lunes, enero 19, 2009

Si hoy Dios me llamara...

Fuente: Catholic.net
Autor: P. Fernando Pascual LC

Podría ocurrir hoy mismo. Tengo el corazón en muchas cosas, un deseo grande de hacer esto o lo otro, muchos planes para este día. Pero quizá este sea mi último día, el día que me aleja de este mundo. Los planes, los deseos, los proyectos, quedarían, para siempre, arrinconados.

Si hoy Dios me llamara... Muchos no sabemos ni cómo ni cuándo llegará ese día, pero sabemos que la muerte es posible para todos, sanos o enfermos, jóvenes o ancianos, ricos o pobres, malos o buenos.

Si hoy Dios me llamara, ¿qué haría, en qué pensaría, de qué me arrepentiría, que suplicaría?

Buscaría aprovechar las últimas horas, los últimos minutos, en pedir perdón. Perdón a Dios, a quien tantas veces he fallado, a quien tantas veces he olvidado, ha quien tantas veces he negado. Perdón a Dios que no dejó de amarme, de buscarme, de curarme, de esperarme.

Luego, pediría perdón a tantas personas a las que no supe amar, ni ayudar, ni comprender, ni escuchar. A quienes esperaron de mí un poco de consuelo. A quienes buscaron en mí un poco de alegría. A quienes llamaron a mi puerta para pedir el pan que aliviase su miseria. A quienes suplicaron que les atendiera, que les escuchara, que les ofreciera algo de mi tiempo para hacer llevadera la cruz pesada que llevaban en sus vidas.

Luego, intentaría dar las gracias a una multitud de corazones buenos que me tendieron su mano, que me ofrecieron una palabra de aliento, que me aconsejaron y me apartaron del mal camino, que me soportaron en mis peores momentos, que me levantaron tras la caída, que me curaron en mis fiebres y mis heridas.

Luego, quedaría la hora de volver la mirada a Dios. Por Él nací, por Él descubrí la Redención, por Él fue marcado en el bautismo, por Él pude recibir mil veces el Sacramento de la misericordia, por Él estuve al lado de Cristo Eucaristía.

La muerte será el momento del encuentro definitivo con un Dios que nos ha revelado su amor de Padre, para siempre, sin misterios. Un Dios que es Padre y que es Justicia: pesará mi corazón y verá si está ya maduro para llorar el propio pecado y suplicar humildemente su misericordia.

No sé si estoy listo para ese momento, con ese leve equipaje para el viaje. Ese equipaje que consiste en la docilidad, la apertura, la sencillez de corazón, la humildad para volver a pedir perdón, la esperanza ante la llegada del Esposo. Sé sólo que llegará ese día, y podría ser hoy, en unos minutos, en unas horas.

Si hoy Dios me llamara, le pediría que la Sangre de su Hijo me lavase de tanta mancha y me permitiera, al menos en estos últimos instantes, tener un corazón arrepentido y dispuesto a acoger, como barro dócil, su abrazo eterno y lleno de cariño.

Sola Scriptura, II Parte

Fuente: Defiende tu fe
Autor: Por Bop Stanley

Sola Scriptura significa, ’Si no está en la Biblia, no lo creeré.’ Pregunte a un fundalista si cree en Sola Scriptura. Si dice ‘si’ entonces pregúntele por qué, ¿con qué autoridad cree en esto’? Para que alguien practique solamente Sola Scriptura, deber estar, esta doctrina, en la Biblia, de otra forma cómo pueden creerlo? Ellos mostrarán invariablemente a 2Tim 3:16-17, "Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para argüir, para corregir, para educar en la justicia, a fin de que el hombre de DIOS sea perfecto y consumado en toda obra buena."

Usemos ahora nuestro buen ‘sentido común’ y examinemos estos versículos.

1. P. Dice el versículo 16 ‘Solamente’ Escritura? No, dice ‘Toda’ Escritura. Y ¿qué significa esto? ¿Qué es ‘Toda’ Escritura? 2 Timoteo fue escrito por San Pablo alrededor del 65-66 A.D., ya que él fue martirizado poco después en 67 A.D..¿A cual Escritura se refiere Pablo? ¿Qué Escritura estaba disponible para Timoteo en los comienzos de la Cristiandad?

R. Durante el primer siglo, la Escritura usada por los primeros cristianos era el Antiguo Testamento. Era un trabajo Judío conocido como el Septuagint, una traducción del Hebreo (Antiguo Testamento) al Griego, el lenguaje usado en toda la región en ese tiempo. No hubo Nuevo Testamento por cientos de años hasta que el ‘Concilio de Carthage’ en 397, puso juntos los 27 libros que ahora tenemos. Por lo tanto si cree en 2Tim 3:16-17, como autoridad en Sola Scriptura, entonces tendría que descartar el Nuevo Testamento y usar solo el Antiguo. Esto se llama ‘Judaísmo’. A propósito, el Septuagint incluía el Apocrypha, llamado Deuterocanónicos por los católicos, los siete libros del Antiguo Testamento que no son incluídos en las Biblias protestantes. Ahora los fundamentalistas se encuentran en la embarazosa posición de tener que aceptar el Apocrypha si ellos se apegan a 2Tim 3:16-17.

2. P. Pero, no habían unos pocos libros del N.T. escritos en el tiempo que Pablo escribió 2 Timoteo?

R. Algunas de las cartas de Pablo fueron escritas antes de 2Tim. y Marcos alrededor del 50-65 y Lucas en los comienzos de los 60’s. Pero ninguno de estos estaban en uso en ese tiempo. Además, la pregunta completa se hace incierta si se vuelve a leer 2Tim 3:15, "Y porque desde la infancia conoces las Escrituras Sagradas.." Si Pablo escribió 2Tim. en el 66, y Timoteo era entonces un Obispo, entonces Timoteo en su infancia, volviendo en tiempo a alrededor del 36, eran muchos años antes de que el primer libro del Nuevo Testamento fuera escrito. Así es que era el Antiguo Testamento solamente al cual Pablo se refería en ese momento.

3. P. Como puede ser A.T. solamente? No enseñaron los Apóstoles acerca de Jesucristo y todo lo que El hizo?

R. Ciertamente. Ellos siguieron a la carta, el mandato del Señor en Mt 28:20, "enseñándoles a observar todo cuanto yo os he mandado..." Ordenó Jesús que los Apóstoles debían escribir un libro? No, El dijo: ve y enseña. Qué significa esto? Y que pasa con ‘Tradición’? Los Apóstoles enseñaron de Jesucristo con palabras, entregando lo que a ellos se les enseñó, verbalmente. Esa es una buena explicación del significado de Tradición. Leer los Hechos de los Apóstoles.

4. P. Y que pasa con ‘útil para enseñar’?

R. ¿Útil? ¡Si! ¿Usar la Biblia para enseñar y nada más? ¡No! Después de todo, un desatornillador es útil para poner tornillos pero otra herramienta se necesita para martillar un clavo. Pablo no dice que Escritura es sólo para enseñar.

5. P. Pero el versículo 17 dice que el hombre de Dios puede ser perfecto, equipado para toda obra buena.

R. Sí, pero quien es el ‘hombre de Dios’?. No olvidar que Pablo se está dirigiendo a Timoteo, el Obispo de Éfeso, y en verdad un ‘hombre de Dios’. Un hombre de Dios necesita Escritura para realizar una ‘buena obra’. Dice ‘completamente’ equipado para cada ‘buena obra’? ¿Qué tal si te muestro otro pasaje con casi las mismas palabras, pero acerca de otra materia? Creerías que uno podría ser auto suficiente?. Mira a Santiago 1:4, "Mas tenga obra perfecta la paciencia, para que seáis perfectos y cumplidos, sin faltar en cosa alguna." Ahora, usando la lógica de los fundamentalistas aquí, entonces ‘paciencia’ es todo lo que se necesita para ser ‘perfecto’ y ‘cumplido’. Hmmm, Yo pensaba que la Escritura era todo lo que se necesitaba en 2 Timoteo!

Ahora para resumir y amarrarlo todo en un paquetito ordenado, tenemos que volver un versículo en 2Tim 3:14, "Pero tú permanece en lo que has aprendido y te ha sido confiado, considerando de quiénes lo aprendiste." Que nos dice este versículo? Pablo dijo, ‘permanece en las cosas que yo te he enseñado’ Pablo les enseñó oralmente como se demuestra una y otra vez en Hechos. El le dice a Timoteo que permanezca en las tradiciones al comienzo, después que use la Escrituras para ventaja al final. El está diciendo, ‘Tradición’ y ‘Escritura’ van mano a mano. Sola Scriptura entonces no es Bíblica.

Sola Scriptura no es histórica tampoco, la doctrina no existía por los primeros 1500 años de Cristiandad. No había Biblias para las masas, pues cada una tenía que ser escrita a mano por los Monjes. Cada copia tomó muchos años para ser producida y eran inmensamente costosas. Incluso si hubieran habido suficiente copias, las que no habían, la gran mayoría de la población del mundo era analfabeta y no las podía leer en todo caso. Sola Scriptura, por lo tanto no trabaja, si no había Escritura para las masas para usar.
La falsa doctrina de Sola Scriptura, primeramente proclamada por Martin Luther, creó el ‘cada uno por si mismo’ síndrome para la interpretación de la Biblia. Cada individuo proclamaría ‘El Espíritu Santo me dijo’. Este modo de pensar vuela en la cara de lo que la Biblia enseña actualmente, la interpretación individual de las Escrituras no deben existir.

Ver Hechos 8:27-39, y 2Ped 1:20, y 2Ped 3:16-18. La creencia en Sola Scriptura es la razón primaria para el hecho de que hayan 28,000 astillas en protestantismo. Puede haber solamente una verdad, sin embargo cada astilla reclama, ‘el Espíritu me dijo’. Cada uno reclama la verdad, pero cada una tiene diferencias con las otras. La verdad es una, por lo tanto todas las Iglesias deberían estar unidas en una verdad. Podemos creer que hay 28,000 Espíritu Santos, cada uno diciendo a una secta protestante algo diferente, ¿o tal vez un Espíritu Santo dando una verdad diferente a cada una? La doctrina de Sola Escritura es claramente falsa, inventada solamente por hombres, y no tiene base en las Escrituras, ninguna.

Cualquiera que crea en la doctrina falsa de Solo Escritura, y rechaza tradición, está ‘sacando’ de la Palabra de Dios.

Están por lo tanto violando todos los versículos de la Biblia los cuales advierten, "No agregue, o saque, de la Palabra de Dios." Deut 4:2, 11:32, 13:1, Sal 12:7, 33:4, Sal 50:16-17, Prov 5:7, 30:5-6, Jer 23:36, Gal 1:8, 1Ped 1:24-25, 2Ped 3:15-16, Rev 22:18-20

Creo que si cualquiera es realmente serio acerca de creer solamente en Sola Scriptura, entonces debe estar de acuerdo que la Biblia tiene que descifrar la doctrina, o no se puede creer en ella. Si ese es el caso, entonces por favor, que alguien me muestre el versículo, para que yo pueda también creer en Sola Scriptura...





Yo creo, Señor; en Ti
que eres la Verdad Suprema.
Creo en todo lo que me has revelado.
Creo en todas las verdades
que cree y espera mi Santa Madre
la Iglesia Católica y Apostólica.
Fe en la que nací por tu gracia,
fe en la que quiero vivir y luchar
fe en la que quiero morir.

48. ¿Está María en San Pablo?... ¿Probamos a ver?

Fuente: Catholic.net
Autor: Pedro García Misionero Claretiano

El Papa Benedicto XVI estableció el Año del Apóstol San Pablo, comprendido entre las fechas 28 de Junio del 2008 al 29 de Junio del año 2009, para conmemorar el Bimilenario del nacimiento de Pablo, el hombre más providencial que Dios regaló a la Iglesia naciente.

En las meditaciones de los
lunes y miércoles realizaremos un modesto programa que pretende dar a conocer la vida del Apóstol y exponer en forma sencilla la doctrina cristiana de sus cartas inmortales, las catorce clásicas, incluida la de los Hebreos, la cual contiene claramente de principio a fin el pensamiento paulino, y encontrar por nosotros mismos las enseñanzas que Pablo nos transmite a todos. Pedro García Misionero Claretiano.
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¿Quieren saber, amigas y amigos, la lamentación y la pregunta que se me dirigió un día?… Fue ésta:

- ¡Ay! ¡Cómo siento no encontrar en las cartas de San Pablo nada sobre María! No sabe lo que me hubiera gustado el que Pablo nos dijera algo acerca de la Virgen!...

¿Por qué no se le ocurrió escribir algo sobre la Madre de Jesús?...
Esto, lo que se me dijo una vez.
Pero, ¿tenía razón quien así se lamentaba y quien hacía esa pregunta?...

No, no tenía razón alguna. Porque Pablo, sin poner el nombre de María, la cita una sola vez expresamente a Ella, ¡y vaya lo que nos dice de la Virgen!

Al pensar en sus palabras, nos encontramos con que María es la Madre de Dios y la Ma-dre nuestra. Es decir, confiesa la mayor grandeza de la Virgen-Madre, la mayor altura a que ha podido ascender una mujer: ¡Madre de Dios y Madre de todos los redimidos!

Empecemos por las palabras de Pablo, que dice escribiendo a los de Galacia:

“Cuando llegó la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para liberar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibiéramos la condición de hijos” (Gal 4,4-5)

Miremos lo que teólogos eminentes y doctores en Sagrada Escritura nos dicen sobre estas palabras de Pablo, tal como las debemos leer en la Biblia.

Esta expresión, “Cuando llegó la plenitud de los tiempos”, nos lleva atrás, muy atrás, en los días de la Biblia.

Hasta David, cuando el rey judío recibe del profeta Natán el anuncio de que Dios le va a dar un vástago que será el Mesías, el Rey de los siglos eternos (2S 7,12-16)

Hay que subir más atrás aún, hasta los Patriarcas como Abraham, a quien Dios prometía un descendiente, en el cual serían bendecidas todas las naciones del mundo (Gn 12,3)

Pero hay que ir más atrás todavía, al paraíso, cuando peca Adán, y Dios le dice al demonio escondido en la serpiente: “Voy a poner enemistades entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya. Ese descendiente de la mujer te machacará la cabeza” (Gn 3,15)

Sin embargo, aún no estamos en lo último. Hemos de hundirnos en la eternidad de Dios, cuando Dios, como nos dice Pablo, nos eligió en Cristo antes de la creación del mundo y decretó la encarnación de su Hijo (Ef 1,4)

Al ver Dios a su Hijo que se hacía Hombre, veía también, sin poderla separar de Él, a la Mujer que le iba a dar la carne nuestra, la naturaleza nuestra, la que le iba a hacer un Hombre como nosotros.

Por lo mismo, ¿dónde estaba María cuando Dios tomaba estas determinaciones y hacía estas promesas? María estaba en la mente de Dios, como la Mujer elegida que había de dar carne al Hijo de Dios, el cual sería Dios por ser el Hijo Unigénito de Dios, y sería también Hombre, hijo de una Mujer.

La Biblia llama “la plenitud de los tiempos” al momento oportuno en que había de venir al mundo el Cristo prometido. Cumplida esa “plenitud de los tiempos” recordada por Pablo, ahí estaba a punto María, la predestinada por Dios desde toda la eternidad para ser la Madre de Jesucristo su Hijo.

Al analizar las palabras de Pablo, nos encontramos con algo sorprendente. En el pueblo judío la mujer no figuraba para nada legalmente, sino sólo el varón. Por lo mismo, el Cristo debía venir y citarse siempre por el padre, nunca por la madre.

Y así lo vemos en la genealogía del Evangelio. Pero Mateo, al llegar a José -con nombres sólo de varones, uno tras otro, como descendiente de David y de Abraham-, detiene su lista, y salta con sorpresa a estas palabras:

“José, el esposo de María, de la cual nació Jesús” (Mt 1,16)

No entra José para nada como padre de Jesús.

Jesús no tiene más Padre que Dios, ni más Madre que María, una MADRE-VIRGEN.

Pablo dice lo mismo que el Evangelio: “Dios mandó a su Hijo nacido de mujer”.

Expresión clarísima de Maria la VIRGEN, tal como pensaba y lo sabía la Iglesia primitiva, conforme lo escribieron el Evangelio de Mateo y especialmente el de Lucas (Lc 1,35)

Pablo supo todo esto directamente de los apóstoles que habían estado con Jesús. Nos dice él mismo que conversó ampliamente con Pedro, con Santiago el pariente del Señor, y vio a Juan, el cual tenía consigo a la misma Virgen María (Hch Gal 1,18-21)Por todos ellos se enteró Pablo muy bien de los orígenes humanos de Jesús.

“Dios nos dio su Hijo, hecho de mujer, para que nosotros seamos hijos de Dios”. ¿Nos damos cuenta bien de lo que Pablo afirma?

Pablo, al saber el origen humano de Jesús, no pudo hablar mejor de María. En sus palabras hallamos esta confesión fundamental de nuestra fe: Jesús es verdadero Dios y verdadero Hombre, tan perfecto Hombre como perfecto Dios.

Y dice mucho más este afortunado texto de los Gálatas: por haber nacido Jesús de María, nosotros somos hijos de Dios.

Había llegado la plenitud de los tiempos.
Dios nos adoptaba como hijos suyos ya en el seno de María. Hijos adoptados, pero hijos de verdad, porque nos comunicaba su misma naturaleza divina en Cristo Jesús. Por Jesús, el Hijo de Dios e Hijo de María, los esclavos de la Ley se habían convertido en hijos amados de Dios.

La Maternidad de María se nos muestra aquí en todo su esplendor.

María es plenamente Madre, totalmente Madre.

María es Madre de Cristo, porque le dio su ser de Hombre.

María, al ser Madre de Cristo, es Madre de Dios, porque Cristo es Dios.

María es Madre nuestra, porque nos llevó con Cristo encerrados en su seno bendito.

Dios había elegido a María desde toda la eternidad para confiarle la misión más grandiosa que podía caber en una mujer: ser totalmente Madre, con una Maternidad que supera en grandeza los cielos y abarca en su amplitud a todas las gentes de la tierra. No cabe otra interpretación de las palabras de Pablo.

En esta misión grandiosa y sublime de María, elegida por Dios desde toda la eternidad, se fundamenta el culto que los cristianos tributamos a María. Honrando a María, la gloria de este culto termina en Cristo su Hijo, de quien le viene a María, la Virgen Madre, toda su grandeza.

Jesús, Hijo de Dios, es también Hijo de María, una Madre Virgen. Y siendo Madre de Jesús, es por lo mismo Madre espiritual de todos los redimidos.

María, Madre de Dios.

María, Madre nuestra.

¡Gracias, Pablo, por lo bien que nos lo has dicho!...

Ser mensajero que anuncia la Buena Nueva

Fuente: Catholic.net
Autor: P. Cipriano Sánchez LC

"[...] ¿cómo van a invocar al Señor, si no creen en él? ¿Y cómo van a creer en él, si no han oído hablar de él? ¿Y cómo van a oír hablar de él, si no hay nadie que se los anuncie?”. Estas preguntas, que San Pablo se hace en la carta a los Romanos, creo que tienen un especial significado en este tiempo de Adviento en el que estamos preparando la venida del Señor.

Vivimos en un mundo en el que muchas veces los valores cristianos no son comprendidos; y cuanto menos se comprenden, menos son apreciados. Y, cuántas veces, comprendidos y apreciados, no son seguidos, no son vividos. Tristemente, tenemos que confesar que la cultura que nos rodea influye mucho, que las situaciones en las que nos encontramos tienen un gran peso en el corazón. Y en cuántas ocasiones estas situaciones nos llevan a tomar decisiones, opciones, formas de pensar y modos de vivir que, en el fondo, arrancan a Cristo de nuestra existencia.

Una vocación a la vida cristiana no se puede dar sola, necesita los medios humanos para darse. Dios ha querido llegar a los hombres a través de otros hombres. San Pablo, en la carta a los romanos, citando la Escritura, dirá:
“¡Qué hermoso es ver correr sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la Buena Nueva!”.

Yo les invito a que en este Adviento llenen su alma de Cristo, colmen su corazón de una generosidad inmensa para seguir al Señor, para que cada uno de nosotros pueda ser mensajero de la Buena Nueva para la propia vida, mensajero de la Buena Nueva para la propia pareja, mensajero de la Buena Nueva para la propia familia y para la sociedad, porque entonces, Jesucristo no se queda atrás en generosidad para dar el segundo paso:
"Yo los haré pescadores de hombres”.

Solamente quien escucha la palabra de Cristo lo puede seguir, y al seguirlo le entrega todo su ser. Entrega a Cristo su vida, su libertad, sus triunfos y sus fracasos, sus gozos y sus tristezas, sus esperanzas y sus desesperanzas. La vida tiene que ser la conjunción de nuestra libertad dada a Cristo, apostada con Cristo, junto con el dejar que Él opere y transforme nuestra existencia. La pregunta que todos deberíamos hacernos en este Adviento es: ¿cómo entrego mi libertad a Cristo? ¿Cómo dejo que Él opere en mí?

El hombre y la mujer pueden no seguir a Cristo. Ese Simón y ese Andrés, que somos cada uno de nosotros, al escuchar el "sígueme”, puede no entregar su libertad a Cristo. Y en un primer momento parecería que no pasa nada. Y, quizá, es verdad: no pasa «nada». Es decir, la ley de mi vida puede irse convirtiendo en nada, en una vida sin sentido, porque he sacrificado lo que valía más por lo que me convenía más.

Es una opción que el ser humano debe tomar: seguir lo que vale más o seguir lo que me conviene más. Si sigo lo que vale más, cambiará mi vida. Si sigo lo que me conviene más, no pasará «nada». Pero, yo me pregunto: ¿quién es capaz de soportar la nada en el corazón?

Hay que abrirse a Cristo, hay que ofrecerle el corazón; hay que permitir que el Señor nos tome y nos lance a una decisión coherente, madura y exigente de cara a Jesucristo. Que el Adviento reafirme en el interior de cada uno de nosotros la decisión de ser, para los que amamos, auténticos pescadores de hombres, y que afiance en nuestro corazón la convicción de ser, para los que nos rodean, mensajeros que corren por los montes para llevarles la Buena Noticia de Dios.  

Dejemos de poner nuestro corazón en las cosas pasajeras

Fuente: Catholic.net
Autor: Ma Esther de Ariño

Estamos en tiempo de Adviento, tiempo santo de preparación para la Navidad.

Siempre que vamos a tener un gran acontecimiento en nuestras vidas, nos preparamos. Así se preparaban en los tiempos antiguos para la llegada del MESÍAS. Así nosotros hemos de prepararnos para esta Nochebuena, para esta Navidad en que celebraremos la llegada del Niño-Dios.

Esto es una conmemoración, pero también se nos pide una preparación muy especial para la segunda llegada de Jesucristo como Supremo Juez, también llamada Parusía en la que daremos cuenta del provecho que hayamos sacado de su Nacimiento y de su muerte de Cruz.

El día en que hemos e morir es el acontecimiento más grande e importante para el ser humano. No resulta agradable hablar de ello ni pensar en esto. Tal vez por ser lo único cierto que hay en nuestra vida: la muerte. Es más agradable quedarnos en la fiesta, en la alegría de una hermosa Navidad. Pero no olvidemos que este episodio ya fue. El otro está por venir. Aún no llega, pero ... llegará.
"Velen, pues, y hagan oración continuamente para que puedan comparecer seguros ante el Hijo del Hombre" - estas son las palabras de Jesús a sus discípulos, en aquellos tiempos según San Juan 21, 25-28,34-36 y nos las están repitiendo continuamente en nuestro presente.

Dejemos de poner nuestro corazón en las cosas pasajeras y pensemos más en los bienes eternos. ¿Quién podrá comparecer seguro ante el Hijo del Hombre? Tan solo el pensamiento de este Juicio nos hace estremecer.

Pero recobremos la esperanza sabiendo que seremos juzgados con gran misericordia y amor si en este tiempo de Adviento nos preparamos "
rebosante de amor mutuo y hacia los demás" -como dice San Pablo en su carta a los tesalonicenses: 3,12, 2-4 "porque tuve sed y me disteis de beber, porque tuve hambre y me disteis de comer"...

Pensemos en los demás. Olvidemos en este tiempo de Adviento nuestro pequeño mundo y volvamos los ojos a los que nos necesitan, a los que nada tienen, a los que podemos hacer felices dándoles nuestra compañía, nuestro amor y apoyo, una palabra de ternura y aliento, una sonrisa... Siempre está en nuestra mano hacer dichoso a un semejante. Solo así podremos estar seguros ante la presencia y el Juicio de Nuestro Señor Jesucristo que lleno de amor y misericordia unirá a nuestras pobres acciones los méritos de su Pasión y muerte.

La esperanza el "color" del Adviento

Fuente: Catholic.net
Autor: SS Benedicto XVI

... El Adviento es por excelencia la estación espiritual de la esperanza y en él la Iglesia entera está llamada a convertirse en esperanza, para ella misma y para el mundo.

Todo el organismo espiritual del Cuerpo místico asume, por así decir, el "color" de la esperanza. Todo el pueblo de Dios se pone en marcha atraído por este misterio: nuestro Dios es el "Dios que llega" y nos llama a salir a su encuentro.

¿Cómo?

Ante todo con esa forma universal de esperanza y de la espera que es
la oración, que encuentra su expresión eminente en los Salmos, palabras humanas en las que el mismo Dios ha puesto y pone continuamente en los labios y en los corazones de los creyentes la invocación de su venida.

Detengámonos, por tanto, unos instantes en los dos Salmos que aparecen consecutivamente en el libro bíblico: el 141 y el 142, según la numeración judía:

"Señor, te estoy llamando, ven de prisa, escucha mi voz cuando te llamo. Suba mi oración como incienso en tu presencia, el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde" (Salmo 141,1-2).

Así inicia el primer salmo de las primeras vísperas de la primera semana del Salterio: palabras que al inicio de Adviento cobran un nuevo "color", pues el Espíritu Santo hace que resuenen siempre de nuevo en nuestro interior, en la Iglesia en camino entre el tiempo de Dios y los tiempos de los hombres.


"Señor..., ven de prisa" (v. 1).

Es el grito de una persona que se siente en grave peligro, pero es también el grito de la Iglesia que entre las múltiples insidias que la circundan, que amenazan a su santidad, esa integridad irreprensible de la que habla el apóstol Pablo, pero que sin embargo debe ser conservada para la venida del Señor.

En esta invocación resuena también el grito de todos los justos, de todos los que quieren resistir al mal, a las seducciones de un bienestar inicuo, de placeres que ofenden a la dignidad humana y a la condición de los pobres.


Al inicio de Adviento, la liturgia de la Iglesia lanza nuevamente este grito, y lo eleva a Dios
"como incienso" (v. 2).

La ofrenda vespertina del incienso es, de hecho, símbolo de la oración, de la efusión de los corazones orientados a Dios, al Altísimo, así como
"el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde" (v. 2). En la Iglesia ya no se ofrecen sacrificios materiales, como sucedía también en el templo de Jerusalén, sino que se eleva la ofrenda espiritual de la oración, en unión con la de Jesucristo, que es al mismo tiempo Sacrificio y Sacerdote de la nueva y eterna Alianza. En el grito del Cuerpo místico, reconocemos la voz misma de la Cabeza: el Hijo de Dios que ha cargado con nuestras pruebas y tentaciones para darnos la gracia de su victoria.

(...)En su primera venida con la encarnación, el Hijo de Dios quiso compartir plenamente nuestra condición humana. Naturalmente no compartió el pecado, pero por nuestra salvación padeció todas las consecuencias. Al rezar el Salmo 142, la Iglesia revive cada vez la gracia de esta compasión, de esta "venida" del Hijo de Dios en la angustia humana hasta tocar fondo. El grito de esperanza de Adviento expresa, entonces, desde el inicio y de la manera más fuerte, toda la gravedad de nuestro estado, la extrema necesidad de salvación.

Es como decir: nosotros no esperamos al Señor como una hermosa decoración en un mundo ya salvado, sino como un camino único de liberación de un peligro mortal. Y nosotros sabemos que Él mismo, el Liberador, ha tenido que sufrir y morir para sacarnos de esta prisión. (...)

(...)Como María y con su maternal ayuda, seamos dóciles a la acción del Espíritu Santo para que el Dios de la paz nos santifique plenamente y la Iglesia se convierta en signo e instrumento de esperanza para todos los hombres. ¡Amén! 

domingo, enero 18, 2009

47. Con las Llagas de Cristo. Y con Pablo, otros y otros

Fuente: Catholic.net
Autor: Pedro García Misionero Claretiano


El Papa Benedicto XVI estableció el Año del Apóstol San Pablo, comprendido entre las fechas 28 de Junio del 2008 al 29 de Junio del año 2009, para conmemorar el Bimilenario del nacimiento de Pablo, el hombre más providencial que Dios regaló a la Iglesia naciente.

En las meditaciones de los
lunes y miércoles realizaremos un modesto programa que pretende dar a conocer la vida del Apóstol y exponer en forma sencilla la doctrina cristiana de sus cartas inmortales, las catorce clásicas, incluida la de los Hebreos, la cual contiene claramente de principio a fin el pensamiento paulino, y encontrar por nosotros mismos las enseñanzas que Pablo nos transmite a todos. Pedro García Misionero Claretiano.


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La carta de Pablo a los de Galacia termina con unas palabras tan misteriosas como su-blimes:

“¡Déjenme en paz! ¡No me sigan molestando más! Porque yo llevo en mi cuerpo las llagas de Jesús…

Estoy clavado en la misma cruz con Cristo…

Y lejos de mí el gloriarme sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo"
(Ga 2,20; 6, 14 y 17)

¿Qué significó esto de las llagas en Pablo, qué significa en la vida cristiana?...
Pablo ve en las llagas de Cristo, en las señales del martirio, el sello de su pertenencia a Cristo y la garantía de su apostolado.

Usaba Pablo con esas palabras una comparación trágica. Los estigmas eran las señales, marcadas con hierro rusiente, que se le imprimían en el cuerpo al esclavo para indicar el señor o dueño al que pertenecía.

Pablo se llamaba a sí mismo “esclavo de Jesucristo”, y venía a decir ahora:

¿Soy de veras de Jesucristo? ¿Soy su apóstol?... ¡Mírenme bien! No puedo esconder los estigmas de Cristo en mis carnes. Los azotes sin cuento, y las pedradas que en Listra me dejaron por muerto, dicen bien a las claras a quien pertenezco: ¡Soy de Jesucristo, y de nadie más!

Pero vienen ahora las preguntas inquietantes:

  • ¿Fue sólo Pablo el que llevó las llagas de Cristo marcadas en su cuerpo?
  • ¿Habla Pablo solamente de sí mismo o bien de todos los cristianos?
  • ¿Qué quiere decir con esas palabras: llagas, marcas, divisas?...

    Pablo se remonta con ellas a otro hecho muy superior: a la crucifixión de Jesucristo que por el bautismo sufre cada cristiano.
    Es una crucifixión mística, misteriosa, espiritual, moral.

    Si todos los bautizados llevan místicamente señaladas en su alma y en su ser de cristianos las llagas de Cristo, ha habido Santos que, por gracia muy singular de Dios, las han llevado visibles en su cuerpo.

    San Francisco de Asís fue el primero que recibió visibles las llagas de Cristo en el monte Alvernia, y se convirtió durante su vida en una imagen viviente del Señor Crucificado.

    En nuestros días tenemos a San Pío de Pietralcina, el famoso y tan querido Padre Pío, franciscano capuchino. Comprobado durante cuarenta años por decenas de miles de testigos, todos veían las llagas con sangre fresca cuando en el confesonario les absolvía el Santo o les daba la Comunión en la Santa Misa.

    Hubo amigo suyo que le dijo:

    - Padre, ¿y si le pedimos a Dios que nos permita aliviarle sus sufrimientos?...
    A lo que el Padre Pío contestó amable:
    - Esto no es para ustedes. Caerían desplomados.

    Ya se ve que aguatar los dolores de los clavos de la cruz tiene que ser algo superior a todas las fuerzas humanas, y que sólo con la gracia de Dios y un auxilio suyo extraordinario se puede soportar.

    Entonces, ¿dónde están las llagas de Jesús que lleva marcadas el cristiano?
    Unas palabras de San Pablo nos lo dicen con toda precisión: “Los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus malas inclinaciones” (Ga 5,24)

    Jesucristo clavó en la cruz el pecado para expiarlo, para destruirlo, para aniquilarlo. ¿Qué le toca por lo mismo hacer al cristiano que sigue a Jesucristo?

    Mirando a Jesucristo que cuelga del madero, no tiene el cristiano otra opción que dejarse clavar con Él aplastando a la serpiente infernal, sujeta y vencida al pie de la cruz.

    Aquel discípulo de Pablo se lo dice así a los lectores de su carta: “Todavía no han resistido ustedes hasta llegar a la sangre en su lucha contra el pecado” (Hbr 12,4)

    Las llagas de Cristo no son en el cristiano ni los azotes ni las pedradas de Pablo, o los balazos de tantos mártires en nuestros días, sino la violencia heroica con que lucha por mantenerse fiel a Dios.

    El instinto cristiano, guiado por el Espíritu Santo, ha visto los clavos de Jesucristo y sus llagas en los sufrimientos de la vida, cuando se saben sostener por amor a Jesucristo.

    ¿Qué es el trabajo de cada día?...
    ¿Qué es la enfermedad que sujeta en el lecho del dolor?...
    ¿Qué es la pobreza invencible muchas veces, sobre todo la pobreza injusta?...

    Todas estas contradicciones y muchas más son los clavos que abren las llagas de Cristo en el cuerpo y en el corazón de los seguidores de Jesús. Llagas dolorosas y gloriosas a la vez, porque si mantienen crucificado al discípulo de Cristo, manifiestan al mismo tiempo que vive ya en la tierra la gloria del Resucitado.

    En esta visión de Jesucristo sangrante en la cruz contempla el cristiano sus propias llagas, las cuales pierden su fuerza torturadora para convertirse en una gloria.

    Aquella mujercita anciana y enferma vivía en una chabola miserable, en nuestras mismas tierras latinoamericanas. Ni agua corriente, ni luz eléctrica, ni una cama decente, ni una cocinita de gas sino un fogón de leña…
    Eso, sí; las muchas estampas pegadas en las paredes de madera y cartón, sobre todo la gran lámina de Jesús Crucificado que dominaba toda la mísera estancia, pregonaban la piedad que aquella alma respiraba y difundía.
    Recibe la visita de una religiosa y misionera centroeuropea, que le lleva toda la ayuda que puede.
    La anciana y enferma se lo agradece, a la vez que le replica mirando la gran estampa del Santo Cristo:
    - Madrecita, ¿pero por qué se preocupa tanto por mi suerte? ¡Si todo esto mío no es nada en comparación de lo que mi Señor Jesucristo padeció por mí!...

    Aquella alma bendita, pobre a más no poder, era también a más no poder una gran santa, clavada como se veía con Jesucristo en la misma cruz.

    Son muchos los que sin apariencia alguna llevan las llagas tan reales como las del Mártir del Calvario. Son esos de los que habla Pablo en la carta a los Gálatas. Son los que luchan por la virtud cristiana, que les cuesta sacrificios constantes. Nos rodean. No nos damos cuenta de ellos. Pero forman toda una legión de héroes, de los cuales Jesucristo se siente orgulloso…

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