Dios nos ha hablado
1.1 Sentido global de la Revelación.
a. Dios quiere entrar en contacto con los hombres, desea entablar un diálogo con nosotros a fin de realizar la historia de la salvación, comunicándonos así su vida divina. A esta iniciativa la llamamos Revelación, ya que por medio de ella Dios se nos ha manifestado, se nos ha abierto indicándonos quién es Él, y quiénes somos nosotros, y cuál es su plan y proyecto sobre toda la humanidad y la creación entera.
b. Esta revelación se lleva a cabo a través de obras y palabras íntimamente ligadas. Por una parte las obras que Dios realiza en la historia manifiestan y confirman lo que las palabras anuncian; y a su vez las palabras proclaman las obras y explican su sentido profundo. Por ejemplo, Dios en el Antiguo Testamento (AT) no sólo anunció a los israelitas su proyecto de liberarlos de la esclavitud egipcia (Ex. 3), sino que también de hecho los liberó y sacó de Egipto (Ex. 12-15).
En el Nuevo Testamento (NT), por ejemplo, Jesús multiplica los panes y luego se nos revela como el Pan de Vida explicando así el signo que había realizado (Jn. 6). Declara también que Él es la resurrección y la vida, y de hecho resucita a Lázaro (Jn. 11). De esta forma captamos mejor que Dios se revela a través de obras y palabras íntimamente ligadas.
c. Esta revelación que se fue realizando paulatinamente por diversos mediadores, y que tiene su plenitud y perfección en Cristo Jesús, está consignada por escrito en los libros de la Biblia. Allí se nos narra esa historia de salvación, se nos cuentan las obras maravillosas que Dios ha realizado y la respuesta que los hombres hemos ido dando a Dios. En la Biblia, pues, encontramos esta Palabra que Dios, que a lo largo de la historia, ha comunicado a la humanidad.
1.2 La Revelación de Dios en el Antiguo Testamento
a. La finalidad del AT. - el período anterior a Jesús -fue preparar la venida de Jesucristo, salvador de toda la humanidad. Esta preparación Dios la llevó a cabo junto con su pueblo elegido de muchas formas: a través de promesas, alianzas, profecías, imágenes, acontecimientos, etc., de esta manera el pueblo, poco a poco, fue experimentando la cercanía de Dios que se revelaba en su historia y que le iba manifestando la futura salvación - total, definitiva y universal - con el advenimiento del reino mesiánico. Así podemos afirmar que el tiempo del AT es el tiempo de la promesa, de la profecía y de la imagen, es decir, el tiempo de la preparación.
b. Dios, como ya señalamos, se fue revelando a través de obras y palabras íntimamente ligadas. Acontecimientos como la llamada de los patriarcas, la salida de Egipto, la conquista de la tierra, el destierro o exilio en Babilonia, iban revelando a un Dios ligado a nuestra historia, a un Dios que tomaba partido por el débil, que se mantenía fiel a sus promesas, que castigaba las fallas a la Alianza. Pero los acontecimientos eran interpretados a través de las palabras, fruto de una fe reflexionada constantemente.
En este punto los profetas ocupan un lugar clave como intérpretes de Dios: reciben su Palabra y la transmiten al pueblo en orden a que los hombres de su tiempo, se acerquen más al Señor y a sus herman@s, y vivan de acuerdo a las cláusulas de la Alianza. Iluminando los acontecimientos que el pueblo va viviendo, los profetas son personas enclavadas en el presente que dan a sus contemporáneos una respuesta de fe, ante los cuestionamientos que Dios les iba planteando en la misma historia.
c. Puesto que la Revelación es progresiva, en el AT encontraremos muchos elementos imperfectos y pasajeros que nos van manifestando la pedagogía divina, que nos lleva de la mano hasta Cristo Jesús. Por ejemplo, el juicio que se tiene sobre la enfermedad, la muerte, la pobreza, como castigo de Dios, va evolucionando en el mismo AT y encuentra un sentido totalmente diverso a la luz de Cristo.
1.3 La Revelación de Dios en el Nuevo Testamento.
a. Jesús, Palabra de Dios hecha carne (Jn. 1,14), vino a llevar a plenitud y perfección a la revelación iniciada en el AT. Por eso con Jesús termina el tiempo del AT, es decir, el tiempo de la preparación. Se da ahora ya la realización, el cumplimiento y la realidad (Cfr. Lc. 16,16). Ha llegado "la plenitud de los tiempos" (Gál. 4,4). Estamos ya en la nueva y definitiva Alianza. No hubo ni habrá una comunicación más extraordinaria que la llevada a cabo con la encarnación del Hijo de Dios, en quien se cumplen y se realizan todas las promesas del AT.
b. Esta revelación y salvación, Jesús la llevó a cabo a través de toda su persona: Con su presencia y manifestación, con sus palabras y obras, signos y milagros, y sobre todo con su muerte y gloriosa resurrección, con el envío del Espíritu de la verdad. En cada una de estas realidades enunciadas, podemos descubrir la revelación plena que Dios nos ha querido hacer. Por ejemplo sus parábolas del Reino, nos van manifestando la naturaleza del Reino de Dios; su actitud con los pecadores, nos revela la misericordia de nuestro Padre Dios; sus denuncias a los poderosos y su actitud hacia los marginados, nos manifiestan a un Dios que toma partido por el débil y explotado, etc.
c. Los Apóstoles, testigos de las palabras y obras de Jesús: transmitieron lo aprendido de su Maestro. Ellos, fieles a la misión recibida de Él y asistidos por el Espíritu Santo, anunciaron y comunicaron la salvación a todos los pueblos.
d. Esta revelación que es plena en Cristo Jesús y que está consignada en los libros del NT, no es comprendida plena y exhaustivamente por nosotros. Por eso, a través de los siglos, va creciendo su comprensión con la ayuda de todo el pueblo de Dios guiado por el Espíritu Santo: "La Iglesia camina a través de los siglos hacia la plenitud de la verdad, hasta que se cumpla en ella plenamente las palabras de Dios" (Dei Verbum DV. n. 8)Dios nos sigue hablando hoy
2.1 La Palabra en la Biblia.
Hemos visto cómo Dios se fue revelando paulatinamente, y cómo su revelación ha quedado consignada por escrito en los libros de la Biblia. Pero la Biblia no es un mensaje del pasado, sino que es una palabra viva y eficaz, más cortante que espada alguna de dos filos (Hebr. 4,12-13). Aunque fue escrita hace mucho tiempo, sin embargo su mensaje sigue siendo válido en nuestro tiempo ya que contiene la Palabra viva de Dios. Por eso Dios sigue conversando hoy con su Esposa amada la Iglesia (DV n.8). Por eso también cuando en la Iglesia se lee la Sagrada Escritura, es Cristo mismo quien nos habla. El se hace presente en su Palabra (Sacrosanctum Concilium SC n. 7).
2.2 La palabra en los acontecimientos.
Dios nos habla también a través de los acontecimientos de nuestra vida personal (alegrías, penas, enfermedades, éxitos, etc.), y de nuestra vida colectiva (campañas de alfabetización, aumento de salarios y de precios, guerras, desempleo, etc.) y a través de los fenómenos de la naturaleza que afectan a la humanidad (terremotos, sequías, lluvia necesaria, etc.). Todos estos acontecimientos son palabra interpelante de Dios, palabra que exige una respuesta nuestra. Muchos de ellos no son voluntad de Dios, pues son contrarios a su plan de salvación, o son parte de nuestra limitación y fragilidad, pero siempre son una palabra divina que nos pide una respuesta concreta. Por ejemplo, las injusticias en sus múltiples manifestaciones como son: el hambre, el desempleo y subempleo, la violación de los derechos humanos, la reciente brecha entre ricos y pobres, etc. no son voluntad de Dios, pues son contarios a su plan de salvación -que todos seamos herman@s-, pero sí son Palabra de Dios, en cuanto nos interpelan a no permanecer indiferentes y pasivos ante ellas, sino a denunciarlas y a luchar contra la raíz y las manifestaciones de esas injusticias. La enfermedad, la muerte, etc., son parte de nuestra fragilidad y limitación, pero su proceso se acelera por unas estructuras injustas: falta de nutrición, vivienda, descanso, recursos sanitarios adecuados, etc. son palabra de Dios en cuanto nos interpelan a luchar por la vida, por la dignidad humana, a enfrentarnos a esas situaciones, a quitar los procesos que aceleran la enfermedad y la muerte, etc. en una palabra, todos los acontecimientos, positivos y negativos, leídos a la luz del Evangelio, nos dejan un mensaje interpelante de Dios. Es la Palabra de Dios en los signos de los tiempos (Cfr. Mt. 16, 1-4; Lc. 12, 54-56)
2.3 La palabra en el hermano.
Dios también nos comunica su mensaje a través de nuestros semejantes. Aun cuando este aspecto de alguna forma está implícito en lo que hemos señalado anteriormente, preferimos ahora explicitarlo por razón de su importancia. Las palabras, las actitudes, las carencias, la vida entera de nuestros hermanos, es una auténtica palabra del Señor, cuando sabemos discernirla a la luz del Evangelio, y somos capaces de salir de nuestro egoísmo para ir al encuentro del hermano, sobre todo el más necesitado e indefenso (Mt 25, 31-46; Lc. 10, 29-37). "Se los aseguro: cada vez que lo hicieron con uno de estos hermanos míos tan pequeños, lo hicieron conmigo" (Mt. 25,40).
2.4 La interrelación de estas palabras.
La palabra escrita en la Biblia, la palabra acontecida en la vida diaria y la palabra presente en el hermano, se interrelacionan mutuamente. La Biblia nos hace cuestionarnos nuestra vida: nuestros valores, nuestros criterios de juicio, nuestras actitudes, nuestra sociedad, nuestras estructuras económicas, ideológicas, políticas, etc. y a su vez los acontecimientos y los hermanos nos llevan a descubrir el mensaje que Dios, a la luz de la Biblia nos transmita a través de ellos. "La evangelización, no sería completa si no tuviera en cuenta la interpelación recíproca que en el curso de los tiempos se establece entre el Evangelio y la vida concreta, personal y social del hombre. Precisamente por esto la evangelización, lleva consigo un mensaje explícito, adaptado a las diversas situaciones y constantemente actualizado, sobre los derechos y deberes de toda persona humana, sobre la vida familiar sin la cual apenas es posible el progreso personal, sobre la vida comunitaria de la sociedad, sobre la vida internacional, la paz, la justicia, el desarrollo; un mensaje especialmente vigoroso en nuestros días, sobre la liberación" (Evangelii Nuntiandi EN n. 29).
Diversas actitudes ante la Palabra de Dios
Cuando alguien le habla a otra persona, siempre espera que se le preste atención, que se le escuche y que luego se le responda. Así sucede con Dios que nos habla. Espera nuestra respuesta de fe que abarca la totalidad de nuestras dimensiones y aspectos personales y comunitarios. Solo así se instaura el verdadero diálogo de salvación. La Palabra de Dios, escrita y acontecida, no nos puede dejar neutrales e indiferentes: la aceptamos o la rechazamos.Teniendo en cuenta esto podemos examinar las diversas actitudes que tomamos ante la Palabra de Dios.
No atender a la voz de Dios, como el pueblo que no quiso escuchar la voz de los profetas (Jer. 7, 23-28).
Escuchar la Palabra de Dios, pero no cumplir lo que allí se nos pide, como la gente que acudía en tropel a Ezequiel por simple curiosidad, lo escuchaban, pero no ponían en práctica el mensaje de Dios (Ez. 33, 30-33), o como el hijo que dice "sí" a su padre, pero luego no cumple con su palabra (Mt. 21, 28-32).
Escuchar la Palabra y ponerla en práctica, como el hombre que edifica sobre buenos cimientos (Lc. 6, 47-49), o como María que es la Madre de Jesús, no solo porque lo engendró a la vida, sino principalmente porque escucha y pone en práctica la Palabra de Dios (Lc. 8, 19-21; 11, 27-28). Quien actúa así está difundiendo también la Palabra del Señor como lo realizaron los tesalonicenses con su ejemplo de acogida de esa palabra (1Tes. 1, 6-10; 2,13), o como lo hicieron los apóstoles quienes con gran libertad y valentía predicaron la Palabra del Señor (Hch. 4, 18-20. 29-31).
Importancia de la Biblia
Los tres pasos anteriores nos han llevado a descubrir la importancia que tiene el conocer la Biblia para que podamos escuchar, poner en práctica y difundir la Palabra Divina. Así surgirá un verdadero diálogo entre Dios y nosotros. Así seremos capaces de descubrir en los acontecimientos, leídos a la luz del Evangelio, lo que Dios nos quiere comunicar. Por eso la Iglesia recomienda vivamente la lectura de la Biblia (DV 21. 25-26)."La Iglesia siempre ha venerado la Sagrada Escritura, como lo ha hecho con el Cuerpo de Cristo, pues, sobre todo en la sagrada liturgia, nunca ha cesado de tomar y repartir a sus fieles el Pan de Vida que ofrece la mesa de la Palabra de Dios y del cuerpo de Cristo" (DV n. 21)."Desconocer la Escritura es desconocer a Cristo" (San Jerónimo, citado en DV n. 25)."Cristo está presente en su palabra, pues cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura, es El quien habla" (SC n. 7).
REFLEXIONES:
1. ¿Por qué es importante la Biblia para nuestra vida?
2. ¿Qué enseñanza nos deja el modo como Dios se fue revelando a través de la historia?
3. ¿Qué implica para nosotros el hecho que Dios se sigue comunicando en nuestra propia vida y en nuestra historia personal y comunitaria?Ç
4. ¿En qué hechos o situaciones concretas de hoy en día descubrimos que no escuchamos la voz de Dios, más aún, que la hacemos a un lado?
5. ¿Qué podemos hacer para no sólo escuchar la Palabra de Dios, sino también para ponerla en práctica y difundirla entre nuestros herman@s?
ACTIVIDADES EN CASA
Preguntas:
¿Cómo entró Dios en contacto con el hombre y con qué finalidad?
¿Cuál es el sentido de la revelación en el Antiguo Testamento.¿Cómo se reveló Jesús?
¿En qué sentido todo acontecimiento es Palabra de Dios, pero no necesariamente voluntad suya?
¿En qué sentido Dios nos habla a través de los hermanos?
¿Qué actitudes se dan ante la Palabra de Dios?
sábado, diciembre 01, 2007
MARIA EN EL ADVIENTO

"Al abrazar con todo el corazón y sin entorpecimiento de pecado alguno la voluntad salvífica de Dios, se consagró totalmente como esclava del Señor a la persona y a la obra de su Hijo, sirviendo con diligencia al misterio de la redención con él y bajo él, con la gracia de Dios Omnipotente" (LG 53 y 56).
A través de todo el adviento sentimos la presencia de la Virgen María.
Permanece discretamente en el segundo plano, pero su influencia lo invade todo. Su función en la ejecución del plan de Dios es importantísima, pero esta subordinada completamente a la misión de su divino Hijo.
La escena de la anunciación ocupa de manera casi constante el pensamiento de la Iglesia durante el adviento. Aparece con toda claridad la incomparable importancia de María en el plan de la Salvación. Según la tradición católica, el fiat de María, su "sí" rotundo al papel que Dios pensó para ella, tuvo importancia decisiva a la hora de realizarse el plan de Dios para salvar a la humanidad.
"Al abrazar con todo el corazón y sin entorpecimiento de pecado alguno la voluntad salvífica de Dios, se consagró totalmente como esclava del Señor a la persona y a la obra de su Hijo, sirviendo con diligencia al misterio de la redención con él y bajo él, con la gracia de Dios Omnipotente" (LG 53 y 56).
En la liturgia revivimos la escena de la anunciación, escuchamos el diálogo entre el ángel y la Virgen, vivimos el suspenso de aquel momento que precede a la palabra de consentimiento. Fue un momento de decisión que llamamos a veces el "momento de la verdad".
Se hace una opción, y a partir de ese momento la vida toma un curso nuevo. Ponemos en marcha una serie de acontecimientos que afectan no sólo a nuestro destino, sino también al de otros.
La Virgen María no dudó. Simplemente pidió una explicación: "¿Cómo puede suceder eso?". No había tiempo para pensar las cosas con profundidad. No era posible prever todas las consecuencias de su decisión. En realidad, la perspectiva debió de haber sido pavorosa, e hizo lo único que podía en aquellas circunstancias: hizo un acto de fe y dijo sí a la propuesta de Dios.
Su respuesta no solo fue pronta y sin reservas, sino gozosa. Ella respondió con gozo a la buena nueva que le llevó el ángel. Ella aceptó el don divino a favor de todos nosotros; y la humanidad asintió en ella a su salvación.
Para San Irineo, la obediencia de la Virgen remedió la desobediencia de Eva, y así aquélla se convirtió en la nueva Eva y en la abogada de aquella que había sido engañada por la serpiente. San Agustín decía que la Virgen María concibió al Hijo de Dios en su mente y en su corazón antes de concebirlo en su cuerpo.
María está presente a lo largo de todo el adviento. Ella posee el secreto de este tiempo. Adviento es el tiempo de la esperanza, y nosotros invocamos a Nuestra Señora como Mater Spei, o Spes Nostra Salve. Ella es la esperanza de la Iglesia y de cada uno de sus miembros. En su estado actual de gloria, unida perfectamente en cuerpo y alma con el Señor, vemos a qué alturas estamos llamados también nosotros.
"En ella la Iglesia admira y ensalza el fruto más espléndido de la redención y la contempla gozosamente como una purísima imagen de los que ella misma, toda entra, ansía y espera" SC 103.
Siguiendo el modelo de María, "Mujer de esperanza que supo acoger, como Abraham, la voluntad de Dios, esperando contra toda esperanza" (TMA 48), se invita a los fieles a prepararse a salir al encuentro del Salvador que viene.
"Los fieles que viven con la liturgia el espíritu del Adviento, al considerar el inefable amor con que la Virgen Madre esperó al Hijo, se sentirán animados a tomarla como modelo y a prepararse, "velando en oración y cantando en alabanza para salir al encuentro del Salvador que viene" (Pablo VI, Marialis Cultus, 3-4).

Al celebrar la Iglesia el Adviento, te invita a meditar en la venida del Señor. Esta venida se nos presenta en tres dimensiones:
Adviento Histórico.
Es la espera en que vivieron los pueblos que ansiaban la venida del Salvador. Va desde Adán hasta la encarnación, abarca todo el Antiguo Testamento. Escuchar en las lecturas a los Profetas, nos deja una enseñanza importante para preparar los corazones a la llegada del Señor. Acercarse a esta historia es identificarse con aquellos hombres que deseaban con vehemencia la llegada del Mesías y la liberación que esperaban de él.
Adviento Místico.
Es la preparación moral del hombre de hoy a la venida del Señor. Es un Adviento actual. Es tiempo propicio para la evangelización y la oración que dispone al hombre, como persona, y a la comunidad humana, como sociedad, a aceptar la salvación que viene del Señor. Jesús es el Señor que viene constantemente al hombre. Es necesario que el hombre se percate de esta realidad, para estar con el corazón abierto, listo para que entre el Señor. El Adviento, entendido así, es de suma actualidad e importancia.
Adviento Escatológico.
Es la preparación a la llegada definitiva del Señor, al final de los tiempos, cuando vendrá para coronar definitivamente su obra redentora, dando a cada uno según sus obras. La Iglesia invita al hombre a no esperar este tiempo con temor y angustia, sino con la esperanza de que, cuando esto ocurra, será para la felicidad eterna del hombre que aceptó a Jesús como su salvador.
Esta celebración manifiesta cómo todo el tiempo gira alrededor de Cristo, el mismo ayer, hoy y siempre; Cristo el Señor del tiempo y de la Historia.
Esta celebración manifiesta cómo todo el tiempo gira alrededor de Cristo, el mismo ayer, hoy y siempre; Cristo el Señor del tiempo y de la Historia.
Esquema del adviento:
Inicia con las vísperas del domingo más cercano al 30 de Noviembre y termina antes de las vísperas de la Navidad. Los domingos de este tiempo se llaman 1°, 2°, 3° y 4° de Adviento. Los días del 16 al 24 de diciembre (la Novena de Navidad) tienden a preparar más específicamente las fiestas de la Navidad.
El color de los ornamentos del altar y la vestidura del sacerdote es el morado, igual que en Cuaresma, que simboliza austeridad y penitencia. Son cuatro los temas que se presentan durante el Adviento:
I Domingo, la vigilancia en espera de la venida del Señor.
El color de los ornamentos del altar y la vestidura del sacerdote es el morado, igual que en Cuaresma, que simboliza austeridad y penitencia. Son cuatro los temas que se presentan durante el Adviento:
I Domingo, la vigilancia en espera de la venida del Señor.
Durante esta primer semana las lecturas bíblicas y la predicación son una invitación con las palabras del Evangelio: "Velen y estén preparados, que no saben cuándo llegará el momento".
Es importante que, como familia nos hagamos un propósito que nos permita avanzar en el camino hacia la Navidad; ¿qué te parece si nos proponemos revisar nuestras relaciones familiares? Como resultado deberemos buscar el perdón de quienes hemos ofendido y darlo a quienes nos hayan ofendido para comenzar el Adviento viviendo en un ambiente de armonía y amor familiar. Desde luego, esto deberá ser extensivo también a los demás grupos de personas con los que nos relacionamos diariamente, como la escuela, el trabajo, los vecinos, etc. Esta semana, en familia al igual que en cada comunidad parroquial, encenderemos la primer vela de la Corona de Adviento, color morada, como signo de vigilancia y deseos de conversión.
Es importante que, como familia nos hagamos un propósito que nos permita avanzar en el camino hacia la Navidad; ¿qué te parece si nos proponemos revisar nuestras relaciones familiares? Como resultado deberemos buscar el perdón de quienes hemos ofendido y darlo a quienes nos hayan ofendido para comenzar el Adviento viviendo en un ambiente de armonía y amor familiar. Desde luego, esto deberá ser extensivo también a los demás grupos de personas con los que nos relacionamos diariamente, como la escuela, el trabajo, los vecinos, etc. Esta semana, en familia al igual que en cada comunidad parroquial, encenderemos la primer vela de la Corona de Adviento, color morada, como signo de vigilancia y deseos de conversión.
II Domingo, la conversión, nota predominante de la predicación de Juan Bautista.
Durante la segunda semana, la liturgia nos invita a reflexionar con la exhortación del profeta Juan Bautista: "Preparen el camino, Jesús llega" y, ¿qué mejor manera de prepararlo que buscando ahora la reconciliación con Dios? En la semana anterior nos reconciliamos con las personas que nos rodean; como siguiente paso, la Iglesia nos invita a acudir al Sacramento de la Reconciliación (Confesión) que nos devuelve la amistad con Dios que habíamos perdido por el pecado. Encenderemos la segunda vela morada de la Corona de Adviento, como signo del proceso de conversión que estamos viviendo.
Durante esta semana puedes buscar en los diferentes templos que tienes cerca, los horarios de confesiones disponibles, para que cuando llegue la Navidad, estés bien preparado interiormente, uniéndote a Jesús y a los hermanos en la Eucaristía.
III Domingo, el testimonio, que María, la Madre del Señor, vive, sirviendo y ayudando al prójimo.
Coincide este domingo con la celebración de la Virgen de Guadalupe, y precisamente la liturgia de Adviento nos invita a recordar la figura de María, que se prepara para ser la Madre de Jesús y que además está dispuesta a ayudar y servir a quien la necesita. El evangelio nos relata la visita de la Virgen a su prima Isabel y nos invita a repetir como ella: "Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme?.
Sabemos que María está siempre acompañando a sus hijos en la Iglesia, por lo que nos disponemos a vivir esta tercer semana de Adviento, meditando acerca del papel que la Virgen María desempeñó. Te proponemos que fomentes la devoción a María, rezando el Rosario en familia, uno de los elementos de las tradicionales posadas, que inician el próximo día 16. Encendemos como signo de espera gozosa, la tercer vela, color rosa, de la Corona de Adviento.
IV Domingo, el anuncio del nacimiento de Jesús hecho a José y a María.
Sabemos que María está siempre acompañando a sus hijos en la Iglesia, por lo que nos disponemos a vivir esta tercer semana de Adviento, meditando acerca del papel que la Virgen María desempeñó. Te proponemos que fomentes la devoción a María, rezando el Rosario en familia, uno de los elementos de las tradicionales posadas, que inician el próximo día 16. Encendemos como signo de espera gozosa, la tercer vela, color rosa, de la Corona de Adviento.
IV Domingo, el anuncio del nacimiento de Jesús hecho a José y a María.
Las lecturas bíblicas y la predicación, dirigen su mirada a la disposición de la Virgen María, ante el anuncio del nacimiento de su Hijo y nos invitan a "Aprender de María y aceptar a Cristo que es la Luz del Mundo". Como ya está tan próxima la Navidad, nos hemos reconciliado con Dios y con nuestros hermanos; ahora nos queda solamente esperar la gran fiesta. Como familia debemos vivir la armonía, la fraternidad y la alegría que esta cercana celebración representa. Todos los preparativos para la fiesta debieran vivirse en este ambiente, con el firme propósito de aceptar a Jesús en los corazones, las familias y las comunidades. Encendemos la cuarta vela color morada, de la Corona de Adviento.
Corona de Adviento:
Origen.
La Corona de Adviento con sus cuatro velas es un símbolo tradicional de Alemania difundido por todo el mundo. Representaba el ruego para que el dios-sol regresara con su luz y calor durante el invierno. Los cristianos luteranos, al ver en Jesucristo el origen de la vida y luz espiritual, adoptaron este símbolo para expresar y vivir su fe en torno a la persona del Mesías.
Significado.
Significado.
El círculo de follaje verde, recuerda la eternidad de Dios y nos hace pensar en los miles de años de espera del Mesías, desde Adán hasta su nacimiento y, en la actual espera de la segunda venido de Cristo. El color verde significa la esperanza de la vida.Las cuatro velas que se colocan alrededor, significan la luz que disipan las tinieblas del pecado, son tres de color morado, que hablan del deseo de conversión y una rosa que habla de la alegría vivida con María, por la inminente llegada de Jesús.La vela blanca del centro es la Luz de Jesús que con su nacimiento, viene a iluminar definitivamente la vida del hombre.
Celebración.
Es una costumbre que reúne a la familia, pues es allí en donde se sugiere la celebración. La familia unida hace una oración en torno a la corona, con alguna meditación alusiva a las lecturas dominicales; se enciende una vela cada semana cantando algo que hable de la espera del Salvador.
La noche del 24 de diciembre con las cuatro velas encendidas, se enciende por último la vela blanca cantando villancicos y se "acuesta al niño Jesús" en el nacimiento, como de costumbre, desde luego después de haber leído el Evangelio del relato del Nacimiento en Belén y de haber hecho una reflexión y oración todos juntos. Generalmente en los templos se reparten hojas con oraciones sugeridas para esta celebración.
Nuestra preparación:
Nuestra preparación no tiene que ser sólo litúrgica, sino también espiritual y moral. Llama a la conversión del corazón y a la renovación de vida.
El tiempo de Adviento no es un tiempo de penitencia al estilo de la cuaresma, que busca la conversión por el hecho de conocer el sacrificio de Jesús por nosotros en la cruz. El Adviento es el tiempo favorable para emprender un cambio del corazón y para dar un nuevo y decisivo paso en nuestro caminar espiritual, es conversión como preparación por la espera de Jesús.
La figura de San Juan Bautista destaca de manera especial en adviento. Es un compañero ideal, austero y gozoso a la vez. Su vida fue penitente en grado sumo, pero no resuena en ella nota alguna de tristeza. Como heraldo y precursor del Señor, se regocijo al escuchar la voz de Jesús. Este es el único capaz de sacarnos de nuestra propia complacencia. "¡Arrepentíos, el reino de los cielos está cerca!", gritaba.
La venida espiritual
En Cristo, el Hijo eterno, Dios ha aparecido entre nosotros en forma humana. E intenta entrar en lo más íntimo de nuestras vidas, a fin de compartir su vida con nosotros. Él está a la puerta y llama, pero jamás forzará la entrada. La puerta que da acceso a nuestros corazones sólo puede ser abierta desde dentro.
Fue San Bernardo quien conectó esta venida espiritual de Cristo con el Adviento. En sus sermones para este tiempo habla de tres venidas de Nuestro Señor: su venida que tuvo lugar ya en el nacimiento, su futura venida en la gloria y su venida espiritual, que pertenece al presente. De esta última dice: "Esta venida intermedia es como la senda por la que pasa de la primera a la última: en la primera, Cristo fue nuestra redención; en la última, aparecerá como nuestra vida; en ésta es nuestro descanso y nuestro consuelo".
Dos venidas entrelazadas
En Navidad celebramos la venida en un momento concreto. Esto no plantea una dificultad especial. Pero hay otra perspectiva, la del futuro, la del retorno de Cristo en gloria al final de los tiempos. Y aquí pude asaltarnos la dificultad. ¿Cómo hay que armonizar estos diversos aspectos?
Tal vez nos sorprenda y nos preguntemos por la conexión existente entre la venida de Cristo que aconteció hace más de dos mil años y su retorno futuro, en una fecha conocida sólo por el Padre.Pero si reflexionamos, descubrimos que estas dos "venidas" están relacionadas entre sí y se complementan recíprocamente. Se las puede ver como dos fases o aspectos del único misterio de salvación.
Los padres de la Iglesia, fieles a la Escritura, no disociaron estas dos venidas, sino que las consideraron conjuntamente y hablaron de ellas sin separar una de la otra. San Cirilo de Jerusalén decía: "Anunciamos la venida de Cristo, pero no una sola -dice-, sino también una segunda, mucho más magnífica que la anterior". Y continúa con la contraposición de estas dos venidas: "En la primera venida fue envuelto con pajas en el pesebre; en la segunda se revestirá de luz como vestidura. En la primera soportó la cruz, sin mido a la ignominia; en la otra vendrá glorificado y escoltado por un ejército de ángeles".
El término mismo "adviento" admite una doble significación. Puede significar tanto una venida que ha tenido ya lugar como otra que es esperada aún: presencia y espera. En el Nuevo Testamento, la palabra griega equivalente es "parousia", que puede traducirse por venida o llegada, pero que se refiere más frecuentemente a la segunda venida de Cristo, al día del Señor.
No podemos proyectarnos a los tiempos del AT, como si esperásemos todavía un Mesías y un salvador. La prolongada noche de la espera ha pasado ya. Nos encontramos en la plenitud de los tiempos. La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Es Emmanuel, "Dios con nosotros". Pero a pesar de todo esto, la Iglesia continua aguardando y esperando. Ella espera y ansía la plenitud de la venida de Cristo. El mundo ha sido redimido, pero la historia de la redención continúa. Y continuará hasta que Cristo, el Señor, termine su tarea. El reino de Dios no ha sido establecido aún de manera plena, y la obra de extender el reino de Cristo en la tierra tiene que continuar.
El tiempo de Adviento no es un tiempo de penitencia al estilo de la cuaresma, que busca la conversión por el hecho de conocer el sacrificio de Jesús por nosotros en la cruz. El Adviento es el tiempo favorable para emprender un cambio del corazón y para dar un nuevo y decisivo paso en nuestro caminar espiritual, es conversión como preparación por la espera de Jesús.
La figura de San Juan Bautista destaca de manera especial en adviento. Es un compañero ideal, austero y gozoso a la vez. Su vida fue penitente en grado sumo, pero no resuena en ella nota alguna de tristeza. Como heraldo y precursor del Señor, se regocijo al escuchar la voz de Jesús. Este es el único capaz de sacarnos de nuestra propia complacencia. "¡Arrepentíos, el reino de los cielos está cerca!", gritaba.
La venida espiritual
En Cristo, el Hijo eterno, Dios ha aparecido entre nosotros en forma humana. E intenta entrar en lo más íntimo de nuestras vidas, a fin de compartir su vida con nosotros. Él está a la puerta y llama, pero jamás forzará la entrada. La puerta que da acceso a nuestros corazones sólo puede ser abierta desde dentro.
Fue San Bernardo quien conectó esta venida espiritual de Cristo con el Adviento. En sus sermones para este tiempo habla de tres venidas de Nuestro Señor: su venida que tuvo lugar ya en el nacimiento, su futura venida en la gloria y su venida espiritual, que pertenece al presente. De esta última dice: "Esta venida intermedia es como la senda por la que pasa de la primera a la última: en la primera, Cristo fue nuestra redención; en la última, aparecerá como nuestra vida; en ésta es nuestro descanso y nuestro consuelo".
Dos venidas entrelazadas
En Navidad celebramos la venida en un momento concreto. Esto no plantea una dificultad especial. Pero hay otra perspectiva, la del futuro, la del retorno de Cristo en gloria al final de los tiempos. Y aquí pude asaltarnos la dificultad. ¿Cómo hay que armonizar estos diversos aspectos?
Tal vez nos sorprenda y nos preguntemos por la conexión existente entre la venida de Cristo que aconteció hace más de dos mil años y su retorno futuro, en una fecha conocida sólo por el Padre.Pero si reflexionamos, descubrimos que estas dos "venidas" están relacionadas entre sí y se complementan recíprocamente. Se las puede ver como dos fases o aspectos del único misterio de salvación.
Los padres de la Iglesia, fieles a la Escritura, no disociaron estas dos venidas, sino que las consideraron conjuntamente y hablaron de ellas sin separar una de la otra. San Cirilo de Jerusalén decía: "Anunciamos la venida de Cristo, pero no una sola -dice-, sino también una segunda, mucho más magnífica que la anterior". Y continúa con la contraposición de estas dos venidas: "En la primera venida fue envuelto con pajas en el pesebre; en la segunda se revestirá de luz como vestidura. En la primera soportó la cruz, sin mido a la ignominia; en la otra vendrá glorificado y escoltado por un ejército de ángeles".
El término mismo "adviento" admite una doble significación. Puede significar tanto una venida que ha tenido ya lugar como otra que es esperada aún: presencia y espera. En el Nuevo Testamento, la palabra griega equivalente es "parousia", que puede traducirse por venida o llegada, pero que se refiere más frecuentemente a la segunda venida de Cristo, al día del Señor.
No podemos proyectarnos a los tiempos del AT, como si esperásemos todavía un Mesías y un salvador. La prolongada noche de la espera ha pasado ya. Nos encontramos en la plenitud de los tiempos. La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Es Emmanuel, "Dios con nosotros". Pero a pesar de todo esto, la Iglesia continua aguardando y esperando. Ella espera y ansía la plenitud de la venida de Cristo. El mundo ha sido redimido, pero la historia de la redención continúa. Y continuará hasta que Cristo, el Señor, termine su tarea. El reino de Dios no ha sido establecido aún de manera plena, y la obra de extender el reino de Cristo en la tierra tiene que continuar.
Tiempo de esperanza
La Iglesia es más consciente de que su esperanza descansa en el futuro. Ella mira hacia delante, hacia la restauración de todas las cosas en Cristo, a unos nuevos cielos y una nueva tierra. Sólo entonces alcanzará ella su perfección plena.
Ciertamente, es muy difícil practicar la esperanza en los tiempos que vivimos. Muchísimas son las cosas que militan en su contra: las críticas y ataques a la fe, los valores morales en declive, el materialismo, la secularización se vienen a la alza. Hablando humanamente, hay poquísimos motivos para la esperanza; pro la esperanza cristiana no se basa en meras consideraciones humanas, sino en la bondad y el poder de Dios.
Como pueblo de Dios, tenemos que poner lo que está de nuestra parte para la construcción de un mundo mejor y para preparar un camino al Señor. Ambas tareas son inseparables.
"Vigilar y orar"
La vigilancia es una virtud importante, pero bastante descuidada.
Ciertamente, es muy difícil practicar la esperanza en los tiempos que vivimos. Muchísimas son las cosas que militan en su contra: las críticas y ataques a la fe, los valores morales en declive, el materialismo, la secularización se vienen a la alza. Hablando humanamente, hay poquísimos motivos para la esperanza; pro la esperanza cristiana no se basa en meras consideraciones humanas, sino en la bondad y el poder de Dios.
Como pueblo de Dios, tenemos que poner lo que está de nuestra parte para la construcción de un mundo mejor y para preparar un camino al Señor. Ambas tareas son inseparables.
"Vigilar y orar"
La vigilancia es una virtud importante, pero bastante descuidada.
Vigilar significa vivir en el pensamiento de la segunda venida de Cristo. Debería ser una actitud de mente constante, que gobernará toda nuestra conducta. Una virtud para todo momento, pero especialmente apropiada durante el Adviento.
Si estamos dispuestos y preparados en todo momento para servir a nuestros prójimos y a Dios, entonces estamos practicando la vigilancia; estamos al acecho de Cristo.
Esta actitud de vigilancia no es algo ansiosa, sino paciente y pacífica; pero es, al mismo tiempo, una postura de alerta."Somos más fuertes cuando esperamos que cuando poseemos. Cuando poseemos a Dios (o creemos poseerlo), lo reducimos a aquella pequeña cosa que conocemos y captamos de él, y lo convertimos en un ídolo... pero si sabemos que no le conocemos y si esperamos que él se nos dé a conocer, entonces somos captados, conocidos y poseídos por Él" Paul Tilich
Esta actitud de vigilancia no es algo ansiosa, sino paciente y pacífica; pero es, al mismo tiempo, una postura de alerta."Somos más fuertes cuando esperamos que cuando poseemos. Cuando poseemos a Dios (o creemos poseerlo), lo reducimos a aquella pequeña cosa que conocemos y captamos de él, y lo convertimos en un ídolo... pero si sabemos que no le conocemos y si esperamos que él se nos dé a conocer, entonces somos captados, conocidos y poseídos por Él" Paul Tilich
EL ADVIENTO

Como cada año, por estas fechas (fines de noviembre), comenzamos a recordar los sucesos más importantes del plan de salvación de Dios para el hombre y, claro está que el primero de ellos es el Nacimiento de Jesucristo: la hermosa fiesta de Navidad.
La redención del hombre se debe a la muerte y Resurrección de Jesús, es decir a la Pascua, pero es lógico celebrar el inicio de esa gran manifestación del amor de Dios, o sea, su venida al mundo, "Adviento".
Navidad y Adviento no son fiestas independientes.
La redención del hombre se debe a la muerte y Resurrección de Jesús, es decir a la Pascua, pero es lógico celebrar el inicio de esa gran manifestación del amor de Dios, o sea, su venida al mundo, "Adviento".
Navidad y Adviento no son fiestas independientes.
El Adviento nació como tiempo de preparación para celebrar la fiesta de la Navidad, igual que la Cuaresma respecto a la Pascua.

Pesebres criollos
En estas fechas, el nacimiento de Jesús se evoca creativamente
Nochebuena también es sinónimo de pesebres, incluidos los artesanales, protagonistas de una puesta al día en varias muestras que se pueden visitar en Buenos Aires y el interior, con innovaciones tanto en materiales como en versiones libres que suman cada vez más aires criollos. En la Manzana de las Luces, hasta pasado mañana, la Hermandad del Santo Pesebre realiza su exposición anual número 33, con 86 representaciones de la noche de Belén. Yeso, madera, arcilla, masa de sal y arena, tela encolada, alambre o simple pintura dan forma a particulares visiones de Jesús, José y María aportadas por profesoras de manualidades, catequistas, artesanos, artistas consagrados y otros cultores del género. La Sociedad de San José presenta ahí (Perú 272, de 18 a 20.30) el pesebre tejido durante este año por las alumnas del Taller Hogar Luis M. Saavedra, que son señoras de 65 a 80 años. Y el Hogar de Niños en Riesgo Sagrada Familia de Del Viso muestra uno de los tantos que se ven por las vidrieras de Belgrano, de figuras grandes de tela pintadas de dorado, comercializadas con éxito por 40 pesos. "Hay ocho seleccionados en el primer concurso que organizamos de pesebres con identidad argentina. El público puede votar su favorito", comenta Mónica de la Rúa de Perren, presidenta de la Hermandad del Santo Pesebre, que este año celebra sus bodas de oro. Esta entidad organiza habitualmente concursos, dicta talleres, realiza investigaciones y edita una publicación anual, Retablo, todo referido al pesebrismo, como se denomina este arte. Ejemplo de esa convocatoria es, por ejemplo, una imagen pintada de un pesebre correntino. También hay uno isleño, de Ramón Casco, donde las tres figuras del Nacimiento andan en bote y llevan en cestos de mimbre ciruelas y limones, frutas típicas de Tigre. El de Esther Rodríguez se remonta a los pueblos originarios, y los Reyes Magos pertenecen a diferentes tribus. De igual reminiscencia es el de la artesana Mabel Mineo, de Olavarría, que colgó la cuna del techo de una toldería, visitada por avestruces. Elsa Veronelli es autora de Membirá Jesús, una escena en la que sacerdotes jesuitas presentan al Niño Jesús a los aborígenes de una reducción, y los brujos de la tribu se presentan a adorarlo. En muy pequeña escala Victoria Elizabeth Rodríguez trabaja en plata con iconografía norteña y detalles en telar. Otro se inspira en la Puna andina y hasta los ángeles visten poncho. En la entrada del edificio Santa María de Oro, de la Universidad Católica Argentina, la hermandad instaló un diorama, que es un pesebre mucho más elaborado, que ocupa dos mesas. Conforma junto con otros 35 nacimientos la III Exposición de Pesebres, pertenecientes a colecciones privadas de la Argentina, Paraguay, Indonesia y otros países, preservados por vidrios o en vitrinas debido a su gran valor. En la basílica de Nuestra Señora de la Merced (Reconquista 269) se multiplica también con creatividad la escena navideña. Otra muestra tradicional es Pesebres del mundo , donde se exhibe la colección del Fondo Pesebres de Paulinas. Permanece abierta hasta el 6 enero, de 9 a 21, en el Centro de Museos de Buenos Aries, Avda. de los Italianos 851 (entrada general, 3 pesos). María Paula Zacharías En todo el país Las exhibiciones se repiten en otras provincias. En San Salvador de Jujuy, hasta el 6 de enero, se exhibe una muestra de pesebres con piezas únicas. Es en el convento de San Francisco, en Belgrano y Lavalle. La Hermandad y la Universidad Católica de Santa Fe armaron el suyo en el Centro Cultural Municipal (Cortada Falucho 2450). La Municipalidad y el Museo y Archivo Histórico de Sunchales, en la misma provincia, organizaron una muestra con árboles de Navidad antiguos.
En estas fechas, el nacimiento de Jesús se evoca creativamente
Nochebuena también es sinónimo de pesebres, incluidos los artesanales, protagonistas de una puesta al día en varias muestras que se pueden visitar en Buenos Aires y el interior, con innovaciones tanto en materiales como en versiones libres que suman cada vez más aires criollos. En la Manzana de las Luces, hasta pasado mañana, la Hermandad del Santo Pesebre realiza su exposición anual número 33, con 86 representaciones de la noche de Belén. Yeso, madera, arcilla, masa de sal y arena, tela encolada, alambre o simple pintura dan forma a particulares visiones de Jesús, José y María aportadas por profesoras de manualidades, catequistas, artesanos, artistas consagrados y otros cultores del género. La Sociedad de San José presenta ahí (Perú 272, de 18 a 20.30) el pesebre tejido durante este año por las alumnas del Taller Hogar Luis M. Saavedra, que son señoras de 65 a 80 años. Y el Hogar de Niños en Riesgo Sagrada Familia de Del Viso muestra uno de los tantos que se ven por las vidrieras de Belgrano, de figuras grandes de tela pintadas de dorado, comercializadas con éxito por 40 pesos. "Hay ocho seleccionados en el primer concurso que organizamos de pesebres con identidad argentina. El público puede votar su favorito", comenta Mónica de la Rúa de Perren, presidenta de la Hermandad del Santo Pesebre, que este año celebra sus bodas de oro. Esta entidad organiza habitualmente concursos, dicta talleres, realiza investigaciones y edita una publicación anual, Retablo, todo referido al pesebrismo, como se denomina este arte. Ejemplo de esa convocatoria es, por ejemplo, una imagen pintada de un pesebre correntino. También hay uno isleño, de Ramón Casco, donde las tres figuras del Nacimiento andan en bote y llevan en cestos de mimbre ciruelas y limones, frutas típicas de Tigre. El de Esther Rodríguez se remonta a los pueblos originarios, y los Reyes Magos pertenecen a diferentes tribus. De igual reminiscencia es el de la artesana Mabel Mineo, de Olavarría, que colgó la cuna del techo de una toldería, visitada por avestruces. Elsa Veronelli es autora de Membirá Jesús, una escena en la que sacerdotes jesuitas presentan al Niño Jesús a los aborígenes de una reducción, y los brujos de la tribu se presentan a adorarlo. En muy pequeña escala Victoria Elizabeth Rodríguez trabaja en plata con iconografía norteña y detalles en telar. Otro se inspira en la Puna andina y hasta los ángeles visten poncho. En la entrada del edificio Santa María de Oro, de la Universidad Católica Argentina, la hermandad instaló un diorama, que es un pesebre mucho más elaborado, que ocupa dos mesas. Conforma junto con otros 35 nacimientos la III Exposición de Pesebres, pertenecientes a colecciones privadas de la Argentina, Paraguay, Indonesia y otros países, preservados por vidrios o en vitrinas debido a su gran valor. En la basílica de Nuestra Señora de la Merced (Reconquista 269) se multiplica también con creatividad la escena navideña. Otra muestra tradicional es Pesebres del mundo , donde se exhibe la colección del Fondo Pesebres de Paulinas. Permanece abierta hasta el 6 enero, de 9 a 21, en el Centro de Museos de Buenos Aries, Avda. de los Italianos 851 (entrada general, 3 pesos). María Paula Zacharías En todo el país Las exhibiciones se repiten en otras provincias. En San Salvador de Jujuy, hasta el 6 de enero, se exhibe una muestra de pesebres con piezas únicas. Es en el convento de San Francisco, en Belgrano y Lavalle. La Hermandad y la Universidad Católica de Santa Fe armaron el suyo en el Centro Cultural Municipal (Cortada Falucho 2450). La Municipalidad y el Museo y Archivo Histórico de Sunchales, en la misma provincia, organizaron una muestra con árboles de Navidad antiguos.
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