24 de noviembre - Italia Bolonia N.S. del Sagrado Corazón de Jesús
María, madre de amor
El amor hacia los hijos es un amor necesario; por eso -como reflexiona santo Tomás- Dios ha puesto en la divina ley, a los hijos, el precepto de amar a los padres; mas, por el contrario, no hay precepto expreso de que los padres amen a sus hijos, porque el amor hacia ellos está impreso en la naturaleza con tal fuerza que las mismas fieras, como dice san Ambrosio, no pueden dejar de amar a sus crías. Y así, cuentan los naturalistas, que los tigres, al oír los gritos de sus cachorros, presos por los cazadores, se arrojan al agua en persecución de los barcos que los llevan cautivos. Si hasta los tigres, parece decirnos nuestra amadísima madre María, no pueden olvidarse de sus cachorros, ¿cómo podré olvidarme de amaros, hijos míos? "¿Acaso puede olvidarse la mujer de su niño sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ella se olvidara, yo nunca me olvidaré de ti" (Is 49, 15). Si por un imposible una madre se olvidara de su hijo, es imposible, nos dice María, que yo pueda olvidarme de un hijo mío. María es nuestra madre, no ya según la carne, como queda dicho, sino por el amor. "Yo soy la madre del amor hermoso" (Pr 24, 24). El amor que nos tiene la ha hecho madre nuestra, y por eso se gloría, dice un autor, en ser madre de amor, porque habiéndonos tomado a todos por hijos es todo amor para con nosotros. ¿Quién podrá explicar el amor que nos tiene a nosotros miserables pecadores? Dice Arnoldo de Chartres que ella, al morir Jesucristo, deseaba con inmenso ardor morir junto al hijo por nuestro amor. Y así, cuando el Hijo -dice san Ambrosio- colgaba moribundo en la cruz, María hubiera querido ofrecerse a los verdugos para dar la vida por nosotros.
Fragmento de « Las glorias de María » - San Alfonso de Ligorio, doctor de la Iglesia
domingo, noviembre 25, 2007
23 de noviembre - Italia N. S. de la Asunción (1624 )
María en el Templo (III)
Y María fue encargada de tejer el púrpura y el escarlata. En el Apocalipsis de Baruch, texto que data de finales del siglo primero, se confirma la existencia de las vírgenes que permanecían en el Templo para tejer el santo velo: «Y ustedes las vírgenes que tejéis el biso y la seda, el oro de Ofir, daos prisa, tomadlo todo y lanzadlo al fuego, que él lo devuelva a su Autor y que las llamas lo conduzcan a su Creador, para evitar que los enemigos se lo apoderen.» Y más adelante: « En el Templo, el Sumo Sacerdote dice, hablando de las vírgenes y del velo: "Sorteadlo, para saber quién tejerá el oro, el lino, la seda, el púrpura violeta, el escarlata y la verdadera púrpura." "Y a María le fue asignado tejer el púrpura y el escarlata" señala haciendo eco al texto apócrifo del Proto-evangelio de Santiago. La mirada de fe cristiana puede reconocer en ese tejido el púrpura escarlata, representado en ciertos iconos de la Anunciación, la carne del Hijo de Dios que la Virgen tejerá en su seno.
Fragmento del Apocalipsis de Baruch Texto apócrifo del Siglo
María en el Templo (III)
Y María fue encargada de tejer el púrpura y el escarlata. En el Apocalipsis de Baruch, texto que data de finales del siglo primero, se confirma la existencia de las vírgenes que permanecían en el Templo para tejer el santo velo: «Y ustedes las vírgenes que tejéis el biso y la seda, el oro de Ofir, daos prisa, tomadlo todo y lanzadlo al fuego, que él lo devuelva a su Autor y que las llamas lo conduzcan a su Creador, para evitar que los enemigos se lo apoderen.» Y más adelante: « En el Templo, el Sumo Sacerdote dice, hablando de las vírgenes y del velo: "Sorteadlo, para saber quién tejerá el oro, el lino, la seda, el púrpura violeta, el escarlata y la verdadera púrpura." "Y a María le fue asignado tejer el púrpura y el escarlata" señala haciendo eco al texto apócrifo del Proto-evangelio de Santiago. La mirada de fe cristiana puede reconocer en ese tejido el púrpura escarlata, representado en ciertos iconos de la Anunciación, la carne del Hijo de Dios que la Virgen tejerá en su seno.
Fragmento del Apocalipsis de Baruch Texto apócrifo del Siglo
jueves, noviembre 22, 2007
¿Cuándo llegará el fin del mundo?
Fuente: Catholic.net
Autor: P. Sergio Córdova LC
Lucas 21, 5-19
En aquel tiempo, como dijeran algunos, acerca del Templo, que estaba adornado de bellas piedras y ofrendas votivas, él dijo: "Esto que veis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida." Le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo sucederá eso? Y ¿cuál será la señal de que todas estas cosas están para ocurrir?" El dijo: "Mirad, no os dejéis engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: "Yo soy" y "el tiempo está cerca". No les sigáis. Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no os aterréis; porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato." Entonces les dijo: "Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos, peste y hambre en diversos lugares, habrá cosas espantosas, y grandes señales del cielo. "Pero, antes de todo esto, os echarán mano y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y cárceles y llevándoos ante reyes y gobernadores por mi nombre; esto os sucederá para que deis testimonio. Proponed, pues, en vuestro corazón no preparar la defensa, porque yo os daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios. Seréis entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros, y seréis odiados de todos por causa de mi nombre. Pero no perecerá ni un cabello de vuestra cabeza. Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.
REFLEXION
Son impresionantes las palabras que nuestro Señor nos transmite hoy en el santo Evangelio. Y se trata de un tema que nos suscita naturalmente una gran curiosidad. La pregunta por nuestro futuro personal y por el final de los tiempos despierta en todos un especial interés.
“Esto que contempláis –dijo Jesús, contemplando el templo de Jerusalén— llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido”. Era obvio que unas palabras proféticas de tanto calibre, y puestas en los labios del Maestro, hicieran surgir muchas preguntas en la mente y en el corazón de los discípulos. Seguramente también a nosotros nos habrían surgido espontáneamente los mismos interrogantes: “¿Cuándo va a ocurrir eso? ¿Y cuál será la señal de que eso está para suceder?”. Todos queremos conocer el cómo y el cuándo de esas profecías.
Sin embargo, las palabras de Jesús no son tan sencillas de comprender. Gran parte de la literatura profética, apocalíptica y escatológica de Israel está tejida con un lenguaje simbólico y unas imágenes de no fácil interpretación.
Malaquías y Zacarías, por ejemplo, hablan de un “horno ardiente”, de “paja” y de “fuego inextinguible” –palabras que luego retomaría Juan el Bautista en su predicación a los judíos para preparar la llegada del Mesías—. Un lenguaje semejante usan también los otros profetas, por no hablar de las imágenes intrincadas del profeta Daniel, Ezequiel y otros textos apocalípticos.
Una característica de este género apocalíptico es la sobreposición de los diversos planos históricos. Nuestro Señor parece como si estuviera hablando del futuro próximo de Jerusalén, pero luego da el salto al fin de los tiempos. Y nos da unas “señales” que no nos explican suficientemente el tiempo que quiere indicarnos.
Por una parte, hace una clara alusión a la destrucción del templo de Jerusalén –que, como sabemos, ocurriría sólo cuatro décadas después de este anuncio del Señor—. Vespasiano y Tito, en efecto, debido a las múltiples revueltas de los judíos, asediaron y destruyeron la ciudad santa el año 70, y dieron lugar a la diáspora del pueblo de Israel.
Pero nuestro Señor también nos anuncia un período de guerras, terremotos, hambres y epidemias. Y anuncia a sus discípulos un tiempo de persecuciones, encarcelamientos, traiciones, odios, violencias, juicios en los tribunales y muertes por su nombre. Pero esto ha sucedido siempre a lo largo de la historia, en casi todas las épocas de la vida de los hombres. Las persecuciones contra los cristianos iniciaron, de hecho, muy pronto. No había pasado siquiera una generación. Jesús fue crucificado el 7 de abril del año 30 de nuestra era. Y el año 54 ya había estallado la primera gran persecución religiosa en el imperio romano, a manos del fatídico emperador Nerón. Y no hablamos de las persecuciones judías, que comenzaron en Jerusalén apenas tres años después de la muerte de Cristo.
Tácito y Suetonio –además de las actas de los mártires— nos narran que muchísimos cristianos murieron en el circo devorados por las fieras, o que fueron torturados o quemados vivos, ardiendo como antorchas humanas en la capital del imperio. Pero todos ellos ennoblecieron con su sangre gloriosa las páginas del cristianismo, ya desde sus orígenes, y su sangre fue –según el sentir de Tertuliano— “semilla de nuevos cristianos”. Y desde entonces nunca han faltado las persecuciones. Más aún, parece que cada día se han ido incrementando más y más. El siglo XX, que apenas acaba de concluir, ha sido uno de los más sufridos y de los gloriosos en la historia de la Iglesia. Y muchos de esos mártires han sido contemporáneos nuestros.
Pero además, parece que nuestro Señor hace mención, en su lenguaje apocalíptico, al final de los tiempos. Nos da señales “claras” de lo que va a suceder antes del fin del mundo; pero son, al mismo tiempo, señales “confusas” porque eso ya ha sucedido muchas veces a lo largo de la historia. “Todo esto –nos dice Cristo— tiene que suceder primero, pero el final no vendrá enseguida”.
Por lo cual, yo creo que nuestro Señor se expresó de esta manera con plena conciencia para que nosotros entendiéramos y no entendiéramos a la vez. Ésa es una de las características del misterio. Barruntamos algo, intuimos algo, pero la mayor parte de la realidad queda velada a nuestros ojos. Y lo hizo el Señor así para que comprendiéramos que el final de los tiempos está sucediendo en el “hoy” de nuestra vida. El final de los tiempos está ya presente y el único tiempo cierto es el de la conversión.
Cada día es un reto y una exigencia de fidelidad a Cristo. No nos distraigamos haciendo conjeturas sobre el cómo y el cuándo de un futuro desconocido y de un final de los tiempos que seguramente no nos tocará a nosotros ver ni vivir. Más bien, concentremos la atención y todo el empeño de nuestro ser en vivir con fidelidad el momento presente, llegando incluso hasta el martirio en nuestra entrega a Jesucristo. El martirio que nos toca vivir a nosotros ahora no un martirio cruento, sino el de una entrega silenciosa, callada, pero llena de amor; y, a los ojos de Dios, tal vez se trate de un martirio no menos heroico que el de muchos hermanos nuestros.
Ojalá que cada cristiano, que tú y yo, seamos auténticos seguidores de Jesús y que demos un testimonio público y valiente de nuestra fe en el mundo de hoy: con nuestra oración, nuestra caridad, la pureza de nuestras costumbres y comportamientos, la entrega a Dios y a los demás, y la oblación generosa de nuestra vida verdaderamente cristiana y santa.
Autor: P. Sergio Córdova LC
Lucas 21, 5-19
En aquel tiempo, como dijeran algunos, acerca del Templo, que estaba adornado de bellas piedras y ofrendas votivas, él dijo: "Esto que veis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida." Le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo sucederá eso? Y ¿cuál será la señal de que todas estas cosas están para ocurrir?" El dijo: "Mirad, no os dejéis engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: "Yo soy" y "el tiempo está cerca". No les sigáis. Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no os aterréis; porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato." Entonces les dijo: "Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos, peste y hambre en diversos lugares, habrá cosas espantosas, y grandes señales del cielo. "Pero, antes de todo esto, os echarán mano y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y cárceles y llevándoos ante reyes y gobernadores por mi nombre; esto os sucederá para que deis testimonio. Proponed, pues, en vuestro corazón no preparar la defensa, porque yo os daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios. Seréis entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros, y seréis odiados de todos por causa de mi nombre. Pero no perecerá ni un cabello de vuestra cabeza. Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.
REFLEXION
Son impresionantes las palabras que nuestro Señor nos transmite hoy en el santo Evangelio. Y se trata de un tema que nos suscita naturalmente una gran curiosidad. La pregunta por nuestro futuro personal y por el final de los tiempos despierta en todos un especial interés.
“Esto que contempláis –dijo Jesús, contemplando el templo de Jerusalén— llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido”. Era obvio que unas palabras proféticas de tanto calibre, y puestas en los labios del Maestro, hicieran surgir muchas preguntas en la mente y en el corazón de los discípulos. Seguramente también a nosotros nos habrían surgido espontáneamente los mismos interrogantes: “¿Cuándo va a ocurrir eso? ¿Y cuál será la señal de que eso está para suceder?”. Todos queremos conocer el cómo y el cuándo de esas profecías.
Sin embargo, las palabras de Jesús no son tan sencillas de comprender. Gran parte de la literatura profética, apocalíptica y escatológica de Israel está tejida con un lenguaje simbólico y unas imágenes de no fácil interpretación.
Malaquías y Zacarías, por ejemplo, hablan de un “horno ardiente”, de “paja” y de “fuego inextinguible” –palabras que luego retomaría Juan el Bautista en su predicación a los judíos para preparar la llegada del Mesías—. Un lenguaje semejante usan también los otros profetas, por no hablar de las imágenes intrincadas del profeta Daniel, Ezequiel y otros textos apocalípticos.
Una característica de este género apocalíptico es la sobreposición de los diversos planos históricos. Nuestro Señor parece como si estuviera hablando del futuro próximo de Jerusalén, pero luego da el salto al fin de los tiempos. Y nos da unas “señales” que no nos explican suficientemente el tiempo que quiere indicarnos.
Por una parte, hace una clara alusión a la destrucción del templo de Jerusalén –que, como sabemos, ocurriría sólo cuatro décadas después de este anuncio del Señor—. Vespasiano y Tito, en efecto, debido a las múltiples revueltas de los judíos, asediaron y destruyeron la ciudad santa el año 70, y dieron lugar a la diáspora del pueblo de Israel.
Pero nuestro Señor también nos anuncia un período de guerras, terremotos, hambres y epidemias. Y anuncia a sus discípulos un tiempo de persecuciones, encarcelamientos, traiciones, odios, violencias, juicios en los tribunales y muertes por su nombre. Pero esto ha sucedido siempre a lo largo de la historia, en casi todas las épocas de la vida de los hombres. Las persecuciones contra los cristianos iniciaron, de hecho, muy pronto. No había pasado siquiera una generación. Jesús fue crucificado el 7 de abril del año 30 de nuestra era. Y el año 54 ya había estallado la primera gran persecución religiosa en el imperio romano, a manos del fatídico emperador Nerón. Y no hablamos de las persecuciones judías, que comenzaron en Jerusalén apenas tres años después de la muerte de Cristo.
Tácito y Suetonio –además de las actas de los mártires— nos narran que muchísimos cristianos murieron en el circo devorados por las fieras, o que fueron torturados o quemados vivos, ardiendo como antorchas humanas en la capital del imperio. Pero todos ellos ennoblecieron con su sangre gloriosa las páginas del cristianismo, ya desde sus orígenes, y su sangre fue –según el sentir de Tertuliano— “semilla de nuevos cristianos”. Y desde entonces nunca han faltado las persecuciones. Más aún, parece que cada día se han ido incrementando más y más. El siglo XX, que apenas acaba de concluir, ha sido uno de los más sufridos y de los gloriosos en la historia de la Iglesia. Y muchos de esos mártires han sido contemporáneos nuestros.
Pero además, parece que nuestro Señor hace mención, en su lenguaje apocalíptico, al final de los tiempos. Nos da señales “claras” de lo que va a suceder antes del fin del mundo; pero son, al mismo tiempo, señales “confusas” porque eso ya ha sucedido muchas veces a lo largo de la historia. “Todo esto –nos dice Cristo— tiene que suceder primero, pero el final no vendrá enseguida”.
Por lo cual, yo creo que nuestro Señor se expresó de esta manera con plena conciencia para que nosotros entendiéramos y no entendiéramos a la vez. Ésa es una de las características del misterio. Barruntamos algo, intuimos algo, pero la mayor parte de la realidad queda velada a nuestros ojos. Y lo hizo el Señor así para que comprendiéramos que el final de los tiempos está sucediendo en el “hoy” de nuestra vida. El final de los tiempos está ya presente y el único tiempo cierto es el de la conversión.
Cada día es un reto y una exigencia de fidelidad a Cristo. No nos distraigamos haciendo conjeturas sobre el cómo y el cuándo de un futuro desconocido y de un final de los tiempos que seguramente no nos tocará a nosotros ver ni vivir. Más bien, concentremos la atención y todo el empeño de nuestro ser en vivir con fidelidad el momento presente, llegando incluso hasta el martirio en nuestra entrega a Jesucristo. El martirio que nos toca vivir a nosotros ahora no un martirio cruento, sino el de una entrega silenciosa, callada, pero llena de amor; y, a los ojos de Dios, tal vez se trate de un martirio no menos heroico que el de muchos hermanos nuestros.
Ojalá que cada cristiano, que tú y yo, seamos auténticos seguidores de Jesús y que demos un testimonio público y valiente de nuestra fe en el mundo de hoy: con nuestra oración, nuestra caridad, la pureza de nuestras costumbres y comportamientos, la entrega a Dios y a los demás, y la oblación generosa de nuestra vida verdaderamente cristiana y santa.
El canasto
Hola Dios! ¿Como estas?... Te escribo para saludarte y porque ahora si tengo que surtirme, pues la "canasta básica" con que me mandaste al mundo, se me ha ido agotando a lo largo de estos años…
Por ejemplo, la paciencia se me acabo por completo, igual que la prudencia y la tolerancia.
Ya me quedan poquitas esperanzas y el frasquito de fe, esta también vacío.
La imaginación también esta escaseando por estos rumbos.También debes saber que hay cosas de la canasta que ya no necesito como la dependencia y esa facilidad para hacer berrinches, que tantos corajes y problemas me han ocasionado. Así que quisiera pedirte nuevos productos para la canasta…Para empezar me gustaría que rellenaras los frascos de paciencia y tolerancia (pero hasta el tope), y mándame por favor el curso intensivo "Como ser mas prudente", volúmenes 1, 2 y 3.
Envíame también varias bolsas grandes, pero "bolsas grandes" de madurez que tanta falta me hace.
También quisiera un costal de sonrisas, de esas que alegran el día a cualquiera.
Te pido que me mandes dos piedras grandes y pesadas para atarlas a mis pies y tenerlos siempre sobre la tierra.
Si tienes por ahí guardada una brújula para orientarme y tomar el camino correcto, te lo agradecería mucho.
Regálame imaginación otra vez; pero no demasiada, porque debo confesar que en algunas ocasiones tome grandes cantidades y me empacho.Nuevas ilusiones y una doble ración de fe y esperanza también me caería excelente.
Te pido también una paleta de colores para pintar mi vida cuando la vea gris y oscura.
Me sería muy útil un bote de basura para tirar todo lo que me hace daño. Por favor mándame un botecito de merthiolate y una cajita de curitas para sanar mi corazón, porque últimamente ha tropezado bastante y tiene muchos raspones.Te pido unos disquetes, porque tengo el cerebro lleno de información y necesito espacio para guardar más.
Te pido muchas zanahorias, para tener buena vista y no dejar pasar las oportunidades por no verlas. Necesito también un reloj grande, muy grande, para que cada vez que lo vea me acuerde de que el tiempo corre y no debo desperdiciarlo.
Podrías mandarme muchísima fuerza y seguridad en mi mismo, se que voy a necesitarlas para soportar los tiempo difíciles y para levantarme cuando caiga.También quisiera un bote de pastillas de las que hacen que crezca la fuerza de voluntad y el empeño, para que me vaya bien en la vida y te pido unas tres o cuatro toneladas de "ganas de vivir", para cumplir mis sueños.
Necesito también una pluma con mucha tinta, para escribir todos mis logros y mis fracasos.
Pero más que nada, te pido que me des mucha vida, para lograr todo lo que tengo en mente y para que el día que me vaya contigo, tenga algo que llevarte y veas que no desperdicie el tiempo aquí en la Tierra.
Autor desconocido
Por ejemplo, la paciencia se me acabo por completo, igual que la prudencia y la tolerancia.
Ya me quedan poquitas esperanzas y el frasquito de fe, esta también vacío.
La imaginación también esta escaseando por estos rumbos.También debes saber que hay cosas de la canasta que ya no necesito como la dependencia y esa facilidad para hacer berrinches, que tantos corajes y problemas me han ocasionado. Así que quisiera pedirte nuevos productos para la canasta…Para empezar me gustaría que rellenaras los frascos de paciencia y tolerancia (pero hasta el tope), y mándame por favor el curso intensivo "Como ser mas prudente", volúmenes 1, 2 y 3.
Envíame también varias bolsas grandes, pero "bolsas grandes" de madurez que tanta falta me hace.
También quisiera un costal de sonrisas, de esas que alegran el día a cualquiera.
Te pido que me mandes dos piedras grandes y pesadas para atarlas a mis pies y tenerlos siempre sobre la tierra.
Si tienes por ahí guardada una brújula para orientarme y tomar el camino correcto, te lo agradecería mucho.
Regálame imaginación otra vez; pero no demasiada, porque debo confesar que en algunas ocasiones tome grandes cantidades y me empacho.Nuevas ilusiones y una doble ración de fe y esperanza también me caería excelente.
Te pido también una paleta de colores para pintar mi vida cuando la vea gris y oscura.
Me sería muy útil un bote de basura para tirar todo lo que me hace daño. Por favor mándame un botecito de merthiolate y una cajita de curitas para sanar mi corazón, porque últimamente ha tropezado bastante y tiene muchos raspones.Te pido unos disquetes, porque tengo el cerebro lleno de información y necesito espacio para guardar más.
Te pido muchas zanahorias, para tener buena vista y no dejar pasar las oportunidades por no verlas. Necesito también un reloj grande, muy grande, para que cada vez que lo vea me acuerde de que el tiempo corre y no debo desperdiciarlo.
Podrías mandarme muchísima fuerza y seguridad en mi mismo, se que voy a necesitarlas para soportar los tiempo difíciles y para levantarme cuando caiga.También quisiera un bote de pastillas de las que hacen que crezca la fuerza de voluntad y el empeño, para que me vaya bien en la vida y te pido unas tres o cuatro toneladas de "ganas de vivir", para cumplir mis sueños.
Necesito también una pluma con mucha tinta, para escribir todos mis logros y mis fracasos.
Pero más que nada, te pido que me des mucha vida, para lograr todo lo que tengo en mente y para que el día que me vaya contigo, tenga algo que llevarte y veas que no desperdicie el tiempo aquí en la Tierra.
Autor desconocido
VALE LA PENA TOMARSE UNOS MINUTOS, Y REFLEXIONAR SOBRE LA FRASE FINAL....
seguro, tenes un buen dìa!! HISTORIA QUE DA PARA PENSAR
En una cena de camaradería, en el Club CILSA de la ciudad de Santa Fe, que aglutina especialmente a amigos y familiares de niños con capacidades especiales, el padre de uno de estos chicos, pronunció un discurso que nunca será olvidado por las personas que lo escucharon. Después de felicitar y exaltar a la institución y a todos los que trabajan por y para ella, este padre, hizo el siguiente razonamiento:-
"Cuando no hay agentes externos que interfieran con la naturaleza, el orden natural de las cosas alcanza la perfección. Pero mi hijo, no puede aprender como otros chicos lo hacen. No puede entender las cosas como otros chicos. ¿Donde está el orden natural de las cosas en mi hijo?"
La audiencia quedó impactada por la pregunta. El padre del niño continuó diciendo:-
"Yo creo que cuando un niño como Facundo, física y mentalmente discapacitado viene al mundo, una oportunidad de ver la verdadera naturaleza humana se presenta, y se manifiesta en la forma en la que otras personas tratan a ese niño".
Entonces contó que un día caminaba con su hijo, por la vereda de un pequeño club de barrio, donde, tras un alambrado, algunos chicos jugaban al fútbol.
Facundo le preguntó a su padre: "¿Crees que me dejen jugar?"
Su padre sabía que a la mayoría de los muchachitos nos les gustaría que alguien como Facundo jugara en su equipo, pero el padre también entendió que si le permitían jugar a su hijo, le darían un sentido de pertenencia muy necesario y la confianza de ser aceptado por otros a pesar de sus habilidades especiales.
Ingresaron por una abertura del alambrado, que en otro tiempo había poseído una pequeño portón de chapa. Cuando en el transcurso del juego, se acercó al sitio donde estaban parados, el chico que tenía la raída cinta de Capitán de uno de los equipos que estaban jugando, en su brazo izquierdo, y le preguntó (sin esperar mucho) asi:
"Facundo, podría jugar..."El chico miró alrededor, como buscando alguien que lo aconsejara y dijo:
- Estamos perdiendo por dos a uno... Y al partido le quedan unos quince minutos... Supongo que puede unirse a nuestro grupo de suplentes y trataremos de que entre un rato antes del final.
Facundo se desplazó con dificultad hasta "el banco de suplentes" y con una amplia sonrisa, se puso una camiseta del equipo, traspirada y abandonada en el suelo por un jugador reemplazado, que, fuera de la cancha, se encontraba absorto, frotándose un tobillo hinchado. Mientras Facundo se sentaba entre el grupo de los que esperaban su posibilidad de jugar, su padre lo contemplaba.
Los otros chicos notaron algo muy evidente:
la felicidad del padre cuando su hijo era aceptado.
Cuando faltaban cinco minutos para terminar el partido, el equipo de Facundo logró empatar el encuentro, con un verdadero "cañonazo" increíble, desde la mitad de la cancha, que sorprendió al encandilado arquero, al venir del lado del sol, que caía con la tarde..
Quedaban algunos instantes cuando ocurrió otro hecho notable: una mala entrega de un defensor adversario, permitió al centrodelantero "del equipo de Facundo" hacerse de la pelota en el área y cuando se aprestaba a definir con todas las posibilidades, el defensor, ofuscado por su desafortunada jugada anterior, lo "barrió" desde atrás; pitando el árbitro sin titubear: ¡penal!. ¡Penal sobre la hora...!
En medio de los acalorados festejos del equipo, por la incomparable oportunidad de ganar y "¡sobre la hora!" al tradicional oponente, se vio que el centro delantero, encargado principal de patear los penales, apenas podía ponerse en pie por el fuerte golpe recibido.
Fue allí que el muchachito con la cinta de Capitán del equipo, convocó al grupo de jugadores que deliberaba sobre quién patearía la pena máxima, y les indicó a todos, a voz en cuello, y señalándolo a Facundo:
- "¡Tenemos entre los suplentes, al mejor pateador de penales del equipo! ¡Nos queda un cambio!. Y dirigiéndose al árbitro le indicó:
-¡Yo salgo!. ¡Y él entra a patear el penal!
El referí aceptó la propuesta, mientras autorizaba el relevo de los jugadores, en medio de la sorpresa del resto del equipo del Capitán, que se dirigía hacia Facundo, sentado aturdido en el borde del campo.Llegó a su lado, le dio la mano y... De un tirón, lo puso de pie, le dio un ligero abrazo y cuando se alejaba despreocupado, giró y le gritó: - ¡Suerte!...
Facundo, obviamente extasiado sólo por estar en el juego y en el campo, sonreía de oreja a oreja mientras su padre lo animaba desde un poco más lejos, mientras en su cabeza un torbellino de preguntas se sucedían sin control: "con esta oportunidad, ¿le dejaban patear y renunciar a la posibilidad de ganar el partido?"
Sorprendentemente, Facundo ingresó a la cancha. Sus dificultosos pasitos y su desmañada figura, indicaron a todos los jugadores del campo, que un certero disparo por parte de Facundo era imposible. Así hubiera sido un teórico experto en fútbol, todos se dieron cuenta de que no podría, quizás, hacer llegar la pelota al arco.
Sin embargo, mientras se paraba delante de la pelota ubicada en el círculo, a doce pasos del arquero oponente, el padre de Facundo tuvo la fuerte sensación de que quizás..., el otro equipo..., estuviera dispuesto a perder..., ¡para permitirle a su hijo tener un gran momento en su vida!
Facundo se movió unos pasos al frente y golpeó la pelota muy suavemente. El arquero, que notó obviamente la dirección que llevaba el balón, se arrojó hacia ese costado..., ¡pero como para "sacarla" desde el ángulo superior del arco...! ... Mientras la pelota, ingresaba... apenas rodando bajo su cuerpo... ¡y trasponía la línea del gol.!
El árbitro convalidó el tanto y pitó dando por terminado el partido... Facundo, con sus brazos en alto, rebosando felicidad, giró la cabeza mirando a su padre... mientras (cosa extraña) los jugadores de ambos equipos lo vitoreaban y abrazaban como el héroe que convirtió el gol que dio a su país el campeonato mundial de fútbol ..."
Ese día", dijo el padre, "los chicos de los dos equipos, ayudaron, dándole a este mundo un trozo de verdadero, cálido y prístino, amor humano".
Facundo no sobrevivió otro verano.
Murió ese invierno..., sin olvidar nunca haber sido el héroe... y haber hecho a su padre muy feliz...., haber llegado a casa.. . y ver a su madre llorando de felicidad y ¡abrazando a su héroe del día...!
PEQUEÑA NOTA PARA ESTE MENSAJE:
Mandamos cientos de bromas por correo electrónico, sin pensarlo dos veces. Pero cuando nos llega un mensaje como éste, sobre las opciones de la vida. La gente duda...
Tal vez estés considerando reenviar éste... Pero pienses que tus contactos no son los "apropiados" para este tipo de mensajes. Quien te lo envía, supone que juntos pueden hacer la diferencia...
Nosotros tenemos miles de oportunidades cada día para ayudar a que se realice "el orden natural de las cosas...." ¿Y las aprovechamos...?
Un sabio dijo una vez que: "Toda sociedad será juzgada, por como trata a los menos afortunados..."
En una cena de camaradería, en el Club CILSA de la ciudad de Santa Fe, que aglutina especialmente a amigos y familiares de niños con capacidades especiales, el padre de uno de estos chicos, pronunció un discurso que nunca será olvidado por las personas que lo escucharon. Después de felicitar y exaltar a la institución y a todos los que trabajan por y para ella, este padre, hizo el siguiente razonamiento:-
"Cuando no hay agentes externos que interfieran con la naturaleza, el orden natural de las cosas alcanza la perfección. Pero mi hijo, no puede aprender como otros chicos lo hacen. No puede entender las cosas como otros chicos. ¿Donde está el orden natural de las cosas en mi hijo?"
La audiencia quedó impactada por la pregunta. El padre del niño continuó diciendo:-
"Yo creo que cuando un niño como Facundo, física y mentalmente discapacitado viene al mundo, una oportunidad de ver la verdadera naturaleza humana se presenta, y se manifiesta en la forma en la que otras personas tratan a ese niño".
Entonces contó que un día caminaba con su hijo, por la vereda de un pequeño club de barrio, donde, tras un alambrado, algunos chicos jugaban al fútbol.
Facundo le preguntó a su padre: "¿Crees que me dejen jugar?"
Su padre sabía que a la mayoría de los muchachitos nos les gustaría que alguien como Facundo jugara en su equipo, pero el padre también entendió que si le permitían jugar a su hijo, le darían un sentido de pertenencia muy necesario y la confianza de ser aceptado por otros a pesar de sus habilidades especiales.
Ingresaron por una abertura del alambrado, que en otro tiempo había poseído una pequeño portón de chapa. Cuando en el transcurso del juego, se acercó al sitio donde estaban parados, el chico que tenía la raída cinta de Capitán de uno de los equipos que estaban jugando, en su brazo izquierdo, y le preguntó (sin esperar mucho) asi:
"Facundo, podría jugar..."El chico miró alrededor, como buscando alguien que lo aconsejara y dijo:
- Estamos perdiendo por dos a uno... Y al partido le quedan unos quince minutos... Supongo que puede unirse a nuestro grupo de suplentes y trataremos de que entre un rato antes del final.
Facundo se desplazó con dificultad hasta "el banco de suplentes" y con una amplia sonrisa, se puso una camiseta del equipo, traspirada y abandonada en el suelo por un jugador reemplazado, que, fuera de la cancha, se encontraba absorto, frotándose un tobillo hinchado. Mientras Facundo se sentaba entre el grupo de los que esperaban su posibilidad de jugar, su padre lo contemplaba.
Los otros chicos notaron algo muy evidente:
la felicidad del padre cuando su hijo era aceptado.
Cuando faltaban cinco minutos para terminar el partido, el equipo de Facundo logró empatar el encuentro, con un verdadero "cañonazo" increíble, desde la mitad de la cancha, que sorprendió al encandilado arquero, al venir del lado del sol, que caía con la tarde..
Quedaban algunos instantes cuando ocurrió otro hecho notable: una mala entrega de un defensor adversario, permitió al centrodelantero "del equipo de Facundo" hacerse de la pelota en el área y cuando se aprestaba a definir con todas las posibilidades, el defensor, ofuscado por su desafortunada jugada anterior, lo "barrió" desde atrás; pitando el árbitro sin titubear: ¡penal!. ¡Penal sobre la hora...!
En medio de los acalorados festejos del equipo, por la incomparable oportunidad de ganar y "¡sobre la hora!" al tradicional oponente, se vio que el centro delantero, encargado principal de patear los penales, apenas podía ponerse en pie por el fuerte golpe recibido.
Fue allí que el muchachito con la cinta de Capitán del equipo, convocó al grupo de jugadores que deliberaba sobre quién patearía la pena máxima, y les indicó a todos, a voz en cuello, y señalándolo a Facundo:
- "¡Tenemos entre los suplentes, al mejor pateador de penales del equipo! ¡Nos queda un cambio!. Y dirigiéndose al árbitro le indicó:
-¡Yo salgo!. ¡Y él entra a patear el penal!
El referí aceptó la propuesta, mientras autorizaba el relevo de los jugadores, en medio de la sorpresa del resto del equipo del Capitán, que se dirigía hacia Facundo, sentado aturdido en el borde del campo.Llegó a su lado, le dio la mano y... De un tirón, lo puso de pie, le dio un ligero abrazo y cuando se alejaba despreocupado, giró y le gritó: - ¡Suerte!...
Facundo, obviamente extasiado sólo por estar en el juego y en el campo, sonreía de oreja a oreja mientras su padre lo animaba desde un poco más lejos, mientras en su cabeza un torbellino de preguntas se sucedían sin control: "con esta oportunidad, ¿le dejaban patear y renunciar a la posibilidad de ganar el partido?"
Sorprendentemente, Facundo ingresó a la cancha. Sus dificultosos pasitos y su desmañada figura, indicaron a todos los jugadores del campo, que un certero disparo por parte de Facundo era imposible. Así hubiera sido un teórico experto en fútbol, todos se dieron cuenta de que no podría, quizás, hacer llegar la pelota al arco.
Sin embargo, mientras se paraba delante de la pelota ubicada en el círculo, a doce pasos del arquero oponente, el padre de Facundo tuvo la fuerte sensación de que quizás..., el otro equipo..., estuviera dispuesto a perder..., ¡para permitirle a su hijo tener un gran momento en su vida!
Facundo se movió unos pasos al frente y golpeó la pelota muy suavemente. El arquero, que notó obviamente la dirección que llevaba el balón, se arrojó hacia ese costado..., ¡pero como para "sacarla" desde el ángulo superior del arco...! ... Mientras la pelota, ingresaba... apenas rodando bajo su cuerpo... ¡y trasponía la línea del gol.!
El árbitro convalidó el tanto y pitó dando por terminado el partido... Facundo, con sus brazos en alto, rebosando felicidad, giró la cabeza mirando a su padre... mientras (cosa extraña) los jugadores de ambos equipos lo vitoreaban y abrazaban como el héroe que convirtió el gol que dio a su país el campeonato mundial de fútbol ..."
Ese día", dijo el padre, "los chicos de los dos equipos, ayudaron, dándole a este mundo un trozo de verdadero, cálido y prístino, amor humano".
Facundo no sobrevivió otro verano.
Murió ese invierno..., sin olvidar nunca haber sido el héroe... y haber hecho a su padre muy feliz...., haber llegado a casa.. . y ver a su madre llorando de felicidad y ¡abrazando a su héroe del día...!
PEQUEÑA NOTA PARA ESTE MENSAJE:
Mandamos cientos de bromas por correo electrónico, sin pensarlo dos veces. Pero cuando nos llega un mensaje como éste, sobre las opciones de la vida. La gente duda...
Tal vez estés considerando reenviar éste... Pero pienses que tus contactos no son los "apropiados" para este tipo de mensajes. Quien te lo envía, supone que juntos pueden hacer la diferencia...
Nosotros tenemos miles de oportunidades cada día para ayudar a que se realice "el orden natural de las cosas...." ¿Y las aprovechamos...?
Un sabio dijo una vez que: "Toda sociedad será juzgada, por como trata a los menos afortunados..."

Señor Jesús, vencedor del pecado y de la muerte, permanece en medio de nosotros, tú que vives por los siglos de los siglos.
Señor, ven a nosotros con tu poder salvador, y muéstranos la bondad de DIOS padre
Señor, ven a nosotros con tu poder salvador, y muéstranos la bondad de DIOS padre
Señor, ayuda al mundo abrumado por las discordias, ya que sólo tú tienes el poder de salvar y reconciliar confírmanos en la fe de la victoria final, y arraiga en nosotros la esperanza de tu manifestación gloriosa
III. La conciencia eclesial sobre la Persona Humana,fundamento de la Doctrina Social de la Iglesia
17. La contemplación de la persona humana - el hombre concreto - es la que da origen a toda la Doctrina Social de la Iglesia. Juan XXIII, en la encíclica Mater et Magistra, expresa y sintetiza con claridad la conciencia que la Iglesia tiene sobre ello: “El principio fundamental de esta concepción (de la convivencia humana) consiste en que cada uno de los seres humanos es y debe ser el fundamento, el fin y el sujeto de todas las instituciones en las que se expresa y se actúa la vida social: cada uno de los seres humanos visto en lo que es y en lo que debe ser según su naturaleza intrínsecamente social, y en el plan providencial de su elevación al orden sobrenatural. De este principio fundamental, que defiende la dignidad sagrada de la persona, el Magisterio de la Iglesia,… ha desarrollado, especialmente en este último siglo, una doctrina social, que indica con claridad el camino seguro para reconstruir las relaciones de convivencia según los criterios universales, que responden a la naturaleza, a las diversas esferas del orden temporal y al carácter de la sociedad contemporánea, y precisamente por esto pueden ser aceptados por todos” .
Cuestión a los estudiantes.
18. Releyendo la encíclica Mater et Magistra (1961), y estando con estudiantes de un Centro de estudios como éste, no puedo evitar la siguiente pregunta: ¿quieren ustedes tomarse el pulso y saber cómo andan en el reconocimiento de la dignidad de la persona humana? ¿Y, por tanto, cómo andan en su preparación a la misión que desempeñarán mañana en la Iglesia y en el mundo? ¿Quieren saber desde ahora cómo tratarán mañana a la gente que Dios les encomendará? Les respondo: vean qué importancia le dan al estudio y a la puesta en práctica de la Doctrina Social de la Iglesia. Que no es otra cosa que el desarrollo del principio fundamental de la dignidad de la persona humana; es decir, de la dignidad de toda persona concreta.
En la mencionada encíclica, Juan XXIII exhorta con insistencia a estudiar la Doctrina Social y a aplicarla: “Hoy más que nunca es indispensable que esta doctrina sea conocida, asimilada, llevada a la realidad social en las formas y en la medida que las circunstancias permiten o reclaman: función ardua, pero nobilísima. Con ardiente llamamiento invitamos a cumplir esta función no solo a nuestros hermanos e hijos esparcidos por todo el mundo, sino también a todos los hombres de buena voluntad. Volvemos a afirmar ante todo que la doctrina social cristiana es una parte integrante de la concepción cristiana de la vida. Mientras advertimos con satisfacción que en varios institutos se enseña esta doctrina desde hace tiempo, nos apremia exhortar a que por medio de cursos ordinarios y en forma sistemática se extienda la enseñanza a todos los seminarios y a todos los colegios católicos de cualquier grado. Se introduzca además en los programas de instrucción religiosa de las parroquias y de las asociaciones de apostolado de los seglares; se difunda con medios modernos de expresión: periódicos, revistas, publicaciones de divulgación y científicas, radio y televisión” .
Valor del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia.
19. Han pasado 46 años de esta exhortación. ¿Cuánto hemos crecido los católicos, fieles y pastores, en el conocimiento y práctica de la Doctrina Social de la Iglesia? ¿Cuánto han crecido nuestros centros de formación en su enseñanza y estudio? Para ello hoy ustedes cuentan con un instrumento formidable: el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, redactado y publicado recientemente por el Pontificio Consejo Justicia y Paz, por mandato de Juan Pablo II. Vale la pena recordar lo que dijimos de él los Obispos: “La riqueza intrínseca del Compendio y la autoridad que dispuso su composición, nos permiten considerarlo como un hecho eclesial y pastoral de magnitud. Y, aunque redactado primeramente para uso de los Pastores, recomendamos su estudio y aplicación a todos los miembros del Pueblo de Dios, en particular a los miembros del clero encargados de exponer la doctrina cristiana, a los catequistas, a los docentes católicos y a los fieles laicos que tienen especiales responsabilidades en la construcción de la sociedad” .
IV. Atropellos a los Derechos Humanos
La Dignidad de la Persona fuente de los Derechos Humanos.
20. En vísperas del Adviento de 2005, en la carta pastoral sobre la Doctrina Social de la Iglesia, “Una luz para reconstruir la Nación” (11.11.05), los Obispos argentinos relacionamos la dignidad humana con el misterio de la Encarnación, y desde ella damos el paso a los derechos humanos: “De esta dignidad brotan los derechos fundamentales e inalienables de todo ser humano, que no lo abandonan nunca, desde su concepción hasta su muerte natural. Y esto, no importa su condición: varón o mujer, rico o pobre, sabio o ignorante, inocente o reo, y cualquiera sea su color. Esta dignidad es la clave y el centro del misterio del hombre y de todo lo que lo atañe. Desde ella todo problema humano puede ser iluminado y hallar solución. Esta dignidad nos ilumina también para apreciar la grandeza sublime de la vida terrena y de los esfuerzos con que el hombre procura hacerla más plenamente humana. No por ser peregrino del cielo, el cristiano descuida la construcción de la patria terrena” (2).Es un paso natural. Si tanta es la dignidad de la persona humana, le corresponden por su misma naturaleza todos los derechos que faciliten su desarrollo. De lo contrario hablar de su dignidad sería una declamación puramente retórica.El atropello a las personas y la conciencia de los Derechos humanos.
21. Juan Pablo II, en vísperas del Gran Jubileo de los dos mil años del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, hizo un camino en cierto modo al revés del que hicimos los Obispos: desde esa inminente celebración miró hacia atrás y, contemplando la historia vivida, en especial durante el segundo milenio, y constatando los atropellos cometidos contra la dignidad del hombre y sus derechos inalienables, dedujo cuánto los cristianos hemos olvidado el sentido del misterio de Navidad. Permanecerá para siempre memorable su carta apostólica Tertio Millenio Adveniente (10-11-1994), y la exhortación que en ella hace a que “la Iglesia asuma con una conciencia más viva el pecado de sus hijos recordando todas las circunstancias en las que, a lo largo de la historia, se han alejado del espíritu de Cristo y de su Evangelio, ofreciendo al mundo, en vez del testimonio de una vida inspirada en los valores de la fe, el espectáculo de modos de pensar y actuar que eran verdaderas formas de antitestimonio y escándalo” (n. 33) . Un renglón que el Papa señala especialmente es el atropello a los derechos humanos: “Y sobre el testimonio de la Iglesia en nuestro tiempo, ¿cómo no sentir dolor por la falta de discernimiento, que a veces llega a ser aprobación, de no pocos cristianos, frente a la violación de fundamentales derechos humanos por parte de regímenes totalitarios?”Y con ésta asocia dos claudicaciones más: la injusticia social y el desconocimiento de la DSI: “¿Y no es acaso de lamentar, entre las sombras del presente, la corresponsabilidad de tantos cristianos en graves formas de injusticia y de marginación social? Hay que preguntarse cuántos, entre ellos, conocen a fondo y practican coherentemente las directrices de la doctrina social de la Iglesia” (n.36) .
Auschwitz: monumento a las consecuencias del totalitarismo.
22. Los dos caminos mencionados no son contrarios, sino complementarios. El primero, el de los Obispos argentinos, es lógico, pues apunta a presentar a los fieles la Doctrina Social de la Iglesia y el Compendio de la misma. El otro, el del Papa, es directamente pastoral, pues quería ayudar a los fieles cristianos a preparar el corazón para la celebración del Gran Jubileo.Conviene, sin embargo, que, por un instante, rehagamos el camino del Papa. Porque ha sido el atropello ejercido contra el hombre en una medida nunca antes imaginada lo que ha llevado modernamente a poner de relieve el valor de su Dignidad y de sus Derechos. Sin negar la maldad del colonialismo británico, que se impuso al mundo durante dos siglos, y duró hasta la Segunda Guerra Mundial, y sin negar tampoco la demencia de la guerra nueva inventada por Busch contra el terrorismo, que desde hace cuatro años desangra a Irak, no cabe duda que los regímenes totalitarios surgidos después de la Primera Guerra Mundial, en especial el comunismo soviético y el nazismo, son las expresiones máximas del desprecio al hombre que jamás hayan surgido. A falta de un breve estudio sobre la Segunda Guerra Mundial, les recomiendo a ustedes los jóvenes que lean el Mensaje de Juan Pablo II “Cinquanta anni fa” , en ocasión del 50° aniversario del final de la segunda guerra mundial en Europa (8-5-1995). Y que se formulen algunas preguntas: ¿Cómo fueron posibles tales regímenes totalitarios en Alemania y la URSS, países de cultura muy avanzada y con un cristianismo enraizado desde siglos? ¿Cómo se perpetraron en ellos masacres tan horribles contra los propios conciudadanos? ¿Cómo el antisemitismo alcanzó un grado inimaginable de paranoia que apenas se puede adivinar visitando los lager? Como dice Juan Pablo II, “Auschwitz, junto a otros lager, permanece como el símbolo dramáticamente elocuente de las consecuencias del totalitarismo” (ib.5).
La crueldad contra el hombre: en el mundo y en la Argentina.
23. Ya van sesenta y dos años desde la terminación de la Segunda Guerra. Es muchísimo tiempo. La mayoría de ustedes podría pensar que el nazismo y comunismo son realidades muy antiguas cuyas atrocidades ya no pueden volver a suceder. Por ello conviene que recuerden otros hechos terribles, muy dolorosos y más cercanos a ustedes: la llamada “guerra de limpieza étnica” de los Balcanes en la década del 90, y el genocidio de Ruanda en 1994. Y para no patear la pelota al corner, como si la Argentina fuese un país beatífico, conviene que recuerden “el terror de Estado” instaurado en la Argentina en la década del 70, desde los tiempos de la presidencia de Isabel Perón, proseguido y perfeccionado con crueldad inimaginada por el gobierno de la Junta militar. Y con esto no niego “el estado de terror” instaurado por la guerrilla, ni adhiero a la tesis de que las atrocidades cometidas por ella no configuren también crímenes de lesa humanidad. No creo en absoluto en la llamada teoría de los “Dos demonios”, pero tampoco en la teoría de “Ángeles y demonios” .
24. A pesar del “¡Nunca Más!”, que decimos con tanto ardor, y aunque a ustedes los jóvenes pueda resultarles angustiante lo que les voy a decir: lo que sucedió en la Argentina puede volver a suceder, y peor aún, si como ciudadanos no nos educamos en el respeto absoluto de la dignidad del hombre y de los derechos humanos. Y esto de manera concreta y cotidiana. Las catástrofes estallan de golpe, pero tienen una larga preparación a través de pequeños pasos que, sumados, se tornan irresistibles. Y por si esto les pareciere exceso de pesimismo: ¿recuerdan los sucesos de hace un año, un día como hoy, 17 de octubre, cuando el traslado a San Vicente de los restos del general Perón? ¿Son sólo ramalazos de viejos rencores? ¿O preludios de nuevas discordias? Jesús nos enseña a mirar los sucesos como signos de los tiempos (cf. LC 12,54-56), no como anécdotas para llenar los noticieros. Algo nos dicen. Hemos de saberlos ver e interpretar.
La crueldad de la guerra contra Irak.
25. Y hablando de atropellos de los que ustedes son testigos contemporáneos, pregunto: ¿sesionará alguna vez un tribunal internacional donde George W. Busch, presidente de los EE.UU., rinda cuenta de la guerra contra Irak? ¿Ésta, iniciada con una mentira solemne a los oídos de todo el mundo, no es acaso un crimen de lesa humanidad? Por mucho menos el Presidente Nixon tuvo que renunciar. En cambio, la ciudadanía norteamericana lo confirmó a Busch por un segundo mandato. ¿No conocía ésta su mentira sobre las armas de destrucción masiva? ¿Se ha vuelto cómplice de esa mentira y de las atrocidades del ejército norteamericano? Ya no se podrá decir que éste combate los totalitarismos para sembrar la democracia.Corre por cuenta de quien lo diga que, con esta apreciación, yo avalaría la tiranía de Sadan Husein y los crímenes de lesa humanidad cometidos por él. Pero es preciso afirmar con claridad que un mal no se combate con otro.
La Declaración Universal de los Derechos del Hombre.
26. Volvamos a las crueldades de la Segunda Guerra Mundial. Concluida ésta, y mejor conocido el horror de los campos nazis de exterminio, y luego descubiertas las masacres cometidas por el régimen soviético, la humanidad despertó por un momento. Fue así que las Naciones Unidas, el 10 de diciembre de 1948, votaron la Declaración Universal de los Derechos Humanos, “uno de los documentos más preciosos y más significativos de la historia del derecho”, como lo calificó Juan Pablo II en el 50ª aniversario de su publicación.Sin embargo, el Papa lamenta que “estos derechos fundamentales, proclamados, codificados y celebrados, son todavía objeto de graves y continuas violaciones”. Que “con mucha frecuencia, se afirma la tendencia de algunos a elegir a gusto de sus conveniencias tal o cual derecho dejando de lado aquellos que contradicen sus intereses del momento. Otros no dudan en aislar de su contexto los derechos particulares para mejor obrar a su gusto, confundiendo libertad con licencia, o para asegurarse ventajas que poco tienen que ver con la solidaridad humana… Evitemos que con los años que pasan este texto fundador no sea más que un monumento que se admira, o, peor, un documento de archivos” .
V. Necesidad de una Pastoral de los Derechos Humanos.
27. Juan Pablo II resaltó el cincuentenario de la Declaración Universal de los Derechos de Hombre celebrando en Roma, en julio de 1998, un congreso mundial sobre la Pastoral de los Derechos Humanos. En el discurso de apertura señaló que “el primer objetivo de la pastoral de los derechos humanos es hacer de suerte que la aceptación de los derechos universales en la “letra” implique la puesta en obra de su “espíritu” en todas partes y de la manera más eficaz a partir de la verdad sobre el hombre, de la igual dignidad de toda persona, hombre o mujer, creado a imagen de Dios y hecho hijo de Dios en Cristo” . Esto de “Pastoral de los Derechos Humanos” es un término a registrar, que a los cristianos nos debe merecer una amplia reflexión. Es, sin duda, un aspecto capital de la “Pastoral Social”, que debe ser asumido más explícitamente, con una mejor reflexión y acción pastoral.“Ve, y procede tú de la misma manera”.
28. La principal razón de ello es que la Iglesia no enseña nada, tampoco la dignidad de la persona humana, sólo para que lo conozcamos. Todo el anuncio del Evangelio es para que lo conozcamos con la mente, lo aceptemos en el corazón, lo pongamos por obra, y así vivamos como hombres nuevos. Cuando el doctor de la Ley le pregunta a Jesús “¿quién es mi prójimo?” (Lc 10,30), no le responde con una definición filosófica, sino haciéndole notar quién se comporta como prójimo. Y no sólo eso, sino que lo exhorta a obrar de la misma manera: “¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo?... ‘El que tuvo compasión de él’, le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: ‘Ve, y procede tú de la misma manera’” (Lc 10,36-37).Esto que es válido para cada cristiano, vale también para la Iglesia como cuerpo. Y sobre todo con respecto a la defensa de los derechos humanos. Pues estos son atropellados muchas veces por la autoridad pública, ante la cual la persona individual se encuentra inerme y fácilmente sucumbe. Muy distinto sería que el autoritarismo tuviese que enfrentarse a la opinión y resistencia de una comunidad cuyos miembros, a la vez que respetan a la autoridad, saben resistir sus abusos con fortaleza espiritual y acción política.
Quejas de dolor por una herida que no cierra.
29. En estos días tuvo lugar la condena a prisión perpetua del Capellán de la Policía Bonaerense, el P. Christian Von Wernich. He ofrecido mi oración por él y la seguiré ofreciendo. No pocos, que me encuentran al paso o me envían mails, me manifiestan sus sentimientos, sea frente a la declaración de la Comisión Ejecutiva del Episcopado, sea ante los hechos del 70, incluida la conducta del capellán mencionado. Los siento muy contrapuestos. Pero en todos percibo algo común: perplejidad, disgusto, bronca. En lo jóvenes, perplejidad y disgusto, porque no saben bien de qué se trata y no entienden por qué los vienen a fastidiar con algo que les es ajeno. En los adultos, perplejidad y bronca, porque todavía no han terminado de elaborar su luto por el hijo desparecido o por el marido militar asesinado. A las expresiones de dolor no hay que exigirles lógica, ni responderles en ese plano. Cada dolor es único, no se lo puede comparar con ningún otro y merece ser respetado. Sin embargo, tanto dolor me duele. Y me obliga a preguntarme: ¿qué es lo que en el fondo unos y otros le siguen cuestionando a la Iglesia jerárquica, a pesar de tantos perdones pedidos por escrito, e incluso de uno dramatizado en el 2000 en el Encuentro Eucarístico Nacional en Córdoba, sobre un escenario enorme en el Chateau Carreras, presidido por la cúpula episcopal revestida de morado?
Hablar no basta.
30. La gente no niega las diligencias que hizo cada obispo particular por los encarcelados o desaparecidos de su Diócesis, aunque muchas veces no las conoce. Tampoco se queja porque haya faltado doctrina por par parte del Episcopado. Dejando de lado a los que hoy hablan de mala fe, y excepto los periodistas jóvenes, o los adultos que vivían en su burbuja, todo el mundo sabe que la jerarquía habló cuando en la Argentina, salvo honrosas excepciones personales, no se movía ni una mosca. Me parece que la objeción de fondo es otra: que la jerarquía como cuerpo, además de hablar con documentos públicos y con diálogos reservados, no obró en su momento en forma más práctica. Por ejemplo, organizando alguna iniciativa concreta conocida de todos, que sirviese tanto para canalizar y publicitar las denuncias de desaparecidos, buscarles el rastro, exigir su reaparición, cuanto para difundir mejor la enseñanza impartida sobre el respeto a la dignidad de la persona humana que nunca puede ser atropellada. Lo mismo vale de no haber hecho una más amplia difusión de la enseñanza sobre no resistir la violencia de un régimen militar con la violencia de la guerrilla revolucionaria, y no haber tomado medidas más eficaces con algunos clérigos que flirteaban con la guerrilla. Hoy se vuelve a escuchar: “A mi hijo el cura tal lo embarcó en la guerrilla. Él está hoy vivito y coleando. Pero ¿dónde está mi hijo? ¿Qué medida tomó el Obispo con ese cura? A mí él todavía no me pidió perdón”.
Dolor del pasado para reflexionar la acción pastoral en el futuro.
31. A treinta años de los hechos acaecidos hay gente que sigue llorando. Son situaciones dramáticas que tienen que hacernos reflexionar. Todo lo que se diga, aunque suene disparatado y por momentos ofensivo, es secundario. Sacando bien de mal, hemos de recordar la misión que nos dio Jesús: “Ustedes son la sal de la tierra… Ustedes son la luz del mundo…No se puede ocultar una ciudad situada sobre la montaña” Mt 5,11-14). Ante las reacciones recibidas, intentaré una reflexión. Vale lo que vale. La ofrezco con humildad y libertad. La amnesia argentina: una septicemia peligrosa.
32. Me resulta significativo que todo el mundo mire lo que hizo o no hizo la jerarquía eclesiástica. Y que, en cambio, nadie objete el desastre del breve gobierno del presidente Héctor Cámpora, que comenzó abriendo la cárcel y terminó prácticamente con la masacre de Ezeiza. Que casi nadie recuerde la debacle del gobierno de Isabel Perón y su incapacidad para reprimir la guerrilla conforme a ley y la justicia. Que menos cuestione el disparate histórico del general Perón de haberla llevado a la fórmula presidencial. “¡Con Perón no se jode!”, es lo que hoy se escucha. Que nadie se acuerde que el Partido Justicialista, con Italo Luder a la cabeza, por la simple idolatría a un apellido, se negó a promover la remoción de Isabel Perón por la vía legal del juicio político. Que nadie se acuerde cómo ante la inminencia del golpe desertaron los máximos dirigentes sindicales. Que nadie se acuerde que el Partido Comunista aplaudió el golpe del 24 de marzo del 76. Que nadie recuerde que, excepto el diario La Prensa, ningún medio publicó la lista documentada de los desaparecidos. Que nadie recuerde que muchos medios (diarios, revistas, radios, TV), que hoy continúan existiendo con el mismo nombre, no sólo aplaudieron el golpe, sino que sostuvieron activamente al régimen militar. Que nadie recuerde que muchos acusadores actuales eran en esos años jóvenes exitosos ocupados sólo en labrar su fortuna. En la Argentina nadie se acuerda de nada. Sólo se recuerda lo que no hizo la Iglesia jerárquica en cuanto cuerpo episcopal: un ente compuesto por pocas personas que, humanamente hablando, era débil, - y lo sigue siendo -, pues no disponía de ninguno de los enormes recursos que, para oponerse a la locura de la dictadura militar, tenían los demás grupos sociales: partidos políticos, sindicatos, empresas, universidades, medios de comunicación. Esta amnesia y el falso diagnóstico de lo que sucedió en la Argentina es como una septicemia muy peligrosa, que sigue poniendo en peligro la salud de la República.A la búsqueda de una medicina eficaz.
33. Sin embargo, ante esta amnesia, me surge una pregunta: ¿esta actitud de negar las propias responsabilidades en la hecatombe sufrida, y acusar por ella a la jerarquía eclesiástica, es sólo expresión de la hipocresía tan difundida en el mundo de la política, de la cultura y de los medios de comunicación? ¿O, a pesar de todo, esconde algo válido, que los cristianos, y especialmente los pastores, deberíamos saber rescatar para el futuro? Aunque muchos de los acusadores no crean en el Evangelio, ¿no habría en su acusación un secreto reconocimiento que esperaban encontrar en la Iglesia algo que falta en la Argentina, muy necesario para ser Nación, y que es muy difícil hallar? Esto es lo que pienso. Y esto tan difícil de hallar es la virtud de la “parresía”, la total confianza en Dios, la fortaleza y libertad de espíritu, tan apreciada en la predicación y accionar de los Apóstoles y en el testimonio de los mártires cristianos. Estos sabían respetar a la autoridad, de corazón, así fuese Nerón. Pero, con la fuerza del Espíritu Santo, sabían resistir pacífica y firmemente sus abusos, aunque les costase la cárcel y la muerte. De este modo, aunque no sabían decir la palabra “democracia”, plantaron sus mejores semillas. Tendremos que revisar si este doble enunciado – respeto sincero a la autoridad y resistencia firme a sus abusos - está bien formulado en nuestros Catecismos y tratados de Teología Moral.
Y en qué medida inspira nuestro accionar cristiano. Una misión para el futuro.
34. ¡Muchachos! Mucha gente no cree en Dios. Es probable que haya cada vez más ateos confesos. Pero sin duda los ateos siempre querrán que los cristianos les mostremos por nuestro testimonio de vida que creemos de veras que Dios existe, que para nosotros es el único, a quien amamos por sobre todas las cosas, y que por amor a él amamos a todos los hombres que él creó, y que, por defender su dignidad y sus derechos fundamentales, somos capaces, con la fuerza divina, de soportar la cárcel y la muerte.Tarea a diseñar35. Una Pastoral de los Derechos Humanos, por la que abogó Juan Pablo II, supone algunos supuestos teóricos y líneas prácticas de acción. Pero bosquejar esto lo dejo para mejor ocasión.
+ Carmelo Juan Giaquinta17 octubre 1007,
memoria de San Ignacio de Antioquia, Obispo y Mártir
Seminario Metropolitano Inmaculada Concepción
José Cubas 3543 – 1419 Buenos Aires
Mail: carmelojuangiaquinta@gmail.com
17. La contemplación de la persona humana - el hombre concreto - es la que da origen a toda la Doctrina Social de la Iglesia. Juan XXIII, en la encíclica Mater et Magistra, expresa y sintetiza con claridad la conciencia que la Iglesia tiene sobre ello: “El principio fundamental de esta concepción (de la convivencia humana) consiste en que cada uno de los seres humanos es y debe ser el fundamento, el fin y el sujeto de todas las instituciones en las que se expresa y se actúa la vida social: cada uno de los seres humanos visto en lo que es y en lo que debe ser según su naturaleza intrínsecamente social, y en el plan providencial de su elevación al orden sobrenatural. De este principio fundamental, que defiende la dignidad sagrada de la persona, el Magisterio de la Iglesia,… ha desarrollado, especialmente en este último siglo, una doctrina social, que indica con claridad el camino seguro para reconstruir las relaciones de convivencia según los criterios universales, que responden a la naturaleza, a las diversas esferas del orden temporal y al carácter de la sociedad contemporánea, y precisamente por esto pueden ser aceptados por todos” .
Cuestión a los estudiantes.
18. Releyendo la encíclica Mater et Magistra (1961), y estando con estudiantes de un Centro de estudios como éste, no puedo evitar la siguiente pregunta: ¿quieren ustedes tomarse el pulso y saber cómo andan en el reconocimiento de la dignidad de la persona humana? ¿Y, por tanto, cómo andan en su preparación a la misión que desempeñarán mañana en la Iglesia y en el mundo? ¿Quieren saber desde ahora cómo tratarán mañana a la gente que Dios les encomendará? Les respondo: vean qué importancia le dan al estudio y a la puesta en práctica de la Doctrina Social de la Iglesia. Que no es otra cosa que el desarrollo del principio fundamental de la dignidad de la persona humana; es decir, de la dignidad de toda persona concreta.
En la mencionada encíclica, Juan XXIII exhorta con insistencia a estudiar la Doctrina Social y a aplicarla: “Hoy más que nunca es indispensable que esta doctrina sea conocida, asimilada, llevada a la realidad social en las formas y en la medida que las circunstancias permiten o reclaman: función ardua, pero nobilísima. Con ardiente llamamiento invitamos a cumplir esta función no solo a nuestros hermanos e hijos esparcidos por todo el mundo, sino también a todos los hombres de buena voluntad. Volvemos a afirmar ante todo que la doctrina social cristiana es una parte integrante de la concepción cristiana de la vida. Mientras advertimos con satisfacción que en varios institutos se enseña esta doctrina desde hace tiempo, nos apremia exhortar a que por medio de cursos ordinarios y en forma sistemática se extienda la enseñanza a todos los seminarios y a todos los colegios católicos de cualquier grado. Se introduzca además en los programas de instrucción religiosa de las parroquias y de las asociaciones de apostolado de los seglares; se difunda con medios modernos de expresión: periódicos, revistas, publicaciones de divulgación y científicas, radio y televisión” .
Valor del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia.
19. Han pasado 46 años de esta exhortación. ¿Cuánto hemos crecido los católicos, fieles y pastores, en el conocimiento y práctica de la Doctrina Social de la Iglesia? ¿Cuánto han crecido nuestros centros de formación en su enseñanza y estudio? Para ello hoy ustedes cuentan con un instrumento formidable: el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, redactado y publicado recientemente por el Pontificio Consejo Justicia y Paz, por mandato de Juan Pablo II. Vale la pena recordar lo que dijimos de él los Obispos: “La riqueza intrínseca del Compendio y la autoridad que dispuso su composición, nos permiten considerarlo como un hecho eclesial y pastoral de magnitud. Y, aunque redactado primeramente para uso de los Pastores, recomendamos su estudio y aplicación a todos los miembros del Pueblo de Dios, en particular a los miembros del clero encargados de exponer la doctrina cristiana, a los catequistas, a los docentes católicos y a los fieles laicos que tienen especiales responsabilidades en la construcción de la sociedad” .
IV. Atropellos a los Derechos Humanos
La Dignidad de la Persona fuente de los Derechos Humanos.
20. En vísperas del Adviento de 2005, en la carta pastoral sobre la Doctrina Social de la Iglesia, “Una luz para reconstruir la Nación” (11.11.05), los Obispos argentinos relacionamos la dignidad humana con el misterio de la Encarnación, y desde ella damos el paso a los derechos humanos: “De esta dignidad brotan los derechos fundamentales e inalienables de todo ser humano, que no lo abandonan nunca, desde su concepción hasta su muerte natural. Y esto, no importa su condición: varón o mujer, rico o pobre, sabio o ignorante, inocente o reo, y cualquiera sea su color. Esta dignidad es la clave y el centro del misterio del hombre y de todo lo que lo atañe. Desde ella todo problema humano puede ser iluminado y hallar solución. Esta dignidad nos ilumina también para apreciar la grandeza sublime de la vida terrena y de los esfuerzos con que el hombre procura hacerla más plenamente humana. No por ser peregrino del cielo, el cristiano descuida la construcción de la patria terrena” (2).Es un paso natural. Si tanta es la dignidad de la persona humana, le corresponden por su misma naturaleza todos los derechos que faciliten su desarrollo. De lo contrario hablar de su dignidad sería una declamación puramente retórica.El atropello a las personas y la conciencia de los Derechos humanos.
21. Juan Pablo II, en vísperas del Gran Jubileo de los dos mil años del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, hizo un camino en cierto modo al revés del que hicimos los Obispos: desde esa inminente celebración miró hacia atrás y, contemplando la historia vivida, en especial durante el segundo milenio, y constatando los atropellos cometidos contra la dignidad del hombre y sus derechos inalienables, dedujo cuánto los cristianos hemos olvidado el sentido del misterio de Navidad. Permanecerá para siempre memorable su carta apostólica Tertio Millenio Adveniente (10-11-1994), y la exhortación que en ella hace a que “la Iglesia asuma con una conciencia más viva el pecado de sus hijos recordando todas las circunstancias en las que, a lo largo de la historia, se han alejado del espíritu de Cristo y de su Evangelio, ofreciendo al mundo, en vez del testimonio de una vida inspirada en los valores de la fe, el espectáculo de modos de pensar y actuar que eran verdaderas formas de antitestimonio y escándalo” (n. 33) . Un renglón que el Papa señala especialmente es el atropello a los derechos humanos: “Y sobre el testimonio de la Iglesia en nuestro tiempo, ¿cómo no sentir dolor por la falta de discernimiento, que a veces llega a ser aprobación, de no pocos cristianos, frente a la violación de fundamentales derechos humanos por parte de regímenes totalitarios?”Y con ésta asocia dos claudicaciones más: la injusticia social y el desconocimiento de la DSI: “¿Y no es acaso de lamentar, entre las sombras del presente, la corresponsabilidad de tantos cristianos en graves formas de injusticia y de marginación social? Hay que preguntarse cuántos, entre ellos, conocen a fondo y practican coherentemente las directrices de la doctrina social de la Iglesia” (n.36) .
Auschwitz: monumento a las consecuencias del totalitarismo.
22. Los dos caminos mencionados no son contrarios, sino complementarios. El primero, el de los Obispos argentinos, es lógico, pues apunta a presentar a los fieles la Doctrina Social de la Iglesia y el Compendio de la misma. El otro, el del Papa, es directamente pastoral, pues quería ayudar a los fieles cristianos a preparar el corazón para la celebración del Gran Jubileo.Conviene, sin embargo, que, por un instante, rehagamos el camino del Papa. Porque ha sido el atropello ejercido contra el hombre en una medida nunca antes imaginada lo que ha llevado modernamente a poner de relieve el valor de su Dignidad y de sus Derechos. Sin negar la maldad del colonialismo británico, que se impuso al mundo durante dos siglos, y duró hasta la Segunda Guerra Mundial, y sin negar tampoco la demencia de la guerra nueva inventada por Busch contra el terrorismo, que desde hace cuatro años desangra a Irak, no cabe duda que los regímenes totalitarios surgidos después de la Primera Guerra Mundial, en especial el comunismo soviético y el nazismo, son las expresiones máximas del desprecio al hombre que jamás hayan surgido. A falta de un breve estudio sobre la Segunda Guerra Mundial, les recomiendo a ustedes los jóvenes que lean el Mensaje de Juan Pablo II “Cinquanta anni fa” , en ocasión del 50° aniversario del final de la segunda guerra mundial en Europa (8-5-1995). Y que se formulen algunas preguntas: ¿Cómo fueron posibles tales regímenes totalitarios en Alemania y la URSS, países de cultura muy avanzada y con un cristianismo enraizado desde siglos? ¿Cómo se perpetraron en ellos masacres tan horribles contra los propios conciudadanos? ¿Cómo el antisemitismo alcanzó un grado inimaginable de paranoia que apenas se puede adivinar visitando los lager? Como dice Juan Pablo II, “Auschwitz, junto a otros lager, permanece como el símbolo dramáticamente elocuente de las consecuencias del totalitarismo” (ib.5).
La crueldad contra el hombre: en el mundo y en la Argentina.
23. Ya van sesenta y dos años desde la terminación de la Segunda Guerra. Es muchísimo tiempo. La mayoría de ustedes podría pensar que el nazismo y comunismo son realidades muy antiguas cuyas atrocidades ya no pueden volver a suceder. Por ello conviene que recuerden otros hechos terribles, muy dolorosos y más cercanos a ustedes: la llamada “guerra de limpieza étnica” de los Balcanes en la década del 90, y el genocidio de Ruanda en 1994. Y para no patear la pelota al corner, como si la Argentina fuese un país beatífico, conviene que recuerden “el terror de Estado” instaurado en la Argentina en la década del 70, desde los tiempos de la presidencia de Isabel Perón, proseguido y perfeccionado con crueldad inimaginada por el gobierno de la Junta militar. Y con esto no niego “el estado de terror” instaurado por la guerrilla, ni adhiero a la tesis de que las atrocidades cometidas por ella no configuren también crímenes de lesa humanidad. No creo en absoluto en la llamada teoría de los “Dos demonios”, pero tampoco en la teoría de “Ángeles y demonios” .
24. A pesar del “¡Nunca Más!”, que decimos con tanto ardor, y aunque a ustedes los jóvenes pueda resultarles angustiante lo que les voy a decir: lo que sucedió en la Argentina puede volver a suceder, y peor aún, si como ciudadanos no nos educamos en el respeto absoluto de la dignidad del hombre y de los derechos humanos. Y esto de manera concreta y cotidiana. Las catástrofes estallan de golpe, pero tienen una larga preparación a través de pequeños pasos que, sumados, se tornan irresistibles. Y por si esto les pareciere exceso de pesimismo: ¿recuerdan los sucesos de hace un año, un día como hoy, 17 de octubre, cuando el traslado a San Vicente de los restos del general Perón? ¿Son sólo ramalazos de viejos rencores? ¿O preludios de nuevas discordias? Jesús nos enseña a mirar los sucesos como signos de los tiempos (cf. LC 12,54-56), no como anécdotas para llenar los noticieros. Algo nos dicen. Hemos de saberlos ver e interpretar.
La crueldad de la guerra contra Irak.
25. Y hablando de atropellos de los que ustedes son testigos contemporáneos, pregunto: ¿sesionará alguna vez un tribunal internacional donde George W. Busch, presidente de los EE.UU., rinda cuenta de la guerra contra Irak? ¿Ésta, iniciada con una mentira solemne a los oídos de todo el mundo, no es acaso un crimen de lesa humanidad? Por mucho menos el Presidente Nixon tuvo que renunciar. En cambio, la ciudadanía norteamericana lo confirmó a Busch por un segundo mandato. ¿No conocía ésta su mentira sobre las armas de destrucción masiva? ¿Se ha vuelto cómplice de esa mentira y de las atrocidades del ejército norteamericano? Ya no se podrá decir que éste combate los totalitarismos para sembrar la democracia.Corre por cuenta de quien lo diga que, con esta apreciación, yo avalaría la tiranía de Sadan Husein y los crímenes de lesa humanidad cometidos por él. Pero es preciso afirmar con claridad que un mal no se combate con otro.
La Declaración Universal de los Derechos del Hombre.
26. Volvamos a las crueldades de la Segunda Guerra Mundial. Concluida ésta, y mejor conocido el horror de los campos nazis de exterminio, y luego descubiertas las masacres cometidas por el régimen soviético, la humanidad despertó por un momento. Fue así que las Naciones Unidas, el 10 de diciembre de 1948, votaron la Declaración Universal de los Derechos Humanos, “uno de los documentos más preciosos y más significativos de la historia del derecho”, como lo calificó Juan Pablo II en el 50ª aniversario de su publicación.Sin embargo, el Papa lamenta que “estos derechos fundamentales, proclamados, codificados y celebrados, son todavía objeto de graves y continuas violaciones”. Que “con mucha frecuencia, se afirma la tendencia de algunos a elegir a gusto de sus conveniencias tal o cual derecho dejando de lado aquellos que contradicen sus intereses del momento. Otros no dudan en aislar de su contexto los derechos particulares para mejor obrar a su gusto, confundiendo libertad con licencia, o para asegurarse ventajas que poco tienen que ver con la solidaridad humana… Evitemos que con los años que pasan este texto fundador no sea más que un monumento que se admira, o, peor, un documento de archivos” .
V. Necesidad de una Pastoral de los Derechos Humanos.
27. Juan Pablo II resaltó el cincuentenario de la Declaración Universal de los Derechos de Hombre celebrando en Roma, en julio de 1998, un congreso mundial sobre la Pastoral de los Derechos Humanos. En el discurso de apertura señaló que “el primer objetivo de la pastoral de los derechos humanos es hacer de suerte que la aceptación de los derechos universales en la “letra” implique la puesta en obra de su “espíritu” en todas partes y de la manera más eficaz a partir de la verdad sobre el hombre, de la igual dignidad de toda persona, hombre o mujer, creado a imagen de Dios y hecho hijo de Dios en Cristo” . Esto de “Pastoral de los Derechos Humanos” es un término a registrar, que a los cristianos nos debe merecer una amplia reflexión. Es, sin duda, un aspecto capital de la “Pastoral Social”, que debe ser asumido más explícitamente, con una mejor reflexión y acción pastoral.“Ve, y procede tú de la misma manera”.
28. La principal razón de ello es que la Iglesia no enseña nada, tampoco la dignidad de la persona humana, sólo para que lo conozcamos. Todo el anuncio del Evangelio es para que lo conozcamos con la mente, lo aceptemos en el corazón, lo pongamos por obra, y así vivamos como hombres nuevos. Cuando el doctor de la Ley le pregunta a Jesús “¿quién es mi prójimo?” (Lc 10,30), no le responde con una definición filosófica, sino haciéndole notar quién se comporta como prójimo. Y no sólo eso, sino que lo exhorta a obrar de la misma manera: “¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo?... ‘El que tuvo compasión de él’, le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: ‘Ve, y procede tú de la misma manera’” (Lc 10,36-37).Esto que es válido para cada cristiano, vale también para la Iglesia como cuerpo. Y sobre todo con respecto a la defensa de los derechos humanos. Pues estos son atropellados muchas veces por la autoridad pública, ante la cual la persona individual se encuentra inerme y fácilmente sucumbe. Muy distinto sería que el autoritarismo tuviese que enfrentarse a la opinión y resistencia de una comunidad cuyos miembros, a la vez que respetan a la autoridad, saben resistir sus abusos con fortaleza espiritual y acción política.
Quejas de dolor por una herida que no cierra.
29. En estos días tuvo lugar la condena a prisión perpetua del Capellán de la Policía Bonaerense, el P. Christian Von Wernich. He ofrecido mi oración por él y la seguiré ofreciendo. No pocos, que me encuentran al paso o me envían mails, me manifiestan sus sentimientos, sea frente a la declaración de la Comisión Ejecutiva del Episcopado, sea ante los hechos del 70, incluida la conducta del capellán mencionado. Los siento muy contrapuestos. Pero en todos percibo algo común: perplejidad, disgusto, bronca. En lo jóvenes, perplejidad y disgusto, porque no saben bien de qué se trata y no entienden por qué los vienen a fastidiar con algo que les es ajeno. En los adultos, perplejidad y bronca, porque todavía no han terminado de elaborar su luto por el hijo desparecido o por el marido militar asesinado. A las expresiones de dolor no hay que exigirles lógica, ni responderles en ese plano. Cada dolor es único, no se lo puede comparar con ningún otro y merece ser respetado. Sin embargo, tanto dolor me duele. Y me obliga a preguntarme: ¿qué es lo que en el fondo unos y otros le siguen cuestionando a la Iglesia jerárquica, a pesar de tantos perdones pedidos por escrito, e incluso de uno dramatizado en el 2000 en el Encuentro Eucarístico Nacional en Córdoba, sobre un escenario enorme en el Chateau Carreras, presidido por la cúpula episcopal revestida de morado?
Hablar no basta.
30. La gente no niega las diligencias que hizo cada obispo particular por los encarcelados o desaparecidos de su Diócesis, aunque muchas veces no las conoce. Tampoco se queja porque haya faltado doctrina por par parte del Episcopado. Dejando de lado a los que hoy hablan de mala fe, y excepto los periodistas jóvenes, o los adultos que vivían en su burbuja, todo el mundo sabe que la jerarquía habló cuando en la Argentina, salvo honrosas excepciones personales, no se movía ni una mosca. Me parece que la objeción de fondo es otra: que la jerarquía como cuerpo, además de hablar con documentos públicos y con diálogos reservados, no obró en su momento en forma más práctica. Por ejemplo, organizando alguna iniciativa concreta conocida de todos, que sirviese tanto para canalizar y publicitar las denuncias de desaparecidos, buscarles el rastro, exigir su reaparición, cuanto para difundir mejor la enseñanza impartida sobre el respeto a la dignidad de la persona humana que nunca puede ser atropellada. Lo mismo vale de no haber hecho una más amplia difusión de la enseñanza sobre no resistir la violencia de un régimen militar con la violencia de la guerrilla revolucionaria, y no haber tomado medidas más eficaces con algunos clérigos que flirteaban con la guerrilla. Hoy se vuelve a escuchar: “A mi hijo el cura tal lo embarcó en la guerrilla. Él está hoy vivito y coleando. Pero ¿dónde está mi hijo? ¿Qué medida tomó el Obispo con ese cura? A mí él todavía no me pidió perdón”.
Dolor del pasado para reflexionar la acción pastoral en el futuro.
31. A treinta años de los hechos acaecidos hay gente que sigue llorando. Son situaciones dramáticas que tienen que hacernos reflexionar. Todo lo que se diga, aunque suene disparatado y por momentos ofensivo, es secundario. Sacando bien de mal, hemos de recordar la misión que nos dio Jesús: “Ustedes son la sal de la tierra… Ustedes son la luz del mundo…No se puede ocultar una ciudad situada sobre la montaña” Mt 5,11-14). Ante las reacciones recibidas, intentaré una reflexión. Vale lo que vale. La ofrezco con humildad y libertad. La amnesia argentina: una septicemia peligrosa.
32. Me resulta significativo que todo el mundo mire lo que hizo o no hizo la jerarquía eclesiástica. Y que, en cambio, nadie objete el desastre del breve gobierno del presidente Héctor Cámpora, que comenzó abriendo la cárcel y terminó prácticamente con la masacre de Ezeiza. Que casi nadie recuerde la debacle del gobierno de Isabel Perón y su incapacidad para reprimir la guerrilla conforme a ley y la justicia. Que menos cuestione el disparate histórico del general Perón de haberla llevado a la fórmula presidencial. “¡Con Perón no se jode!”, es lo que hoy se escucha. Que nadie se acuerde que el Partido Justicialista, con Italo Luder a la cabeza, por la simple idolatría a un apellido, se negó a promover la remoción de Isabel Perón por la vía legal del juicio político. Que nadie se acuerde cómo ante la inminencia del golpe desertaron los máximos dirigentes sindicales. Que nadie se acuerde que el Partido Comunista aplaudió el golpe del 24 de marzo del 76. Que nadie recuerde que, excepto el diario La Prensa, ningún medio publicó la lista documentada de los desaparecidos. Que nadie recuerde que muchos medios (diarios, revistas, radios, TV), que hoy continúan existiendo con el mismo nombre, no sólo aplaudieron el golpe, sino que sostuvieron activamente al régimen militar. Que nadie recuerde que muchos acusadores actuales eran en esos años jóvenes exitosos ocupados sólo en labrar su fortuna. En la Argentina nadie se acuerda de nada. Sólo se recuerda lo que no hizo la Iglesia jerárquica en cuanto cuerpo episcopal: un ente compuesto por pocas personas que, humanamente hablando, era débil, - y lo sigue siendo -, pues no disponía de ninguno de los enormes recursos que, para oponerse a la locura de la dictadura militar, tenían los demás grupos sociales: partidos políticos, sindicatos, empresas, universidades, medios de comunicación. Esta amnesia y el falso diagnóstico de lo que sucedió en la Argentina es como una septicemia muy peligrosa, que sigue poniendo en peligro la salud de la República.A la búsqueda de una medicina eficaz.
33. Sin embargo, ante esta amnesia, me surge una pregunta: ¿esta actitud de negar las propias responsabilidades en la hecatombe sufrida, y acusar por ella a la jerarquía eclesiástica, es sólo expresión de la hipocresía tan difundida en el mundo de la política, de la cultura y de los medios de comunicación? ¿O, a pesar de todo, esconde algo válido, que los cristianos, y especialmente los pastores, deberíamos saber rescatar para el futuro? Aunque muchos de los acusadores no crean en el Evangelio, ¿no habría en su acusación un secreto reconocimiento que esperaban encontrar en la Iglesia algo que falta en la Argentina, muy necesario para ser Nación, y que es muy difícil hallar? Esto es lo que pienso. Y esto tan difícil de hallar es la virtud de la “parresía”, la total confianza en Dios, la fortaleza y libertad de espíritu, tan apreciada en la predicación y accionar de los Apóstoles y en el testimonio de los mártires cristianos. Estos sabían respetar a la autoridad, de corazón, así fuese Nerón. Pero, con la fuerza del Espíritu Santo, sabían resistir pacífica y firmemente sus abusos, aunque les costase la cárcel y la muerte. De este modo, aunque no sabían decir la palabra “democracia”, plantaron sus mejores semillas. Tendremos que revisar si este doble enunciado – respeto sincero a la autoridad y resistencia firme a sus abusos - está bien formulado en nuestros Catecismos y tratados de Teología Moral.
Y en qué medida inspira nuestro accionar cristiano. Una misión para el futuro.
34. ¡Muchachos! Mucha gente no cree en Dios. Es probable que haya cada vez más ateos confesos. Pero sin duda los ateos siempre querrán que los cristianos les mostremos por nuestro testimonio de vida que creemos de veras que Dios existe, que para nosotros es el único, a quien amamos por sobre todas las cosas, y que por amor a él amamos a todos los hombres que él creó, y que, por defender su dignidad y sus derechos fundamentales, somos capaces, con la fuerza divina, de soportar la cárcel y la muerte.Tarea a diseñar35. Una Pastoral de los Derechos Humanos, por la que abogó Juan Pablo II, supone algunos supuestos teóricos y líneas prácticas de acción. Pero bosquejar esto lo dejo para mejor ocasión.
+ Carmelo Juan Giaquinta17 octubre 1007,
memoria de San Ignacio de Antioquia, Obispo y Mártir
Seminario Metropolitano Inmaculada Concepción
José Cubas 3543 – 1419 Buenos Aires
Mail: carmelojuangiaquinta@gmail.com
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