres mi alegría.
Tú eres mi vida eterna,
grande y admirable Señor.
10. "En lugar de" Jesús
Imaginar a Jesús en adoración, por ejemplo de noche, en la mañana, bajo las estrellas.
Con infinita reverencia, en fe y paz, entra en el interior de Jesús. Trata de presenciar y revivir lo que Jesús viviría en su relación con el Padre, y así participa de la experiencia profunda del Señor.
Trata de presenciar y revivir los sentimientos de admiración que Jesús sentiría por el Padre. Decir con el corazón de Jesús, con sus vibraciones, por ejemplo, "glorifica tu nombre"; "santificado sea tu nombre".
Colocarse en el interior de Jesús y revivir aquella actitud de ofrenda y sumisión que Jesús experimentaría ante la voluntad del Padre cuando decía: "No lo que yo quiero sino lo que quieras Tú". "Hágase tu voluntad".
Qué sentiría al decir: "como Tú y yo somos una misma cosa", al pronunciar "Abba" (¡querido Papá!), tratar de experimentarlo. Ponerse en el corazón de Jesús para pronunciar la oración sacerdotal, capítulo 17 de San Juan.Todo eso (y tantas cosas) hacerlo "mío" en la fe, en el espíritu para revestirme de la disposición interior de Jesús. Y regresar a la vida llevando en mí la vida profunda de Jesús.
Esta modalidad de oración sólo será posible en el Espíritu Santo "que enseña toda la verdad".
11. Oración de contemplación
Las señales de que el alma entró en la contemplación, según San Juan de la Cruz, son las siguientes:
- Cuando el alma gusta de estarse a solas con atención amorosa y sosegada de Dios.
- Dejar estar el alma en sosiego y quietud, atenta a Dios, aun pareciéndole estar perdiendo el tiempo, en paz interior, quietud y descanso.
- Dejar libre al alma sin preocuparse de pensar o meditar. Sólo una advertencia sosegada y amorosa a Dios.
a) Silencio.
Hacer vacío interior.
Suspender la actividad de los sentidos.
Apagar recuerdos.
Desligar preocupaciones.
Aislarse del mundo exterior e interior. No pensar en nada. Mejor, no pensar nada.
Quedar más allá del sentir y de la acción sin fijarse en nada, sin mirar nada ni dentro ni fuera.
Fuera de mí, nada. Dentro de mí, nada.
¿Qué queda? Una atención de mí mismo a mí mismo, en silencio y paz.
b) Presencia. Abrir la atención al Otro, en fe, como quien mira sin pensar, como quien ama y se siente amado.
Evitar figurarse a Dios. Toda imagen o forma de Dios debe desaparecer. Es preciso "silenciar" a Dios de cuanto signifique localidad. A Dios no corresponde el verbo estar, sino el verbo ser. El es la Presencia Pura y Amante y Envolvente y Compenetrante y Omnipotente.
Sólo queda un Tú para el cual yo soy una atención abierta, amorosa, sosegada.
Practicar el ejercicio auditivo hasta que la palabra "caiga" por sí misma. Quedar sin pronunciar nada con la boca, nada con la mente.
Mirar y sentirse mirado.
Amar y sentirse amado.
Yo soy como una playa.
El es como el mar.
Yo soy como el campo.
El es como el sol.
Dejarse iluminar, inundar,
AMAR.DEJARSE AMAR.
Fórmula del ejercicio:
Tú me sondeas.
Tú me conoces.
Tú me amas.
12. Oración comunitaria
Oración comunitaria, denominada también compartida, se llama al hecho de reunirse un grupo de personas para orar con estas características: a) espontáneamente; b) en voz alta; c) ante los demás; d) lo hacen, no simultánea, sino alternadamente.
Para que la Oración Comunitaria sea verdaderamente eficaz y convincente debe cumplir con las siguientes condiciones:
Se supone que los orantes comunitarios han debido cultivar anteriormente la relación personal con el Señor.
De otra manera, la Oración Comunitaria se torna en una actividad artificial y vacía.
Se debe evitar, a ser posible, el "jaculatorismo"; frases cortas, estereotipadas, formales, dichas de memoria.
Por el contrario, se ha de orar de forma verdaderamente espontánea, de dentro a dentro, como si en ese momento no estuviéramos en el mundo más que El y yo, con gran naturalidad e intimidad.
Para esto, los orantes deben estar convencidos y recordarse a sí mismos que son portadores de grandes riquezas interiores, más riquezas de lo que ellos mismos imaginan, y que el Espíritu Santo habita en ellos, y se expresa a través de su boca; por eso deben hablar con gran soltura y libertad.
Es de desear que no haya entre los orantes cortocircuitos emocionales.
Porque si entre dos personas o grupos hay una desavenencia fuerte, notoria y pública, ese conflicto bloquea la espontaneidad del grupo. Los muros que separan al hermano del hermano, separan también al hermano de Dios.Es imprescindible también que haya sinceridad o veracidad; es decir, que el orante, al expresarse en voz alta, no sea motivado por sentimientos de vanidad, de decir cosas originales o brillantes. Debe en todo momento rectificar la intención, y expresarse como si el orante estuviera solo ante Dios.
Pero la condición esencial es que sea una oración verdaderamente compartida: cuando un integrante del grupo está hablando con el Señor, yo no tengo que ser un oyente o un observador sino que (se supone) yo asumo las palabras que están saliendo de la boca de mi hermano, y con esas mismas palabras yo me dirijo a mi Dios. Y cuando yo hablo en voz alta, se supone que mis hermanos toman mis palabras, y con esas mismas palabras se dirigen a Dios. Y así, todo el tiempo oran todos con todos. Y aquí está el secreto de la grandeza y riqueza de la oración comunitaria: que el Espíritu Santo se derrama a través de personalidades e historias tan variadas y diferentes; y por eso puede resultar una oración muy enriquecedora.
miércoles, enero 17, 2007
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